Real Valladolid

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De Sabas al Pibe

El Huracán, con Gonzalo Gonzalo (portero) y Teodoro Rodríguez (de pie, segundo por la dcha.).
El Huracán, con Gonzalo Gonzalo (portero) y Teodoro Rodríguez (de pie, segundo por la dcha.). / El Norte
  • la línea divisoria

Afinales de los años cuarenta, y en el espacio comprendido entre las plazas del Rosarillo y San Miguel y la calle de San Blas, nace el CD Huracán. Allí residen las familias Gonzalo Rodríguez, recién llegados de Padilla de Duero, y Rodríguez Marqués; los primeros ocupan vivienda en la calle de San Blas, y los segundos, en la plaza del Rosarillo. Y un hijo de cada una, Gonzalo y Teodoro, inician una amistad que continuará a lo largo de toda la vida. Porque estamos hablando de Gonzalo Gonzalo Rodríguez (Padilla de Duero, 25-10-1934) y Teodoro Rodríguez Marqués (Nava del Rey, 19-11-1931), a los que el Colegio Marista de la calle Torrecilla, que compartían, unió en sus aulas. Allí fueron dando forma a ese proyecto de club que desembocó en el Huracán.

Los tres hermanos Gonzalo, Eliseo, Carlos y Gonzalo, junto a Teodoro Rodríguez, Jesús Santo Tomás y Roberto Arranz Bustamante, hasta diez en total, lo ponen en marcha. Categoría juvenil para empezar, dos pesetas de cuota mensual y treinta socios son el capital fundacional. No se necesita más, ya que las ganas multiplican por un millón todo aquello. Y en ese Huracán jugaban Teodoro y Gonzalo, que ocupaba la portería. Y como aquello de parar se le daba francamente bien, la Selección Oeste lo incorpora, junto a César y Chao, para integrar un equipo que sucumbe en el Campo de la Federación por 0-3 frente a la potente Selección Gallega, en la que destaca un chaval fino y estiloso que mueve el balón como los propios ángeles, y que atiende por el nombre de Luisito Suárez. En el partido de vuelta, celebrado en La Coruña, Gonzalo le para un penalti al gallego y este le felicita por su intervención. Así pues, eliminados, pero éxito para el club, que aportaba nada menos que tres jugadores… ¡y el acierto del portero!

En ese Huracán destacaba un chaval, José María Villafáfila, al que el Real Valladolid incorporó a sus filas, y Helenio Herrera, entrenador por entonces, lo cedió al Rayo Vallecano para formarse. Lamentablemente, una grave enfermedad se lo llevó en un cortísimo espacio de tiempo.

La vida futbolística de Gonzalo empieza y termina en el Huracán. Con tan solo 22 años, contrae matrimonio con Angelines, su novia de siempre, y se despide como jugador para desarrollar tareas de directivo del club, pero sobre todo para dedicarse a los negocios. Trabaja en el negocio familiar de lámparas y está a punto de crear la firma Gamo. En mente, planes de expansión por toda Europa, incluida la del Este y la URSS de entonces, donde casi ningún empresario español operaba comercialmente, que le absorben todo su tiempo.

El paréntesis de actividad deportiva dura más de una década, hasta que vuelve a comprometerse con Martín Calabaza, patrocinándole su equipo de baloncesto, que pasa a denominarse Castilla Gamo, y de paso le salva de una desaparición más que segura. Estamos en la década de los setenta, no existe aún la ACB y se llega a Segunda División nacional. El patrocinio desemboca en presidencia y el 31 de agosto de 1976 se funda oficialmente el Valladolid Club de Baloncesto.

Nuevamente con Teodoro como fiel escudero (los amigos del alma son así), da el salto a la presidencia del equipo de baloncesto. Es la primera directiva, en la que Rafael Viloria ocupa la vicepresidencia, Teodoro es el tesorero, y Javier Fernández, el secretario general; junto a ellos, Juan Codina, Joan Pages, Fidel Sanz y Germán Iglesias, como vocales. Se monta la pista de la Feria de Muestras para poder jugar en la categoría y comienza el despegue del deporte de la canasta en nuestra ciudad. Son los tiempos de Moncho Monsalve y Pedro Zorrozúa, como técnicos, y la de los Puente, Seara, Beiran, Feñe y Morty, como cinco inicial y casi definitivo.

Creada la ACB en 1983, la temporada 1983-1984 trae un nuevo patrocinador al baloncesto de nuestra ciudad: el Fórum Filatélico Financiero. Durará 20 años y se convertirá en el esponsor más antiguo de todos los habidos. De ahí en adelante, es la historia de un club que crece deportivamente y juega en el nuevo pabellón Pisuerga desde 1985; en el que Mario Pesquera imparte magisterio como entrenador y que tiene un presidente que cada año plantea nuevos retos porque no se conforma con ser de los de la mitad.

En baloncesto, las plantillas son cortas y una estrella de primera magnitud cambia la dinámica de un equipo. Los americanos igualan por abajo a los equipos, pero es preciso algo o alguien que ayude a dar el salto de calidad que se necesita para estar entre los grandes en España y peleando en Europa. Y a ello se entregan Gonzalo y su gente.

Llega Sabonis

Estamos en la temporada 1989/1990 y el baloncesto vallisoletano abre los telediarios con un notición: «Sabonis, el formidable pívot lituano, ficha por el Fórum Filatélico de Valladolid». Un emocionado Gonzalo Gonzalo lo contaba en el propio telediario de la noche, al tiempo que explicaba la forma en la que se había realizado la operación. Con él llega su compatriota Valdemaras Homicius y el entrenador Javier Casero, junto al jugador Miguel Juane, procedentes del OAR de Ferrol. El Fórum, a través de Fernández Prada, pagaba el importe de la ficha del pívot y la casa Victoria de perfumes sacaba al mercado la línea de productos ‘Triple de Sabonis’ como oportunidad de negocio. La antológica operación estaba hecha.

Fueron tres temporadas, de 1989 a 1992, las que Arvidas Sabonis, el gran ‘Sabas’, estuvo en Valladolid. Y lo hizo junto a un equipo plagado de grandes jugadores surgidos de las categorías inferiores –Reyes, Bustos, el queridísimo Lalo García, Bento, Odriozola, Gustavo de Teresa–, y de figuras de primer nivel como Mike Schlegel, Fede Ramiro o el mismísimo Juan Antonio Corbalán, que permaneció un año en el club tras llevar dos de retiro.

Como lo de Sabas y Homicius había resultado un éxito, se recurrió a Valery Tikhonenko, sustituyendo a Homicius, y se abrió el mercado ruso en Pucela. Gonzalo tenía buena relación con Alexander Gomelsky –seleccionador soviético y pájaro de cuenta en los negocios– y el ruso facilitaba las cosas.

Aún se recuerdan en Valladolid aquellos espectaculares duelos nacionales e internacionales. Por un lado, el Real Madrid ya no era el coco para el Fórum y el lituano empezaba a convertirse en una pesadilla para los blancos, que veían en él la solución a sus males; y del lado europeo, el pabellón Pisuerga presenció por primera y única vez, hasta el momento, una semifinal de la Korac. Los italianos de Cantú, los griegos del Iraklis o los israelíes del Hapoel mordieron el polvo y vieron primeros de grupo a los nuestros. Y el Zadar de la antigua Yugoslavia cayó en cuartos. La semifinal frente al Messaggero de Roma, que contaba con Dino Radja, Ricky Mahorn o Roberto Premier, nos apeó de la competición tras unos épicos encuentros y en un pabellón Pisuerga lleno a rebosar.

En la primavera de 1990, José Luis Parra y José Miguel Ortega, dos grandes del periodismo deportivo vallisoletano, le sugieren tomar las riendas del Real Valladolid a nuestro personaje, mientras comían en el Mesón Cervantes junto a Teodoro. Miguel Ángel Pérez dejaba la presidencia del club y se abría periodo electoral. Gonzalo, que tenía al equipo de baloncesto en el candelero nacional, fue un poco más allá y empezó a gestar la idea de unir el baloncesto y el futbol en un solo club. La ACB no lo permitía, pero Teodoro, que ya había presidido interinamente el club en otras dos ocasiones, bien podría hacerlo por tercera vez mientras «se arreglaban los papeles». El modelo de la canasta estaba triunfando de manera plena a orillas del Pisuerga, y la idea de fusionarlos en un gran club que representase a la ciudad era algo muy atractivo. Tanto que el próximo día se lo explico con detalle.