Real Valladolid

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De Sabas al Pibe (y II)

'El Pibe' Valderrada
'El Pibe' Valderrada / El Norte
  • la línea divisoria

Una vez terminado el mandato de Miguel Ángel Pérez Herranz, se abre un periodo electoral al que Gonzalo concurre al frente de una candidatura en la que figuraban Andrés Martín, como vicepresidente, y Luis Real, Juan Codina, Eduardo López, César Lomas, Ramón Criado y Félix Rivera. La otra candidatura la presidía Deliciano Rueda y apostaba por Fernando Redondo, como hombre de confianza en el aspecto técnico.

Ganadas de forma clara las elecciones, Gonzalo presenta a Francisco ‘el Pacho’ Maturana como entrenador del equipo. El colombiano acababa de causar sensación con su selección en el Mundial de Italia 90, y con su equipo, el Atlético Nacional de Medellín, al que había hecho campeón de la Copa Libertadores, el equivalente a la Copa de Europa de Clubes –actual ‘Champions League’–, y subcampeón del mundo al perder en la prórroga con el Milán de Sacchi en la Intercontinental de Tokio.

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En ese equipo figuraban el portero René Higuita y el volante Leonel Álvarez, futuros jugadores blanquivioletas y protagonistas directos del famoso ‘achique de espacios’, como se denominaba a la presión en campo rival, y de la nueva filosofía del ‘arquero libre’, en la cual el portero era un jugador de campo más que manejaba el balón con el pie en lugares hasta ese momento desconocidos. La carta de presentación del nuevo míster, al que acompañaba Diego Barragán como preparador físico, no podía ser mejor y, por tanto, la afición se decantó de manera definitiva por Gonzalo en las elecciones. Y eso que en un último y desesperado esfuerzo Rueda contactó con Maturana para ofrecerle el puesto. El colombiano, elegantemente, declinó su oferta y mantuvo la palabra dada a Gonzalo. Junto a un servidor, que ocupaba la secretaría técnica, el grupo de trabajo estaba terminado. De forma simultánea, Teodoro Rodríguez, siempre en su papel de hombre imprescindible, siempre en la sombra, manejaba con su habitual maestría los hilos del Fórum.

Costó bastante esfuerzo confeccionar una plantilla estable a lo largo del verano. Las fechas electorales habían hecho perder mucho tiempo, pero la llegada de Alexi Stival ‘Cuca’ y Luiz Eduardo Quadros Lima, jugadores provenientes de Gremio de Porto Alegre, en sustitución de un Peña recién traspasado al Zaragoza –con cuyo dinero se solventó, según aparecía en la contabilidad del club, el fichaje de Walter Lozano–, hacía renacer la ilusión en el aficionado. Junto al berciano habían abandonado el club Miljus y Jankovic, los dos yugoslavos, así como Albis y Walter Lozano, que marchó cedido al Lleida.

Fue un verano atípico, en el que los fichajes y las cesiones incluidas paliaron el gasto de cien millones de pesetas al cambio, un millón de dólares americanos, como rezaba el contrato, por el traspaso de los jugadores brasileños. A ellos se unieron Eduardo Vílchez, en calidad de cedido por el Real Madrid, así como Pachi y César Gómez, traspasados por el Castilla, junto a Aguirretchu, del Athletic. Volvió Onésimo, tras su paso por Cádiz y Barcelona, y junto a César Sánchez y Ángel Mata fueron la aportación de una cantera que con ellos sumaba nueve en plantilla. Eran otras épocas.

El trabajo del Pacho fue célebre, tanto como su ‘zona’ y el trabajo de ‘la línea de cuatro’. Algo tan novedoso que suscitó que uno de los asistentes de Sachhi, Fabio Capello, estuviese durante un mes en Zorrilla viendo jugar a los colombianos y tomando buena nota. Lo mismo que Juan Manuel Lillo y otro grupo de técnicos que no perdían detalle del trabajo que a diario realizaba. Sin embargo, el equipo tardó, como es lógico, en asimilar el sistema. Y, de igual manera lógico, la gente se empezó a poner nerviosa. Habían transcurrido seis jornadas y aún no se había ganado un partido. Los detractores saltaron a la palestra y empezaron a pintar bastos en contra del sistema. Hasta que llega a Zorrilla el Mallorca.

El tranquilizador efecto del gol, repetido hasta en cinco ocasiones aquella jornada, y administrado por Cuca y Alberto –por partida doble– y Gabi Moya, abrió una racha positiva que enderezó el rumbo, calmó los ánimos y desembocó en una trayectoria más que positiva que culminó en un noveno puesto al final de la competición. El cambio de Cuca, que no acababa de adaptarse, por Leonel Álvarez dotó al equipo de la entidad que demandaba Maturana en el centro del campo y le proporcionó un valor añadido decisivo.

En aquel equipo empezaban a destacar sobremanera algunos jugadores a los que técnico y sistema habían revalorizado. Tan es así que Moya, Caminero y Fonseca, que posteriormente serían traspasados de forma millonaria, empezaron a ser objeto de deseo de los grandes. Gonzalo, conocedor de la situación, se adelantó y renovó a los tres en una operación decisiva para la economía del club. Los dos primeros acabaron en unos meses en el Atlético de Madrid, y Goyo, en el Espanyol, junto con Santi Cuesta.

Mientras tanto, la economía se resentía y al club le urgía vender. La fallida operación de la venta de Caminero al Real Madrid, tasada en unos 400 millones de pesetas y de cuya negociación y acuerdo fui testigo directo en la famosa reunión de la A-6, fue el inicio del declive. Con las ventas de Caminero y Moya, el club se hubiese embolsado cerca de 600 millones de pesetas de los de entonces, y el giro que hubiera experimentado la entidad habría sido impredecible.

Decepcionado Gonzalo con la negativa de Mendoza a respetar el acuerdo, mandó al club los ejemplares sin firmar y se quedó con los firmados, y muy tocado Maturana por la misma forma de proceder con él, tras haber llegado a un acuerdo para entrenar a los merengues, empezó la Liga 1991/1992 con un salto hacia adelante que apostaba por un todo o nada. La llegada del mejor jugador de América de 1987, ídolo caribeño y referente de la selección de Colombia, Carlos ‘el Pibe’ Valderrama, junto al cancerbero René Higuita y la permanencia de Leonel Álvarez terminaron por conformar el ‘año de los colombianos’. El devenir de aquella campaña, con el desenlace final del descenso y la venta de los tres a mitad de temporada, es de sobra conocida.

El último servicio de Gonzalo fue el caballeroso gesto de dar el paso necesario a un lado para que un nuevo equipo de gestión tomase las riendas del club, tras un sincero apretón de manos con Andrés Martín. Su sueño de fusionar ambos deportes se difuminaba, al tiempo que la presencia de todas las figuras del básquet, con Sabonis a la cabeza, y las estrellas del fútbol, con ‘el Pibe’ Valderrama y Caminero como máximos exponentes, dejaban el regusto amargo de aquello que bien pudo ser y no fue.