Real Valladolid

pUERTA 17

Cal y arena

El empate del pasado domingo fue un mal menor en un partido que se debió ganar, pero que se pudo perder también en los últimos minutos. En esto del fútbol, los goles suelen cambiar los partidos y de la ocasión errada por Roger pasamos rápidamente del posible 0-2, que habría cerrado casi con total seguridad el partido, al autogol que propició el 1-1. De ahí que, justo cuando aparecieron los nervios, echara más de menos a Álvaro Rubio y no entendiera el cambio de Óscar, líder deportivo del equipo y el único al que los nervios no suelen atenazar.

Por otro lado, creo que con permiso de Leão, la inclusión de Rueda como ocho del equipo sí dotó al equipo de recorrido, equilibrio y orden. Y una pena que la sanción de Samuel para el domingo no nos permitirá ver, salvo imprevisto, si el canterano tendrá continuidad en su posición natural.

Lo que sí llama poderosamente la atención en este equipo es que el jugador más en forma parezca Roger, que ha estado seis meses de baja por una lesión, y ya hasta Hernán Pérez mostró en Las Palmas ciertos síntomas de fatiga que, unido al bajo momento de Mojica, dejan al equipo con pocas opciones de amplitud salvo incorporación de los laterales Peña y Chica, que tampoco andan precisamente pletóricos de chispa, y con la única profundidad de los desmarques de ruptura de Roger.

El equipo sigue con opciones de ocupar puesto de ascenso directo; le separan seis puntos a falta de veintiuno, y el Real Valladolid, jugando en Segunda División, no puede adoptar otro papel que no sea el de candidato al ascenso directo. Y quedar lejos de este objetivo debería ser calificado como decepción, que podría evitar el fracaso con un ascenso por medio de la promoción.

Lo que sí es un éxito a todas luces en esta campaña en el Pucela ha sido la temporada del Promesas, ya salvado matemáticamente a falta de tres jornadas por disputar, y que será recordada por no sufrir por el descenso en ningún momento de la temporada y por el juego desplegado en el sintético de los Anexos por el equipo de Rubén de la Barrera. Doble mérito si vemos las condiciones del ya obsoleto campo en el que entrena y juega el filial en la categoría de bronce. Independientemente de la categoría, el club debe valorar la temporada del segundo equipo en forma de apuesta y minutos.