Real Valladolid

puerta 17

Punto medio

Tras el partido del Leganés, no fue posible recortar diferencia de puntos con los rivales por el segundo puesto que otorga el ascenso directo, toda vez que el Real Betis parece ya con pie y medio en Primera, pero sí fue posible mejorar sensaciones y creer que hemos podido encontrar una senda que nos lleve a pelear por la segunda posición o, en caso contrario, ser el rival a batir en la promoción de ascenso. En caso de jugar la fatídica y temida promoción, el equipo deberá jugar dos partidos en casa y dos fuera de ella, si consigue superar la primera eliminatoria. Y aquí, uno no sabe si agarrarse a los buenos números en Zorrilla o rezar ante el mal rendimiento de los nuestros fuera de Pucela durante casi todo el campeonato, con las excepciones de Zaragoza, Mallorca o Santander.

No quiero caer tampoco en la insatisfacción por naturaleza de exigir juego cuando se consiguen los puntos o, por el contrario, denostar el juego cuando no se consigue relacionar con resultados. Además, soy creyente confeso de la relación entre el juego y los goles y, por ende, de los puntos y la clasificación. En el fútbol, por supuesto, hay ejemplos de lo contrario, pero me parece que estos casos obedecen más a esa parte del juego que pertenece al azar y a la pura dinámica del fútbol.

Por eso, pasadas 36 jornadas, la importancia del resultado y de la consecución del objetivo final adquiere mayor relieve que cualquier otro aspecto técnico y táctico. Por lo tanto, de aquí y hasta final de temporada, estamos obligados a sumar de tres en tres, el margen de error es mínimo y creo que la afición solo podemos adoptar una posición de confianza, empatía y apoyo al equipo mientras haya opciones de conseguir el ascenso.

El equipo no ha terminado de enganchar a la afición y se recuerdan más partidos regulares que buenos, pero también hay que ser justo, ya que el Real Valladolid siempre ha ocupado puestos de ascenso directo o de promoción. Y hay que seguir exigiendo a una plantilla que es más de lo mostrado hasta el momento, pero sin caer en un punto tal que se confunda la exigencia con la falta de apoyo. En ese punto medio estamos, o eso creo. Ese punto medio en el que no sabemos si dejarnos guiar por el corazón y creer en el posible ascenso, o mantenernos en la cordura y dejar que la cabeza nos pida prudencia.