Real Valladolid

puerta 17

Borrón y cuenta nueva

Se acabó la temporada 2014-15 y quizá lo más adecuado sería hablar de la crónica de una muerte anunciada. En los únicos momentos que un servidor ha podido creer en un posible ascenso ha sido cuando ha prevalecido el corazón sobre la cabeza, porque creo que el último partido fue un fiel reflejo de toda la temporada.

Ni un solo disparo a portería en el partido de vuelta, y una sensación de querer pero no haber sabido. No ha sido una cuestión de actitud y ganas, creo que las expulsiones y la sobreexcitación se corresponden con esa impotencia vivida de intentarlo hasta la extenuación pero no haber encontrado nunca, en clave táctica, una solución a los problemas que nos planteaban los rivales.

Ni un cambio de planteamiento, ni un cambio que remontase un partido y ni siquiera un partido ganado por la épica en los últimos minutos. Básicamente, porque el equipo y el entrenador daban la sensación de no terminar de creer el uno en el otro ni de tener un modelo de juego entrenado y aceptado. Es lo mínimo que se debe pedir a un equipo, máxime hablando de la élite, tener claridad sobre dónde y de qué forma encontraremos las ventajas durante el partido.

Es evidente que el entrenador no es el único culpable, pero sí responsable máximo de no haber cumplido el objetivo del ascenso. La falta de sintonía con la afición y el bajo nivel de juego del equipo solo eran soportados por unos resultados que han permitido pelear por el ascenso hasta el sábado pasado. Incluso la afición se tomó un respiro en sus exigencias y dio su apoyo incondicional durante los noventa minutos del partido de casa contra Las Palmas, pero creo que la continuidad de Rubi sería un mal comienzo para el nuevo proyecto deportivo y de cara a la campaña de abonados.

De nuevo, una campaña más en Segunda y a pesar de tener al filial a solo una categoría de distancia en una muy buena posición durante toda la temporada, no hemos utilizado a ningún jugador del filial ni siquiera en puestos que no tenían aparente recambio natural como los laterales y el nueve, hasta la llegada de Melo y Pereira. Ha habido debutantes, pero en minutos residuales o en partidos intrascendentes como contra la Llagostera o los de Copa del Rey.

Los constantes cambios en el once, no potenciar las individualidades del equipo y, finalmente, las sensaciones de ir de mal en peor durante la temporada han hecho imposible conseguir el ascenso esta temporada. En agosto volveremos a intentarlo, ¡Aúpa Pucela!