Real Valladolid

REal Valladolid

Brotes verdes

Lo malo de entrar en dinámicas negativas es que, si no se pone empeño suficiente para virar el rumbo, uno se acomoda hasta hacer de dicha dinámica una forma de vida. Le pasa al equipo, que entre amarguras y sinsabores lleva dos años en caída libre tratando de enderezar un camino con la dificultad de luchar contra otros veintiuno que persiguen los mismos objetivos y soportando el peso de la historia de un club, a sabiendas de que un nuevo fracaso pondría en riesgo la propia subsistencia como entidad. Y le pasa a esa parte del entorno que, de oficio, tiene encendidas las luces de alarma y que, pleno de énfasis, cabalga sobre un perenne ‘sostenella y no enmendalla’ que niega el beneficio de la duda a la nueva plantilla y cuerpo técnico e impide analizar con mesura las circunstancias que le han sobrevenido al equipo en el inicio del campeonato. Una histeria que, recién iniciado el campeonato, se asemeja más a la de aquella pasajera de ‘Aterriza como puedas’, con su séquito dispuesto a sacarla a base de zarandeos de su estado de ‘shock’, que a algo real por lo que debiéramos preocuparnos.

Nadie puede ponerse una venda en los ojos y negar que el declive en el que ha entrado el Real Valladolid en los últimos tiempos, similar a la de la gran depresión del 29, no afecta al ánimo de toda la gran familia que forma el pucelanismo. Por decirlo a la moda, de la misma manera que la crisis económica solo será parte del pasado cuando el dinero alcance a todos los bolsillos de todos los ciudadanos, el Real Valladolid solo habrá salido de su enésimo agujero negro cuando ascienda a Primera División. Sin embargo, todo aquello no está reñido con el reconocimiento de que se avista base suficiente, brotes verdes, sobre los que sujetar la recuperación del país o del equipo.

En estos días un poco convulsos a nivel nacional recordaba aquellas palabras del canciller Otto von Bismarck que decían que España es el país más fuerte del mundo porque lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido. El criterio esnob de aquel que está eternamente insatisfecho contiene, en versión blanquivioleta, el germen de nuestra propia autodestrucción. Mi duda recae en si el Real Valladolid es la entidad más fuerte del mundo, o acabará devorada por sus propios hijos.