Real Valladolid

a banda cambiada

Persecuciones

El domingo, tras uno de los arbitrajes más escandalosos que se recuerdan a orillas del Pisuerga, el sentimiento general entre la gran familia blanquivioleta era el de persecución por parte del colectivo arbitral al Real Valladolid, provocado por la excesiva exposición pública de Carlos Suárez al lado del presidente de la Liga de Fútbol Profesional en los contenciosos que esta tiene con la RFEF.

Debo reconocer que a mí lo único que me viene a la cabeza cuando escucho la palabra persecución es cualquier escena de los Blues Brothers camino de Chicago: el depósito lleno, medio paquete de cigarrillos, gafas de sol y toda la policía del estado de Illinois detrás, haciendo sonar las sirenas de sus coche patrulla. Al resto de persecuciones y demás teorías conspiratorias del imaginario colectivo las incluyo dentro del ejercicio lógico del derecho –tan tradicional y arraigado que debería aparecer en la Constitución– al pataleo. Pensar, si quiera por un segundo, que los malos arbitrajes sufridos por el equipo en los últimos partidos tienen que ver con el posicionamiento de Suárez con Javier Tebas, vendría a dar pábulo a todos aquellos que piensan que el presidente de la Federación Española de Fútbol aconseja a sus colegiados, llamémoslo así, sobre cómo tratar a determinados equipos. O, dicho de otra manera, se estaría admitiendo y, lo que es peor, aceptando una adulteración de la competición por parte de Ángel María Villar que, salvo prueba en contrario, no se sostiene de ninguna manera.

Pero no. A veces se nos olvida la división en la que jugamos. La segunda no trajo consigo solo un descenso de categoría. Trajo además un descenso en el número de aficionados en las gradas, un descenso en la calidad de los jugadores que conforman la plantilla y un descenso en el talento y la capacidad para dirigir el partido por parte de los trencillas encargados de ello. Unos colegiados que, incomprensiblemente en un deporte tan profesionalizado como el fútbol, no han hecho del arbitraje un empleo al que dedicarse en exclusiva para conseguir una mejora continua.

Ajustarnos las gafas oscuras y, mientras suena a todo volumen ‘Sweet Home Chicago’ cantada por los hermanos Jake y Elwood J. Blues, observar por el retrovisor cómo nos siguen los otros veintiún equipos de la categoría. Esa es la única persecución que debe preocupar al Real Valladolid y sus aficionados. Sería deseable que llegara antes de que acabe la película.