Real Valladolid

lejos del área

De la rabia a la esperanza

Hay quien dice que en la vida, como en el fútbol, influye mucho el estado de ánimo con el que se afrontan los retos. Una palabra sincera, una llamada o un simple buen gesto pueden alegrar el día a cualquiera y cambiar la manera de pensar de una persona. Quizás por eso el deporte nos guste tanto, porque desata nuestras pasiones y sentimientos; nos hace pasar del llanto a la esperanza tras una jugada o un gol. Si fuéramos psicólogos deportivos sería muy interesante analizar el torrente de emociones por el que ha pasado el Real Valladolid en los últimos siete días. El equipo hundido y cabizbajo, que apenas transmite ni dentro ni fuera del campo, pasó en menos de una semana a elaborar una gran jugada de toque que acaba en un precioso tanto e incluso se atreve a posar victorioso, sonriente y unido en el vestuario. Por el camino ha habido una pequeña gran revolución en la que Garitano, quizás menos culpable de lo que algunos señalaban, ha sido el principal damnificado. No obstante, prácticamente todos los estamentos del Pucela han sufrido un desgaste en esta intensa semana, desde el presidente hasta el director deportivo, pasando por algunos miembros de la plantilla. Me atrevería a decir también que parte de la afición se ha enfrentado estos días y ha sufrido cierta pérdida de ilusión, buscando culpables y enzarzándose en debates poco productivos. Todos los que amamos al Pucela podemos, y debemos, criticar a nuestro equipo ante una mala situación; lo que, a mi juicio, sobra son la saña y las ganas de hacer sangre que algunos han demostrado. Ante esta situación de pesimismo y enfrentamiento llegaba Portugal, con la intención de que no viéramos más a ese equipo «mustio» que tantos quebraderos de cabeza nos había dado. El míster, cosa que me encanta, vino acompañado del ex entrenador del Promesas y de Javi Baraja, dos hombres que conocen la casa, cercanos al vestuario. Así, de uñas y con la mosca detrás de la oreja, afrontamos el primer partido con nuevo técnico. Pese a que han persistido los errores defensivos, el buen inicio del Pucela ante el Mirandés ha hecho que, al menos en mi caso, nos volvamos a ilusionar; pasando, como decía, de la rabia a la esperanza en una semana caótica. Hay margen de mejora. Pasada la pesadilla, nos hemos levantado de la cama, aunque todavía quede mucho trabajo para llegar a Portugal.