Real Valladolid

La navaja de Ockham

Guillermo de Ockham fue un fraile franciscano, que vivió entre los siglos XIII y XIV, que elaboró un principio metodológico que se ha conocido como ‘La navaja de Ockham’. En resumen este principio viene a decir que «en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». Fray Guillermo no calculó la implicación que esta teoría iba a tener en el futuro, en el mundo del fútbol. No se le ocurrió que, por ejemplo, la afición de un equipo de fútbol setecientos años después iba a estar debatiendo sobre si unos jugadores le han hecho la cama a un entrenador o no.

La explicación más sencilla suele ser la más probable. O sea, a cambio de entrenador victoria segura. Al saliente le han hecho la cama, pero cambiándole hasta las sábanas. Y ya está.

Creo que es muy pronto para valorar esas cosas. Solo hemos jugado un partido y no creo que sea justo valorar el cambio. Es verdad que vimos cómo, por ejemplo, el equipo salió con otro ímpetu y que vimos a futbolistas jugar como si se hubiesen quitado una mochila de diez kilos.

Pero es peligroso e injusto hablar de hacer la cama. Peligroso, porque solo hemos visto una reacción en un partido, que hay que mantener en el tiempo. E injusto, porque aunque dicha reacción se haga sostenible en el tiempo estamos juzgando sobre las intenciones de un grupo. Es posible que el equipo fuese una piña con el entrenador y solo fallase algún aspecto táctico, técnico o anímico. O los tres.

El otro día recordaba cómo el Real Valladolid de Benítez estaba último y a ocho puntos de la salvación cuando llegó Cantatore y sin embargo nos salvamos virtualmente la penúltima jornada. Nadie que recuerde aquellos partidos podría hablar de falta de implicación, pero es un hecho que con el cambio de entrenador la situación dio un giro de ciento ochenta grados. Solo hizo falta que alguien diese con la tecla, que en aquel momento fue jugar con una defensa de cinco. Otro punto de vista, nada más.

Solo ha sido un partido y no hemos hecho nada. Esto hay que consolidarlo y no pensar que con la reacción del pasado domingo va a estar todo hecho, que no es la primera vez que un equipo reacciona con un cambio de entrenador y esa reacción dura no más de cinco partidos.

La explicación más sencilla suele ser la más probable. Probablemente solo estuviésemos haciendo algo mal que ahora vamos a empezar a hacer bien.