Real Valladolid

lejos del área

El creyente

El sábado, después de varias semanas sin hacerlo, regreso a Valladolid y lo primero que haré será acudir al José Zorrilla con mi familia. Desgraciadamente no lo haré porque el equipo esté desplegando un gran juego, pero sí por todo lo que supone el Pucela para nosotros: un motivo de reunión, de pasar dos horas juntos recordando épocas mejores y de apoyar al equipo de nuestra tierra, esa ciudad de la que muchos tuvimos que alejarnos, sobre todo por temas laborales. Visitar el templo vallisoletano siempre que puedo es casi un acto litúrgico, un chute que recarga mis pilas pucelanas durante varias semanas más. Realmente necesito, necesitamos, que este equipo ofrezca ante el Leganés una buena imagen que renueve nuestra fe.

Y es que, parecía que con Portugal el Pucela mejoraría e incluso en el primer partido ofreció buenos detalles como el primer tanto, pero, en Almería, el equipo volvió a mostrar una alarmante irregularidad, combinando buenos momentos con minutos de tedio y desorden.

Ahora mismo, Mojica define muy bien lo que somos: un equipo con calidad, con chispazos, pero también capaz de perderse en el partido y que no acaba de encontrar la regularidad. Mención aparte merece la mala racha fuera de casa. En este sentido, me gustaría que alguien ofreciera la estadística de cuántos partidos hemos ganado lejos de Zorrilla en los últimos años, un fiel reflejo de en lo que nos hemos convertido: perdiendo, semana sí, semana no, en campos otrora asequibles para los blanquivioleta.

Pese a todo, espero el partido del próximo sábado con gran ilusión para repetir todos los rituales (coger la bufanda, comprar pipas, caminata y charla hasta el estadio…) y comprobar en vivo de lo que somos capaces.

El encuentro ante el Leganés, a nivel personal, será pues un punto de inflexión que despeje las dudas acerca de lo que quiere y puede ser mi equipo en esta Liga. El Valladolid vuelve con su nuevo entrenador a Zorrilla a tres puntos del playoff y del descenso; Portugal ya habrá tenido la semana completa para presentar a la parroquia su idea de juego y decidir si podemos optar a algo más que a realizar penitencia en mitad de tabla. A falta de juego, habrá que poner la otra mejilla, tirar de fidelidad, cariño y tradición para volver a Zorrilla. Una vez más, negaremos lo evidente y acudiremos al estadio, parafraseando al gran Loquillo, «guiados por la fuerza del creyente».