Real Valladolid

a banda cambiada

Ya lo dije yo

Tan intenso fue el silencio que se podría haber escuchado. Justo un segundo después del gol de Mojica el ánimo se encogió y los aficionados se trocaron mudos como si se encontraran en un cementerio. En Almería desde luego, pero también entre una parte de los que se dicen fieles del Real Valladolid a los que se les cayó la careta en el preciso instante en el que el balón golpeado por el colombiano tocaba la red. Habían olido sangre con el gol almeriense, se relamían. No disimulaban su satisfacción de poder gritar a los cuatro vientos virtuales de las redes sociales que el Real Valladolid, como le ocurre a España en estos días inciertos, se rompía otra vez. De nuevo, aquellos que prefieren tener razón a la victoria del equipo podían pavonearse anunciando las diez plagas de Egipto en blanco y violeta como el vidente aconsejaba a Julio César que se cuidara de los idus de marzo. «Ya dije yo que no ganaban al colista». «Ya dije yo que más de lo mismo». «Ya dije yo».

Sin embargo el zapatazo de Mojica, que tras reventar el larguero besó las mallas para subir el empate al marcador, tuvo efecto de coitus interruptus, de obligarse a volver a poner el tapón a la botella de champán, de no tener nada que celebrar. Por primera vez desde que tengo uso de razón descubrí la paradójica convivencia entre aficionados fastidiados porque el equipo no había ganado con otros igualmente molestos porque el Real Valladolid no había perdido. La emoción, digna de tratado de psicología, de llamarse seguidor de un equipo y, al mismo tiempo, desear su derrota.

Quizá a Suárez le falte talento y suerte para saber reconstruir sobre las ruinas de este club una entidad sólida que tenga la seguridad de saber que contemplará el paso de los siglos. Puede que Miguel Ángel Portugal no sea la versión blanquivioleta del mítico Red Auerbach con el que Boston Celtics se convirtió en el equipo más legendario de la NBA. Y esta plantilla esta lejos de tener la valentía y determinación que presentaban los diez mil soldados de Jenofonte adentrándose en el imperio persa, pero no dudo de ninguno de ellos. Todos, desde la cúspide hasta el último de los empleados, quieren lo mejor para el Real Valladolid. Sin embargo, a día de hoy, no se puede decir lo mismo de muchos aficionados. Es así de triste.