Real Valladolid

la línea divisoria

El primer internacional del Arces (y II)

La temporada 1958-1959 fue prolífica en acontecimientos para el equipo pucelano en general y para José Antonio Cantero en particular. Se incorporaba de manera definitiva al primer equipo de nuestra ciudad tras dejar atrás una extraordinaria trayectoria en el CD Arces así como sus credenciales como subcampeón de Europa con la Selección Juvenil Española. El futuro mas inmediato no podía pintar mejor, pues.

Al llegar al vestuario se encuentra con que Benegas, Calvo y Arbe ya tenían percha propia y que lo suya iba para cuarto portero. «Yo era muy joven y no iba a desanimarme a las primeras de cambio, aunque ya me di cuenta que aquello iba a estar difícil, porque aunque se había retirado José Luis y se había marchado Mambrilla, quedaba aún mucha competencia».

En enero de ese 1958 José Luis Saso había colgado las botas apresuradamente y se había hecho cargo de la dirección del equipo tras el cese de Rafael Yunta Navarro, mas conocido por Rafa, y se había traído con él a Giovanni Battista Mova, un entrenador de atletismo italiano que ejercía como responsable técnico del equipo de atletismo del Colegio de San José. Yo le conocí bien: con su pelo blanco, sus gafas claras, enjuto como un chopo y con una serena autoridad no entrenada, imponía a unos chavales que seguíamos a pies juntillas sus instrucciones.

El Colegio ganó, sus trofeos aún expuestos así lo atestiguan, dos Campeonatos Escolares Nacionales, que eran algo así como ganar la Copa de Europa de entonces pero en entidades escolares de todo el país. Con ese bagaje y la vinculación de José Luis al colegio, la captación del preparador italiano para el Real Valladolid fue inmediata. De esa forma, el Real Valladolid hacía historia al incorporar un preparador físico específico, proveniente del mundo del atletismo de élite, a su primer equipo profesional.

Con un equipo joven, muy joven, y con ilustre veteranos como Román Matito, Paco Lesmes o el mismísimo Gerardo Coque, sin olvidarnos de Gallet, Pontoni, Simonet o Tini, lo cierto es que allí fueron a coincidir cinco chavales que harían historia ese mismo año formando una de las delanteras mas goleadoras, vistosas y completas con las que ha contado el Club a lo largo de su historia.

–Oye José Antonio, eran buenos Los Monaguillos, ¡eh!

–¡Formidables! Daba gusto verlos jugar, porque lo hacían de memoria.

Los Pereda, Ramírez, Morollón, Mirlo y Beascoechea eran una gozada futbolística sobre el verde del viejo Zorrilla. Eran la eficacia goleadora de Emilio Morollón y de Chus Pereda, el temple, la maestría y la clase elevada a la categoría de sublime de Carlos Ramírez, del que algún día, no desespero hacer la semblanza, el trabajo sobrio y eficaz de Mirlo y el desborde del extremo puro que protagonizaba Beascoechea. Marcaron 70 goles y el equipo ascendió a Primera División en esa temporada, tras endosarle un 5-0 al Tarrasa. Ese 2 de abril de 1959 Saso y Mova, junto al resto del equipo, dieron la vuelta olímpica al Zorrilla para festejar el ascenso.

–Fíjate bien, Javier, ni un punto perdido en casa a lo largo de toda la temporada, ni un punto sacado fuera a lo largo de toda la segunda vuelta.

–O sea, que las Ligas, José Antonio, donde se ganan es en casa, ¿no?

–Pues aquella temporada así fue.

–¿Y tú?

–Pues aquella fue mi única temporada en Segunda División con el Real Valladolid, ya que las otras tres las pasamos en Primera División.

–¿Y de jugar?

–Pues en mi trayectoria en el Club tan solo jugué ¡un partido oficial! Fue contra el Zaragoza. Ahora eso sí, ¡amistosos, todos!

–¿Quién os entrenaba?

–¿A nosotros?... –esboza una sonrisa y responde rápido…– A nosotros ¡nadie!

–¿Y eso?

–Mira, Javier, entonces no había entrenadores específicos de porteros como ahora. Entre nosotros nos arreglábamos. Lo que habíamos ido aprendiendo lo poníamos en práctica entre nosotros.

–¿Y para que el entrenador os viera cómo estabais?

–Los partidillos de los jueves y la sesiones de tiro a puerta, eran la oportunidad que le ofrecíamos al míster para que nos viera.

–¡Ya! Pero Saso como portero….

–Bastante tenía José Luis con dirigir el equipo. Saso siempre vio fenomenalmente el fútbol; preparaba muy bien los encuentros y sabía sacar un gran partido de todos los jugadores que tenía.

–¿Y Mova?

–Ese sí que fue una revolución auténtica. Recto como nadie. Empezó por organizarnos la alimentación y a cuidar las comidas de las concentraciones, con una dieta muy estricta que se llevaba a rajatabla. No se le escapaba un detalle.

–¿Y de la preparación?

–¡Puff! Empezamos a ver entrenamientos de resistencia y velocidad nunca vistos por su método y su intensidad.

–¿Y los veteranos no se quejaban?

–Allí no había lugar para la queja, porque todos nos dimos cuenta de que aquello era una revolución en el sistema de entrenamiento y porque ya desde la temporada anterior cuando empezó con José Luis en el equipo, todo fue bien.

–Y tú, ¿cómo lo llevabas?

–Pues en la temporada 1961-1962 entre voluntario en Aviación, en el Pinar, y el Valladolid se olvidó de mí. Así de claro. Y ante esta tesitura, me busqué la vida y un ‘permiso’ que me duró hasta la licencia definitiva. Y todo ello, ¡estando en Barcelona!

–¿Y cómo lo hiciste?, porque la mili….!

–En aquellos años el Condal era el equivalente al Barca B de hoy pero con mucha mas enjundia. Como le conocían de su etapa en la Selección Juvenil Española y del año del ascenso con ‘Los Monaguillos’, pues a través de un contacto lo llaman para que acuda a Barcelona; dicho y hecho, pide permiso en el cuartel… y para Cataluña.

Allí coincide con Rifé, Torres, Eladio, Domenech y no lo hace con Sadurní, porque este aún jugaba en el Mataro. José Antonio, con 21 años, era el mayor de todos. Aquel equipo lo entrenaba un exjugador del Real Valladolid, llamado Vicente Sasot y con un juego primoroso y un equipo casi juvenil ganan la Copa Cataluña. Juegan la promoción de ascenso y como a la entidad blaugrana no le interesaba subir el equipo, pues prescinden de todos los titulares…y sube el Indauchu.

En aquella época se jugaban partidos entre semana en localidades próximas como Tarragona, Sabadell, Granollers, Reus, etc., a fin de fomentar el arraigo del Barca en Cataluña, y para tales eventos se conformaba un equipo con los suplentes blaugranas y medio Condal.

–Oye José Antonio, en el Barca ya por entonces se movía mucho dinero, ¿no?

–El Barca, siempre ha generado grandes cantidades de dinero; tanto, que por entonces las primas por aquellos partidos amistosos eran superiores a las que nos daban en el Condal por los partidos de liga.

–¿O sea, que no fue mal aquella cesión, no?

–¡Ya lo creo! Reconozco que ese año fue espectacular a todos los niveles.

–Tanto, que hasta un dirigente barcelonista te arregló el traspaso al Celta, ¿no?

–Antonio Tamburini, el dueño de Paños Bambara ¡sí ese que aparecía en los marcadores simultáneos de los estadios!

–Pero, ¿cómo fue la cosa?

–Bueno, ¡eso tiene su historia!

–¿Te pido otro café?

–Casi mejor quedamos de nuevo, porque nos quedan bastantes cosas.

–¡No se hable más, quedamos y me cuentas!

Llevamos mas de dos horas y su aventura celtista y los sudamericanos de la Operación Saso están pendientes de relato. Consuelo, su esposa, espera pacientemente a que vayamos terminando. Se nos ha hecho tarde por el reloj pero fugaz por los recuerdos.

Y es que el último minuto de un 2-1, no es igual para el del dos que para el del uno.