Real Valladolid

puerta 17

La sinrazón

Sin ser el revulsivo buscado, por lo menos a corto plazo, el cambio en el inquilino del banquillo del Real Valladolid ha hecho que Portugal y el equipo encadene tres partidos seguidos sin conocer la derrota. Es evidente que la mejora en el juego no se permite ver más allá de aquel golazo de Juan Villar ante el Mirandés y de momento, parece haber un cambio de intenciones pero insuficiente y discontinuo durante los noventa minutos.

Tampoco hemos terminado de alejar los fantasmas de los puestos de descenso, pero estamos a cuatro puntos de los puestos de promoción de ascenso, algo que parece utópico pero que no está inalcanzable. La transición de Garitano a Portugal se ha traducido en la vuelta de Chica a la titularidad y mayor presencia para Tiba; el resto, más o menos lo mismo, salvo cambios obligados por lesiones y sanciones. Por esas ausencias obligadas, hemos visto cómo jugadores del filial han ido citados con el primer equipo y han supuesto el segundo debut de un jugador del Promesas en esta campaña tras el de Ángel ante el Real Oviedo. El cambio de mentalidad que demandó Portugal en su presentación sigue sin producirse y el equipo sigue dando sensación de poder encajar en casi cualquier acción y que hasta equipos como el Leganés o Mirandés son capaces de dominarnos en nuestro propio estadio. Y aunque el juego lo iguala todo, sí es necesario además de una estructura colectiva que potencie las individualidades que se dote al equipo de una personalidad, un carácter y una mentalidad ambiciosa y ganadora.

La ausencia de líderes deportivos, con Rubio y Óscar perdiendo protagonismo, es otra de las rémoras de la actual temporada, ya que el único que está dando un nivel más que notable es el portero Kepa, aunque también ha cometido algún fallo. Y la afición cada día tiene menos paciencia y concede menos crédito al equipo, pero por otro lado vive con la esperanza perenne de poder agarrarse al clavo ardiendo que suponga un cambio de dinámica y de estado de ánimo de la plantilla. Mientras hay vida, hay esperanza aunque esta responda más al corazón que a la razón.