Real Valladolid

desde la banda

El objetivo es la victoria

Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio». Esta frase atribuida a Einstein me sirve para introducir el tema de mi colaboración de hoy. El pasado lunes, en la tertulia ‘Futboleando’ de esRadio debatimos sobre la preocupación, la ilusión y el aburrimiento. Después de que varios de mis compañeros dijesen que se aburrían en el fútbol o que el Real Valladolid no ilusiona, yo argumenté que es diferente la preocupación de la ilusión.

Yo estoy preocupado. Muy preocupado. La situación actual yo nunca la he vivido y prometo no volver a alegrarme de que algún equipo que me cae mal descienda a Segunda B. Porque si estoy preocupado en la jornada doce, no me quiero imaginar la angustia que puedo vivir en las últimas jornadas si seguimos así. Pero tengo ilusión. La ilusión no me la quita ni Mojica en el once inicial. Creo que es posible el ascenso y confío que pronto encontraremos la senda correcta.

No voy a criticar a quien no lo ve como yo. El nivel de hartazgo cada uno lo tiene donde quiere y no seré yo quien determine el estado de ánimo de cada uno de los nueve mil que sufrimos domingo a domingo. Pero me molesta el estado de guerracivilismo que hay en la afición. Al final cada uno de nosotros tenemos al enemigo sentado al lado en la grada. El enemigo está en el campo y no es el que viste de blanquivioleta. El enemigo no es el que cree que Suárez debe marcharse o el que cree que se es muy condescendiente con él.

Hemos convertido al estadio José Zorrilla en una réplica de la cercana sala de conciertos ubicada en el Miguel Delibes y últimamente solo se escucha a los doscientos que vienen con la afición visitante Creo que el equipo debe levantarse. Algunos jugadores deben dar un paso adelante y coger al toro por los cuernos. Pero nosotros como afición debemos también despertar.

Quizá debamos plantearnos dividir el desarrollo de los partidos en tres partes. Dos de cuarenta y cinco minutos donde debemos estar con el equipo incondicionalmente y una parte de dos minutos al acabar el partido donde debemos levantar el pulgar en señal de aprobación o bajarlo castigando a quien creamos responsable.

No creo que la afición marque goles o gane partidos, pero estoy convencido de que da pases de gol y hace que juguemos con el viento a favor. No desaprovechemos la oportunidad que tenemos de ser importantes y vamos a luchar por decir «hemos ganado» y no «han perdido».