Real Valladolid

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Julio Iricibar y el viaje a la portería

Julio Iricibar, junto a una de las porterías del Colegio Marista Centro Cultural Vallisoletano, donde empezó a jugar.
Julio Iricibar, junto a una de las porterías del Colegio Marista Centro Cultural Vallisoletano, donde empezó a jugar. / Ricardo Otazo
  • El guardameta vallisoletano, que acaba contrato en junio, anhela dar el salto definitivo al primer equipo

«Las porterías son las mismas. Ha cambiado un poco el asfalto, que antes tenía más piedrilla. Por lo demás, está igual». Es media tarde, el sol de noviembre ha vencido a la niebla y Julio Iricibar (Valladolid, 1993) pasea por el Colegio Marista Centro Cultural Vallisoletano, donde estudió desde los 3 hasta los 16 años. El guardameta vallisoletano se acerca a las maderas rojas y blancas de un patio que, a esta hora, no presenta mucha actividad.

«Aquí jugaba al fútbol sala con mis amigos, los mismos que tengo ahora. Con Pedro Palacios, que es para mí como un hermano, mi mejor amigo de siempre. Con Víctor, Diego, Mario... Ahora ya no puedo jugar con ellos al fútbol porque no nos permiten hacerlo. Pero, a veces... ¡echamos unas canastas!», dice el portero del Real Valladolid B y, en la práctica, tercer guardameta de la plantilla profesional blanquivioleta.

«Me acuerdo de los guantes», prosigue Julio en su evocación. «Todavía guardo un par en casa. No tenían ni palma, parecían los que se utilizan para el frío. Ahora me los envían de Uhlsport y eso evita muchos gastos porque unos guantes buenos cuestan unos 80 euros. Hasta hace poco los pagaba yo. En hierba natural se desgastan menos, pero en el césped artificial de los Anexos, te tiras, te levantas, haces así [se rasca la palma] y medio guante fuera, 40 euros desaparecidos», sonríe.

En este patio del Centro Cultural Vallisoletano, Julio Iricibar comenzó a disfrutar del fútbol sala alternando posiciones: a veces como jugador de campo,en otras ocasiones como portero. Cuando tenía 8 años, su amigo Pedro le avisó de un anuncio publicado en el periódico: el Real Valladolid convocaba pruebas para reclutar canteranos. Julio quería apuntarse como futbolista, pero entonces intervino Antonio Iricibar, su padre: «Me dijo:‘seamos serios, Julio. Tú como jugador no tienes carrera. Apúntate como portero’. Yo insistí, pero él se puso burro, burro. En las pruebas, probé de las dos maneras y me seleccionaron como portero... ¡Hay que hacer caso a los padres!».

Con 8 años, el guardameta Julio Iricibar utilizaba más los pies que las manos. Si podía sacar la bota, ¿por qué estirar el guante? «Paraba así hasta los tiros. Estaba acostumbrado a hacerlo por el fútbol sala que jugaba aquí, en mi colegio. Con las manos me costaba», admite.

Sin presión con los pies

Julio fue titular la pasada jornada con el Real Valladolid en Zaragoza. No encajó goles y demostró sangre fría en las cesiones. «La presión de los delanteros no me puede. Intento sacar el balón jugado, si es posible, y trato de demostrar que una de mis virtudes pasa por el juego con los pies».

Pero los porteros siempre quedan muy expuestos en este tipo de acciones y a Julio Iricibar no se le olvida lo que aconteció cuando debutó en Tercera División con el Real Valladolid B. «Jugábamos contra la Arandina, que llegaba como líder. Salí y me vino a recibir el mediocentro, intenté darle la pelota, pero se anticipó el mediocentro rival. Gol de la Arandina. 0-1. En el minuto 3 de mi estreno con el Promesas...».

Aquel error iniciático puso a prueba la fortaleza de Iricibar y la inquebrantable confianza en sí mismo. «Javi Torres era el entrenador y Julio Hernando, el preparador físico. Siempre recuerdan cómo me sobrepuse. Me podía haber venido abajo, pero ese error me hizo madurar».

La trayectoria de Julio durante los 13 años que lleva en la cantera del Real Valladolid no ha resultado plácida. Aveces, las porterías se han asemejado más a vallas de obstáculos que debía ir saltando. «No ha sido nada fácil», constata. «Siempre he empezado como portero suplente, siempre he tenido a otro guardameta por delante. Gente que traían de fuera y que, más o menos, tenía que jugar. Pero al final, por unas cosas o por otras, porque me lo ganaba en los entrenamientos o por lo que fuera, terminaba como titular. Es lo que más me ha hecho crecer como portero».

Dos momentos sobresalen por encima del resto en los últimos 13 años: el ascenso con el Promesas a Segunda B ante el Somozas y el tercer puesto logrado con la selección de Castilla y León cuando era alevín.

El 28 de febrero de 2014, Julio Iricibar fue convocado con el primer equipo del Real Valladolid para el partido contra el Málaga de la jornada vigésima sexta en Primera División. «Jaime [Jiménez] sufrió un proceso vírico y yo me estaba preparando para jugar con el Promesas ante la Segoviana. En ese entrenamiento, me dijeron: ‘corre a casa a por el chándal que en dos horas te vas a Málaga’. Todo fue diferente. Con el Promesas, viajemos donde viajemos, vamos en el día. Si son cinco horas de viaje, como a Ferrol, nos levantamos a las seis de la mañana, viajamos, jugamos y otras cinco horas de vuelta. Con el primer equipo era otra historia: la noche en el hotel, el desayuno tranquilo, la charla prepartido...». De aquel fin de semana, Julio se llevó la experiencia de rozar la élite, la convivencia con un futbolista de la talla de Álvaro Rubio (fue su compañero de habitación) y la camiseta roja que le regaló Willy Caballero, el guardameta del Málaga.

Estreno en Segunda

Julio debutó con el Real Valladolid, en Segunda División, la pasada temporada, cuando le tocó salir al campo por la expulsión de Javi Varas ante el Racing. Esta campaña, las convocatorias internacionales de Kepa Arrizabalaga y Bruno Varela le han conducido a la titularidad ante Real Oviedo (derrota por 2-3) y Real Zaragoza (victoria por 0-2).

«Yo estudio todos los partidos que juego y el choque ante el Oviedo no iba a ser menos. Analizo las jugadas en vídeo o mentalmente, para ver si me he posicionado bien o mal o si podía haber hecho más en algún gol. Mi padre y mi abuelo Ramón siempre me han acompañado, desde que jugaba al fútbol sala, y desde hace unos años, mi padre graba todas mis acciones y luego las analizamos. Además, antes de los encuentros me manda un mensaje de apoyo».

Julio ha ensayado un ritual en los dos partidos como titular con la plantilla ‘pro’:«Visualizo el estadio [el José Zorrilla o La Romareda], las acciones que pueden producirse, posibles paradas, cómo salir a un balón aéreo o de qué manera ejecutar una jugada con los pies».

Julio Iricibar acaba contrato en junio de 2016 y, de momento, no cuenta con propuesta de renovación por parte del club. «Para mí, sería un orgullo estar el año que viene en el primer equipo del Real Valladolid. Por lo que he trabajado desde niño y por lo que he tratado de demostrar siempre. Si tuviera que marcharme, sería un momento duro, aunque mi carrera no se acabaría y seguiría luchando por el sueño que tengo desde pequeño».

Julio Iricibar mira por la ventana del aula de su colegio, donde se desarrolla esta entrevista, y añade. «¡Pero también pienso que ojalá pueda asentarme en el equipo de mi ciudad!».