Real Valladolid
Marcelo Silva, en el encuentro frente al Córdoba.
Marcelo Silva, en el encuentro frente al Córdoba. / LOF

Marcelo Silva Defensa central

Marcelo Silva: «Me corto cuando sueño con el ascenso porque es demasiado lindo»

  • No jugará el domingo por sanción y dice que sigue trabajando para no defraudar a quienes confiaron en él

El objeto de uno de sus ‘hobbies’, la bicicleta, ofrece pistas sobre los aspectos más importantes de su vida: el fútbol y la familia. Compró la bici cuando jugaba en Almería. Después fichó por Las Palmas «y tener que ‘llevarmelá’ me complicó un poco». Ahora la tiene en Italia, en casa de sus suegros. Marcelo Andrés Silva Fernández, uruguayo de Fray Bentos, Río Negro, es 1,85 metros de defensa central del Real Valladolid, tiene una esposa italiana, y una hija italiana nacida en Almería, donde jugó tres temporadas. Llegó al Zorrilla desde Las Palmas, equipo al que defendió el año pasado. Y tiene una habilidad singular: un acento y una forma de modular su discurso que encandila. Podría contar cualquier milonga manteniendo la atención del auditorio. Pero sabe concretar lo que quiere decir y, aparentemente, dice lo que siente.

–Además de fútbol, ¿qué hay en la vida de Marcelo Silva?

–Aprovecho para estar con mi niña, que tiene un año y medio. Es chiquita y junto con mi mujer disfruto mucho de ‘eschia’. Se llama Julieta y es italiana, como mi mujer, aunque nació en Almería.

–Jugó en Uruguay, en Almería y Las Palmas. Lugares cálidos. ¿Cómo le sientan los primeros fríos?

–No había tenido un invierno desde que llegué a España. En Almería prácticamente no existe y en Las Palmas, mucho menos. La verdad es que también es lindo sentir un poco el frío. ‘Sho’ creo que es cuestión de acostumbrarte en los entrenos, porque se te congelan la punta de los pies y las orejas y, por lo que me comentan, va a ser mucho peor.

–Con 18 años empezó a jugar en el Danubio, un club de Primera deMontevideo. ¿Cómo lleva la notoriedad social?

–No me considero una persona importante ni mucho menos por ser futbolista. Lo llevo bien pero se me hace extraño que haya gente me venga a pedirme una foto o un autógrafo, aunque entendí el fenómeno estando en Almería. Yo soy aficionado al motociclismo y Tito Rabat, que entrenaba en el circuito de Tabernas, tenía alquilado un piso donde vivía yo. Un día me lo crucé en el ascensor, lo veo y luego le dije a mi mujer: «‘Escucháme’, me he cruzado a un tipo que es clavado a Tito Rabat y por suerte no le dije nada porque iba a quedar mal». Se lo comenté después a un amigo, que me confirmó que era el piloto. Pasó el tiempo y un día me lo volví a encontrar y quise saludarlo; no sé, me hacía ilusión por ser una persona a la que veía los fines de semana corriendo en moto y entendí lo que piensa el que me viene a pedir una foto o un autógrafo. Yo había visto un par de veces a Tito Rabat y solo por eso quería siempre que ganara. Entiendo ahora que alguna persona quiere acercarse a vos, a cruzar una palabra contigo, pasar a tu lado y saludarte. A mí me hacía ilusión preguntarle cualquier cosa.

–¿En alguna ocasión se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de ascender a Primera con el Real Valladolid? ¿Ha soñado con ello o lo ha hablado con su mujer o sus amigos?

–La razón por la que estoy hoy acá es porque creo que se puede conseguir el ascenso con este equipo, que tiene su historia en Primera. Por otra parte, soy de una forma en la que no me gusta ilusionarme más de la cuenta por más que crea que se puede conseguir porque, si no se consigue, el golpe es muy fuerte, ¿viste? Trato de ir paso a paso, vivir el momento.

–¿Se ha imaginado alguna vez vivir unos años más en Valladolid?

–Me encantaría poder estar en este equipo, en esta ciudad, en Primera División. Sinceramente, lo he pensado y cuando lo sueño, trato de cortarme porque me digo que es un cosa muy linda que si no me sucede me dejaría muy mal.

–Han cambiado de entrenador muy pronto. ¿Qué le ha llamado la atención del nuevo técnico?

–El hecho de haber ‘chegado’ a un equipo que no tiene buenos resultados y, a pesar del nerviosismo por ganar, demostrar calma, transmitirla a todos y sacarnos cualquier tipo de presión, sin pensar en nada más que jugar al fútbol. Es lo primero que me llegó del míster. La forma de trabajar y transmitir sus sensaciones; que el futbolista le puede transmitir también las suyas y ese tipo de diálogo que él propicia, a nosotros nos da comodidad, tranquilidad y confianza.

–Está en su mejor momento o cree que puede crecer un poco más?

–Físicamente me encuentro bien, pero futbolísticamente puedo estar mucho mejor. Tengo que estar en un nivel mucho más alto. Para ser sincero, creo que debo que estar mucho mejor. Trabajando día a día espero poder sentirme a gusto conmigo mismo y verme en el nivel que he podido estar.

–El éxito de una buena defensa radica no solo en la calidad de sus integrantes, sino en su entendimiento. ¿Se siente en buena compañía?

He jugado con los otros dos centrales, con Juanpe y con Samu, y me siento muy bien con ellos. Son dos muy buenos centrales que me facilitan el trabajo, porque tienen mucho temperamento y calidad. Es importante el entendimiento con los compañeros, porque cuando no estás tan bien en un partido un buen compañero te puede simplificar mucho las cosas, echándote una mano.

–El domingo no solo no jugará, sino que ni siquiera viajará a Lugo por estar sancionado. ¿Qué hace un domingo un futbolista cuando no puede jugar?

–Salgo a dar una vuelta para no estar todo el día en casa. Pero, sinceramente, si fuese por mí, me pasaría el día en mi casa encerrado, viendo tele o noticias por Internet. Me gusta mucho estar en mi casa. No te voy a decir que saldré al parque porque puede caer una helada o hacer mucho frío, pero podría salir a conocer alguna ciudad cercana. Hace poco estuve en Burgos, viendo la catedral, y me gustó.

–¿No se siente nervioso, como un león encerrado en una jaula, sin poder jugar?

–La verdad es que en mi casa no miro el fútbol, a menos que sea un Madrid-Barça que es el mejor partido que se puede ver. Pero en mi casa no ‘prendo’ el televisor para ver fútbol. Trato de hacer otras cosas que no tengan que ver con el fútbol.

–Su vida entonces es buena en la medida en la que lo es la de su familia?

–Eso es verdad. El futbolista tiene mucha presión en el día a día. Empieza por la competencia dentro del equipo por conseguir un puesto. Además, el tener que hacerlo bien para corresponder a quienes han confiando en ti: el presidente, el director deportivo... Y luego está la gente, los aficionados de Valladolid, que esperan mucho de vos. Para mí eso es una presión en el buen sentido. Personalmente quiero hacerlo bien por la gente que confía en mí y a la que no quiero defraudar. Y para superar esa presión es muy importante el apoyo de la familia. Cuando uno llega a casa, de repente una sonrisa que te hace ver que tu mujer y tu niña están contentas, te saca toda la presión y le hace sentir a uno bien, porque la familia está cómoda.