Real Valladolid

segunda división b

El Promesas, en caída libre

Toni trata de impedir el golpeo de un futbolista del Izarra.
Toni trata de impedir el golpeo de un futbolista del Izarra. / Ricardo Otazo
  • El filial blanquivioleta se muestra incapaz de romper la coraza del Izarra en los Anexos y cosecha su cuarta derrota consecutiva (0-1)

El Real Valladolid B se encuentra inmerso en una espiral de derrotas de la que no logra salir. Este sábado dobló la rodilla en los Campos Anexos ante un Izarra parapetado, al que le bastó cerrar los espacios y encontrar un balón suelto en el área para llevarse los tres puntos. Los resultados de Borja Jiménez al frente del filial blanquivioleta tras el cambio de técnico son muy malos: cinco derrotas, cuatro de ellas consecutivas, y solo una victoria. Las necesidades del primer equipo en Lugo condicionaron ayer de manera decisiva el once local. Al margen de esta consideración (que no es menor), el Promesas se quedó sin respuestas y no encontró la manera de hincar el colmillo a un Izarra muy sólido.

El filial pucelano se ahogó en el sistema defensivo que plantearon los navarros: la zaga visitante vivió durante muchos minutos lejos de su portero, sin inquietarse demasiado y sin que los atacantes pucelanos lograsen atravesarla. El Real Valladolid B emitió un destello a los diez minutos, con un cabezazo de Mario al larguero que acabó convirtiéndose en un espejismo. El Promesas se quedó sin pólvora y Caye Quintana vivió en una isla.

El Izarra cedió el control de la pelota a su rival, pero el conjunto de Borja Jiménez solo fue capaz de desarrollar un fútbol improductivo. Los navarros llegaron esporádicamente al área de Julio Iricibar, con un remate de Yoel al larguero en una jugada a balón parado que sirvió como respuesta a la ocasión de Mario. El Promesas se enredó con los pases (el centro del campo no funcionó) y el Izarra se encontró una pepita de oro al filo del descanso: Lizarraga cazó la pelota en el área y marcó un golazo que sorprendió a Julio.

El paso por vestuarios no activó al filial blanquivioleta, que siguió con la posesión, pero muy nublado en el área navarra. Las llegadas por las bandas se incrementaron y un centro manso de Deve tras alcanzar la línea de fondo demostró la inseguridad de Aitor. El portero del Izarra vivió todo el partido a la bartola, sin verse exigido, salvo en un cabezazo aislado de Caye Quintana. En medio del ambiente plomizo, Royo se coló por la izquierda, se internó en el área, burló a los defensores con regates y una ruleta digna del más avezado ‘jugón’ de Play Station. La brillante acción murió por falta de remate.

El Promesas anda de capa caída, con poca confianza y sumido en la duda. Ahora mismo, atraviesa un preocupante periodo de oscuridad.