Real Valladolid

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El primer internacional del Arces (y IV)

Espectacular parada de Cantero en un partido de Copa frente al Athletic de Bilbao.
Espectacular parada de Cantero en un partido de Copa frente al Athletic de Bilbao. / El Norte
  • la línea divisoria

Fue en la temporada 1962-1963 cuando le llamó el Celta de Vigo. Antonio Tamburini, directivo del FC Barcelona, le cita para que acuda a La Coruña y hable con ños vigueses, que estaban vivamente interesados en incorporarle a sus filas tras haberle visto parar en el Condal. Dicho y hecho.

«Tamburini tenía un Rolls impresionante, con chófer y gorra, y en él acudimos a la cita. Terminamos de comer y de conversar, cerramos el acuerdo y nos fuimos al teatro, a ver a Celia Gámez, para finalizar agradablemente la velada. Acabado aquello, me cogí el ‘Shanghái’ y viajé durante toda la noche hasta Valladolid, donde me encontraba de vacaciones».

A partir de ahí, José Antonio Cantero, el primer internacional que dio el CD Arces, se desvinculaba del club en el que tanto había ansiado triunfar. Si ya era un mérito extraordinario haber conseguido llegar al Real Valladolid desde el modesto club azul celeste, no era menos cierto que la decepción por no haber tenido las oportunidades necesarias para demostrar el porqué de su fichaje estaba presente en ese instante.

Pasados esos momentos, la preparación del viaje y su inmediata incorporación al club gallego le habían devuelto la ilusión y las ganas por triunfar en el fútbol. Los vigueses, punteros en la Segunda División española de entonces, le ofrecían la mejor de las oportunidades: la de jugar. Y eso, precisamente eso, era lo único que José Antonio quería.

En Vigo y en el Celta transcurren las temporadas 1963/1964 y las dos siguientes. En junio de 1966, una pérdida de fuerza muscular que viene arrastrando desde unos pocos meses atrás, justo a mediados de temporada, le obliga a poner punto final a una trayectoria en la que lo mejor, según se adivinaba , estaba por llegar..

De Vigo no tiene más que palabras de elogio.

–Allí te sentiste realmente importante, ¿no?

–Sí, la verdad. Me trataron fenomenal tanto en lo deportivo como en lo personal.

¡Y jugaste! Que era algo que realmente necesitabas.

–Fui titular los tres años. No me puedo quejar.

–Tuviste buenos compañeros en la defensa, ¿recuerdas?

–¡Cómo no! Allí estaban Zunzunegui, Pedrito, Lasheras y Herminio, como línea defensiva. Llegamos a jugar casi de memoria. Ah! Y ‘el tripode’ Polito, ya te imaginas…!

– ¿Y Quinocho?

–Si! Era el veterano y un poco el mentor de todos nosotros. Llevaba al club en el corazón.

–¿Recuerdas los entrenadores que te dirigieron?

–¡Cómo no! Iñaki Eizaguirre y Joseíto. Con ambos tuve una magnífica relación y, en especial, con Joseíto, con el que trabajamos todos fenomenal.

Érais, como ahora, equipo de cantera.

–Sí, por supuesto, se dedicaban a sacar chicos jóvenes porque el club no era rico, y nos daba muy buenos resultados.

–¡Ya! Y de vez en cuando algún traspaso a un equipo puntero…

–¡Efectivamente! Ese fue el caso de Zunzunegui cuando pasó al Real Madrid. De eso, como otros muchos equipos que cuidan su cantera, era de lo que se vivía.

–Sin embargo, estuviste a punto de haberte quedado en el Barcelona… que es algo que poca gente sabe.

–Sí, fue en la temporada 1961-1962, cuando Kubala me quiso llevar de gira con el primer equipo del Barcelona por Sudamérica con vistas a quedarme, según me dijo, en el primer equipo.

¿Y qué pasó?

–¡El pasaporte! O mejor dicho, el no tener diligenciado el pasaporte por estar cumpliendo el servicio militar. El Barcelona buscó un tercer portero, Celdrán para ser exactos, para llevarse a la gira, y yo me marché traspasado al Celta de Vigo.

¡Qué mala suerte!

–Pues sí. De haber tenido pasaporte hubiese ido a la gira por Sudamérica y probablemente me habría quedado en el primer equipo del Barcelona, como me había prometido Kubala.

–¿Y el Real Valladolid?

–No tenía ningún interés por mí y me dejó marchar libre al Condal, mientras terminaba la mili.

– Así que cambiaste el viejo campo de Las Corts por el entonces también vetusto Balaídos.

– Pues sí. Balaídos entonces se inundaba con mucha frecuencia. En invierno, y con la marea alta, el río Lagares se metía hasta medio campo.

–¿Y entonces….?

–Pues nada, bajaba la marea, el río se marchaba del campo…y a jugar.

–Sin embargo, en los viajes, y con respecto a Valladolid, saliste perdiendo.

–¡Sí, sí! Allí los viajes entonces eran en autocar y de mil kilómetros muchos de ellos. Los desplazamientos a Andalucía, Murcia o Cataluña eran tremendos. Pasábamos media semana en la carretera entre ir y volver.

¿Y el avión?

–Pues para ir a América…

–Pero en Vigo te quisieron mucho y bien.

–Hombre, pues, sin presumir, te puedo asegurar que allí era un ídolo. De verdad, ¡créeme!

–Me consta, porque tengo amigos allí que me lo aseguran, que aún te recuerdan en Balaídos. Ahora bien, háblame algo de Téllez y el Hotel Lisboa...

–Téllez y yo vivíamos juntos porque estábamos solteros y aquella era nuestra casa en todos los órdenes. Tan es así, que allí, en Vigo y en el Hotel Lisboa, fue donde me casé.

–¿Hablamos de lo de la pierna?

–Sí, ¿por qué no? Me retiró del fútbol en el mejor momento, pero la vida es así. Posiblemente hoy, las cosas se hubiesen desarrollado de otra manera.

–Pero…

–Mira, Javier, la cosa empezó como te he dicho antes, a mediados de la temporada.

–¿Algún golpe, algo…?

–No, no. Yo empecé a notar que perdía fuerza progresivamente y que no controlaba bien los movimientos. A partir de ahí, análisis, exploraciones, tratamientos…, me trataron fenomenal, pero aquello terminó desembocando en un problema medular que en aquel entonces no se pudo resolver.

Llegados a este momento, y con un punto intermedio entre tristeza y decepción, optamos ambos por recurrir a lo positivo.

–¡Con lo bien que trabajabas con Joseíto…!

–Sí, sí. ¡Ese sí que se preocupaba de los porteros!

Consuelo, su esposa, que ha presenciado un poco en la retaguardia la charla en sus tramos últimos, se nos acerca. «Ya no os quedará mas que contar…, ¿no?

Un apretón fuerte de manos, de manos de portero internacional, pone fin a la charla. Cuando salgo al Puente Mayor, la playa, que aún tiene sol pero no bañistas, me recuerda tiempos pretéritos.

Y al dejar la vista en punto lejano, adivino por allí la Deportiva y el Águilas, la Samoa y los bailes, los veranos de los catorce años, las veladas de boxeo con Legrá , los guateques…

Perdón, ¡nostalgias fuera! ¡Será posible…!