Real Valladolid

en blanco y violeta

El cambio histórico

Cuando Santi Llorente te cuenta en una cafetería vallisoletana que el fútbol le vino casi por casualidad, porque en una ocasión el blanquivioleta Carlos Herguedas, que entrenaba al Instituto Zorrilla, no pudo dirigir a su equipo en una final ante el San José, y fue él que tuvo que sentarse en el banquillo para hacerle un favor, no terminas de entender qué es lo que pasó después. Cómo se encendió la mecha. Qué tuvo que ocurrir para que esa fiebre le llegara tan dentro. Y es que, con el instituto vallisoletano fue tercero de España, también dirigió al CD Derecho mientras hacía que estudiaba leyes y de ahí cursó el título de entrenador nacional para, con 24 años, convertirse en el número once de una promoción de más de cincuenta entre los que estaban importantes técnicos como Iñaqui Sáez, Joaquín Peiró, Marco Antonio Boronat, Ormaetxea, entre otros. A partir de aquí, cuatro décadas inmerso en el fútbol de elite. No es poco, ni mucho menos, aunque él lo resuma con verdad y humildad: «Nunca pensé en vivir de ello. Son circunstancias que se dan pero es que el fútbol es tan bonito y te gusta tanto». Lo dice desde el corazón.

En el año 1976, las directrices del club blanquivioleta dieron un cambio importante. «El presidente Fernando Alonso se dio cuenta de que la apuesta por hacer fichajes de relumbrón para subir al equipo no era fructífera. Aníbal, Antón, con Héctor Núñez de entrenador, y al año siguiente Rusky, Moré, Costa, con Luis Aloy, solo con eso no funcionaba, así que decidió apostar por la cantera», relata Santi. En ese momento Fernando Alonso le encarga a Ramón Martínez, que estaba trabajando en el mítico Asklepios, hacer una selección de los mejores juveniles de Valladolid de cara a participar en la campaña siguiente en la primera Liga Nacional en la que Llorente sería el entrenador. «Solo perdimos un partido. No nos clasificamos para la fase final porque quedamos después de Real Madrid y Atlético, pero también porque el Promesas nos subió ya a jugadores. Ahí estaba Borja Lara, que debutó en Primera. Jugábamos muy bien al fútbol», dice Llorente.

Con Eusebio Ríos en el banquillo, el Real Valladolid logró el ascenso a Primera en la campaña 79-80. «Una de nuestras armas era que al tener que jugar obligatoriamente por la Federación con dos futbolistas sub 20, muchos equipos no contaban con ellos y les tenían que meter algún minuto, pero nosotros con Lolo, Jorge, Gail, no solo eran sub 20, sino que además titulares y de los mejores». Así se inicia la mejor serie histórica del club. Doce años seguidos en Primera, desde 1980 hasta 1992, aunque Ramón y Santi no estuvieran en todo ese ciclo ya que se marcharon tres y cuatro años antes uno al Barcelona y otro al Oviedo. «Se venía de los últimos 16 años, 15 de ellos en Segunda división y uno en Tercera, así que la inercia que arrancamos fue impresionante», dice Llorente.

La campaña siguiente Paquito comenzó de entrenador en la máxima categoría. Santi Llorente le acompañaba como segundo además de ocuparse de las inferiores del juvenil. Eran épocas en los que los sueldos y primas eran prorrateados y duramente negociados en función de si los futbolistas estaban solteros o casados, con cargas familiares… «En el primer partido de liga nos desplazamos a Madrid para jugar con el Atlético en el Manzanares. En la cena de después de un partido que había resultado en derrota por 5-2, los futbolistas se sentaban en mesas de cuatro dejando una para el cuerpo técnico que estaba integrado por el entrenador, el segundo, el utilero Tomás Martín, el masajista Aramayo e incluso el chófer del autobús. No como ahora…–dice Llorente–. Estábamos cenando y Paquito, el entrenador, rehusó comer el primer plato. Cuando le pusieron el segundo, también lo apartó.

–¿Quiere usted que le preparemos otra cosa?– le dijo amablemente el camarero.

–No –contestó el técnico–, cuando pierdo, no ceno…

–Mire míster –le dijo el utilero Tomás– pues si no va a comer usted cuando perdamos ¡se va a quedar como Gandhi!».

Con la llegada a la presidencia de Gonzalo Alonso, este le otorga a Ramón Martínez y a Santi Llorente (siempre a dúo) poderes plenipotenciarios en lo deportivo, compartiendo ambos toda la parcela. A juicio de Llorente: «El mejor secretario técnico o director deportivo de siempre ha sido sin duda Ramón Martínez. Es él, realmente, el que crea o se inventa el cargo con su horario de oficina, estructura de categorías inferiores, departamento de captación».

Con la máxima de que «acertar al cien por cien en los fichajes es imposible», aun así en Valladolid, Llorente destaca las incorporaciones de Fenoy «tenía 31 años y estaba mal de la rodilla, pero fue clave», luego de Pato Yáñez, «ya lo habíamos intentado fichar, estaba entrenando en el filial del Barcelona B, que no se decidía a incorporarlo hasta que Ramón fue a por él»; y Polilla Da Silva «un jugadorazo llegado en el mercado de invierno desde Defensor de Montevideo. El entrenador García Traid me preguntó: ¿Qué hacemos, le ponemos el domingo? Entonces ¿para qué coño ha venido?, le dije yo».

Pero no solo estos, también mucha, mucha cantera: Eusebio, Minguela, Juan Carlos, Torrecilla, Gail, Jorge, Fonseca... Jugadores importantes que fueron internacionales. «En Valladolid, nosotros teníamos la secuencia de un 30% o 40% de chicos salidos de la cantera, de juveniles, de aquí. Con Cantatore, en la 85-86, de 23 futbolistas 14 eran de las divisiones inferiores. Ahora solo están Óscar y Julio y el público no logra identificarse con ellos si cada año hay catorce nuevos. Habrá que analizar el porqué. Pese a la Ley Bosman, si se aspira a consolidarse en Primera tiene que volverse a eso», explica Llorente.

De Valladolid a Oviedo donde firmó en dos etapas a Miera, Irureta, pero también a Julio Bento «como jugador más profesional y de rendimiento», luego a Tenerife, donde tras consolidarse, Llorente estuvo catorce años en tres etapas diferentes, quitándole las dos ligas al Real Madrid cuando el Tenerife terminó quinto y jugaba un gran fútbol que llegó a Europa, y que contó con Fernando Redondo, Julio Llorente, Ferrer, Tata Martino, Dertycia, Pizzi y con entrenadores como Solari, Benítez Heynckes y Jorge Valdano. Finalmente, previo paso por Jaén, a Getafe, dos años jugando la final de Copa y también en Europa, firmando a Cata Díaz y a los porteros Pato Abondancieri yUstari. Todo un periplo viendo fútbol, futbolistas y partidos. Incontables.

Un buen director deportivo debe a su criterio «dirigir y coordinar toda la actividad futbolística del club, pero también el tema médico, los servicios de jardinería, y por supuesto la cantera de arriba abajo. Debe saber cuáles son los objetivos que tiene y cuál es el mercado de futbolistas al que aspira. Y conocer esos mercados, no a todos los jugadores de fútbol, ya que es imposible. Por último, elegir la fórmula a través del juego. Los jugadores que ficho, los entrenadores. Yo no fichaba picapedreros, ni a ‘Clementes’, sino a gente que le gustara el fútbol combinado, desde atrás… Y todo esto siempre que el presidente te deje trabajar y no se inmiscuya como sucede en algunos clubes en los que el mandatario, para lograr quizá notoriedad, termina siendo el que ficha».

Con la llegada de Santiago Llorente y Ramón Martínez cambió el Real Valladolid, pero... ¿cambió quizás también el fútbol en España?