Real Valladolid

real valladolid

Una pasión fraternal

Javier, Luis y Rubén Baraja, en octubre de 2008 antes de un Real Valladolid-Valencia.
Javier, Luis y Rubén Baraja, en octubre de 2008 antes de un Real Valladolid-Valencia. / Ramón Gómez
  • El fisio Luis Baraja analiza las carreras de sus hermanos Rubén y Javier, exfutbolistas convertidos en técnicos

  • El primogénito llega el sábado a Zorrilla como entrenador del Elche y el pequeño es el ayudante de Portugal en el Real Valladolid

La Navidad ha resultado entretenida para la familia vallisoletana Baraja Vegas. Diversos asuntos de actualidad centraron las conversaciones sobre la mesa. Entre los canapés y los turrones, se habló de fútbol... con un asunto recurrente: el enfrentamiento que vivirán Rubén y Javier este sábado en el estadio José Zorrilla. Rubén Baraja es el entrenador del Elche. Javier Baraja ocupa el cargo de ayudante de Miguel Ángel Portugal en el Real Valladolid. Y, en medio, el fisioterapeuta y profesor universitario Luis Baraja, afincado en Valencia, observaba divertido cómo sus dos hermanos se guardaban todas las cartas tácticas.

«Esta Navidad ha sido diferente. En lugar de reunirnos en Valladolid, vinieron todos a Valencia. Charlamos del fútbol, de la vida. Todo con normalidad, aunque había algo distinto: el partido de este sábado, del que se habló con humor y mucha sorna. Para todos, es raro que se enfrenten», explica Luis Baraja. «Rubén y Javi bromeaban diciendo: ‘yo necesito más los puntos’. Los dos son muy competitivos. Hasta una hora antes del partido, serán hermanos. Durante el choque, se convertirán en rivales».

Rubén nació en 1975, Luis en 1978 y Javier en 1980. El mayor despuntó con rapidez:brilló en el Real Valladolid, saltó al Atlético de Madrid y se convirtió en referencia del fútbol nacional en las filas del Valencia. «Como primogénito, a Rubén siempre se le ha tachado de más serio. Javi, en cambio, es muy bromista, aunque luego mantiene la seriedad en el trabajo», relata Luis.

Los tres hermanos Baraja Vegas comenzaron a jugar al fútbol en las categorías inferiores del Real Valladolid. «Primero acudíamos a ver a Rubén. Era cuestión de ir por allí y, al cabo de un tiempo, los tres acabamos por formar parte de la cantera. Yo soy el único que no continuó en juveniles. Rubén se marchó pronto de casa. Con 18 años debutó en el Real Valladolid y a los 20 se fue al Atlético de Madrid. Todo muy rápido. Yo empecé jugando de lateral, como Javi, y luego me transformé en mediocentro defensivo. Un entrenador que tuvimos nos decía que entre los tres hacíamos el mediocentro perfecto: organizador, recuperador y pasador».

Rubén Baraja apuntaba maneras como líder desde muy pequeño. Luis recuerda su maestría para manejar los partidos y colocar a sus compañeros sobre el césped. «Era ya un pequeño entrenador. Luego, destacó por la faceta de centrocampista llegador y logró títulos con el Valencia. De Javi destacaría la tenacidad. Siempre se colocaba muy bien y tenía gran manejo de la pelota. Se encontró con la dificultad de seguir la senda marcada por Rubén. Fue internacional, campeón europeo sub 17 con Casillas y toda aquella remesa. Sufrió una lesión y se truncó la evolución que llevaba. Luego supo rehacerse y también hemos vivido éxitos con él».

Si Rubén Baraja ganó dos Ligas con el Valencia, una Copa de la UEFA, una Supercopa de Europa y una Copa del Rey, los títulos de Javier Baraja fueron más modestos, pero igualmente celebrados en la familia:un ascenso a Primera con el Getafe y otros dos llegadas a la élite con el Real Valladolid. «Supo hacer su camino y demostró ser un jugador del máximo nivel. Eso también tiene mucho mérito», señala Luis.

Tras colgar las botas, Rubén y Javier Baraja han enfocado su carrera hacia los banquillos, algo que resultaba previsible. «El fútbol es la segunda parte de nuestras vidas.Primero, la familia. Luego, el deporte profesional. Ellos eran carne de banquillo. O de despacho, aunque yo los veo más en el campo. Javi siempre ha estado muy pendiente de la parte táctica. Como jugador, siempre controlaba la estrategia. Rubén ha descubierto otro campo, pero ya tenía claro que quería ser entrenador. Cuando Rubén se retiró [año 2010] empezó a jugar al tenis y a aprovechar para estar más tiempo con la familia, pero era cuestión de tiempo que volviera a entrenar. Estuvo en la radio con Javier Ares [Onda Cero]. Nunca se desvinculó. En el caso de Javi, fue acabar su etapa como jugador y, prácticamente, ponerse a entrenar. Los dos se han preparado muy bien. El hecho de haber sido futbolista profesional durante 15 años no te convierte automáticamente en un buen técnico o transmisor de ideas. Han esperado su momento y ahora se forman en equipos que les dan la oportunidad de ofrecer todo lo que tienen como entrenadores».

La carrera de Luis

Tras su salida de la cantera blanquivioleta, Luis Baraja siguió jugando al fútbol. Pasó por varios equipos de Valladolid como el Betis o el Universitario («una etapa muy bonita en la que jugamos el campeonato de España») y militó en el Guadalajara, en Tercera División, club con el que disputó una liguilla de ascenso a Segunda B.

«Con 24 o 25 años, vi que no había conseguido demasiado en el fútbol y decidí apostar por los estudios. En realidad, siempre había estado estudiando. Primero hice Magisterio y Educación Física. Luego, me marché a Madrid para estudiar fisioterapia. En los primeros años, el fútbol me sirvió para pagar la carrera y sostener mi economía. Cuando vi que, en ningún momento, viviría de mis habilidades como jugador empecé a trabajar en otra línea».

De niño, Luis tenía más afinidad con Javier Baraja. La diferencia de edad era menor y compartían el mismo grupo de amigos. Eso fortaleció los lazos entre los dos hermanos pequeños en aquella época. Sin embargo, ya como adultos, Luis encontró un nexo muy poderoso con Rubén. Fue el primogénito el que recomendó al mediano probar en el mundo de la fisioterapia. Luis se metió «en el lío» y acabó trabajando junto a él en Mestalla.

«Terminé la carrera en 2004 y en 2005 empecé en el Juvenil del Valencia, un poco para probar, para ver si valía. En 2006, se produjeron una serie de cambios en el club:abandonaron los fisios y el doctor decidió que cuatro o cinco fisioterapeutas del filial subiéramos al primer equipo. Era un sueño: trabajar en una entidad así, con todos los medios, y estar en el mundo del deporte. En 2013 tomé la decisión de cambiar de aires.Comencé a dar clases en la Universidad. Además, dos o tres tardes a la semana trabajo en una clínica para atender pacientes. Me interesa continuar con esa parte de mi profesión. En la Universidad trato de transmitir lo que sé para ayudar a los chavales que quieren dedicarse a esto».

Vida familiar

El mundo del fútbol es apasionante, pero la edad y las responsabilidades familiares conspiran contra los viajes continuos y el desarraigo semanal. «La gente se sorprendió de que dejara el Valencia. Al principio, todo es muy bonito. Tienes 24 años y viajas por toda Europa. Con el Valencia viví la época de la ‘Champions’ y de la ‘Europa League’. Luego, la familia te hace pensar en otro tipo de trabajo, donde puedas estar en casa los sábados y domingos. A veces echo de menos el fútbol, pero pienso en las trayectorias de mis hermanos. Cuando te retiras como jugador, parece que se va a acabar el mundo, pero al final es un paso más. Puedes tener una etapa deportiva exitosa, pero solo son unos pocos años de toda una vida. Ahora, las carreras como entrenadores de Rubén y Javi han hecho que siga muy de cerca la Segunda División».

Luis Baraja se ha convertido en hincha de varios equipos. Del Atlético de Madrid (donde aterrizó su hermano Rubén tras la etapa en el Real Valladolid), del Valencia (club en el que Rubén vivió los mayores logros profesionales), del Getafe (donde jugó Javier en la campaña 2003-2004), del Elche (que ahora entrena Rubén) y, por supuesto, del Real Valladolid. «Mi hijo tiene un poco de cacao porque mi suegro es del Real Madrid. Me dice:‘papá, es que somos de muchos equipos’. Al final, tienes afición en función de las personas que quieres».

Luis considera que su hermano Rubén «está haciendo una buena temporada» con el Elche (undécimo clasificado con 27 puntos, tres por delante del Real Valladolid). «Ya sé que la gente es exigente allí, pero el 30 de agosto faltaban cinco jugadores y ha tenido pocas posibilidades de fichar. La Segunda es difícil y el Valladolid lo sabe bien. Está haciendo una campaña bastante digna para las condiciones que tiene».

De vuelta al choque de este fin de semana, Luis Baraja tiene claro quién saldrá victorioso. «Lo hablaba antes con mi mujer. No sé qué pasará el sábado, pero nosotros ganaremos sí o sí. Si vence el Elche, triunfa la familia. Si lo hace el Real Valladolid, también. Y si empatan, nos alegraremos igualmente. Mi madre decía: ‘¡pues iremos con los dos equipos!’. Mis padres siempre han sido socios del Pucela y han seguido más la carrera de Javi al estar en Valladolid, aunque al final también sufren con el Elche. Este fin de semana, en lugar de estar pendientes de dos partidos, sufriremos en el mismo encuentro. Pero al final el enfrentamiento entre dos hermanos se convertirá en algo meramente anecdótico. Yo lo veo, más bien, como un partido en el que una familia se unirá alrededor de un deporte».