Real Valladolid

en blanco y violeta

El presidente innovador

El pasado 9 de enero se cumplieron 18 años del fallecimiento en 1998 de Marcos Fernández Fernández, uno de los presidentes que mejor poso dejó en la afición y también en la propia entidad blanquivioleta. Se podría decir el presidente del I+D+i, de la Investigación, desarrollo e innovación ya que, en lo que a organigrama del club se refiere, el Real Valladolid fue uno de los primeros en constituirse como Sociedad Anónima Deportiva en España, pionero también en tener una Fundación; la Residencia de jugadores, en su día, tal vez fuera también de las mejores en el panorama de los equipos nacionales, y las cuentas económicas estaban saneadas… «Esta labor –manifiesta su hijo Ángel Fernández Fermoselle– era elogiada en todo el país… salvo en algunos círculos interesados en Valladolid». En cuanto a las operaciones y traspasos con jugadores. «Ahí están los nombres de Benjamín, Iñaqui y Fernando, entre otros, como prueba de buenas gestiones, aunque también las hubo menos buenas», señala.

Todo tuvo un comienzo. La Ley del Deporte de 1990 que aprobó el Consejo de Ministros y el Real Decreto de 1991 por el cual los clubes deportivos debían convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) antes del 30 de junio de 1992. Durante ese tiempo, el alcalde Tomás Rodríguez Bolaños, consciente de la crítica situación de la entidad, se reunió con más una veintena de empresarios de la ciudad y terminaron constituyendo una comisión gestora en octubre que presidió Andrés Martín de Paz. En ese mismo mes, el 29, la nueva junta directiva nombra a Marcos Fernández como coordinador general y a Javier Yepes como coordinador deportivo. El 8 de abril de 1992, Marcos Fernández asume la función de presidente de la junta directiva y el 20 de abril, en esa fecha tan vallisoletana cantada por ‘Celtas Cortos’, concluye la primera fase de suscripción de acciones. Hasta el 29 de junio no se presentó en el Consejo Superior de Deportes (CSD) la documentación de la constitución en Sociedad Anónima Deportiva. Por consiguiente, Marcos Fernández accedió al cargo en uno de los momentos más complicados de la historia de la entidad. Ahogado por una deuda millonaria, al borde la desaparición y ante la inminente entrada en vigor de la Ley del Deporte.

«Mi padre, junto a otros empresarios, pero fundamentalmente él, logró la supervivencia del club en un momento en el que la desaparición era más que probable. Si él no hubiera arriesgado su patrimonio por el Real Valladolid dudo mucho que el club hubiera sobrevivido», dice Ángel. Un hombre hecho a sí mismo como Marcos Fernández insufló una importante inyección económica y, ayudado por el ayuntamiento vallisoletano y otros empresarios, culminó la conversión de la entidad en SAD. Para rizar el rizo, el club que había descendido de categoría en la campaña 94-95 (es decir dos años después), se encadenó a la Primera División tras las reclamaciones pertinentes ante la Liga de Fútbol Profesional (LFP) al solicitar que tanto Celta como Sevilla no habían presentado los avales correspondientes al 5% de su presupuesto. El 10 de agosto llegó la resolución del CSD para que Valladolid y Albacete jugaran ese año en la máxima categoría, recomendando que se ampliara a 22 equipos la liga ese año.

Aquel fue uno de los mejores días vividos por la entidad. Marcos peleó por ello y ganó. Así lo relata su hijo Ángel Fernández: «Me llamó por teléfono al club mi padre, tan sobreexcitado que apenas le entendía, diciéndome: ¡Ángel, estamos en Primera, estamos en Primera…! Era un día de agosto, creo recordar, y yo pensaba que se había vuelto loco. ¡No tenía la menor idea de qué estaba diciendo! Habíamos fichado a Rafa Benítez y a muchos jugadores del Real Madrid B para jugar en Segunda, pero… ¡sí, estábamos en Primera! Él acababa de salir de la famosa reunión en la Liga en la que se decidió descender a Celta y Sevilla [en esta decisión él se abstuvo, elegantemente]. Fue una llamada apoteósica».

También llegarían buenos recuerdos para la familia a nivel deportivo: «El ascenso de Palamós y la promoción ganada al Toledo. Supo muy bien una victoria en el Bernabéu con un gol de ¡Cuaresma! creo recordar, íbamos 0-3 al descanso…». Y los peores. «Indudablemente, hubo momentos difíciles. El peor, casi obviamente, tuvo que ver con un entrenador cuyo comportamiento resultó muy inadecuado, sinceramente. Hubo también otros, como cuando varios periodistas se dedicaban a insultar diariamente a mi familia. Eso fue difícil de aceptar. También, fue especialmente triste, por supuesto, que mi padre no disfrutara del último periodo», indica Ángel. «Desde luego, este tipo de actitudes y que desde el ayuntamiento no se valorara siquiera estudiar cambiar el nombre al estadio, cuando había un buen número de aficionados que hubiera querido, nos distanció emocionalmente del club en ese momento».

Según Santi Llorente: «Fue una pena que Marcos falleciese; la enfermedad le llegó en el momento en que empezaba a disfrutar del fútbol y a comprender la cultura futbolística. Hubiera hecho cosas muy importantes con el Real Valladolid durante muchos años».

Respecto a la gestión deportiva y de resultados de los Fernández, señala Ángel, «se nos acusaba siempre de ‘aburridos’ porque a falta de las últimas jornadas, los últimos dos o tres años, estábamos en Primera ya salvados y no nos jugábamos nada pero, visto ahora, no estaba tan mal, ¿no crees?», dice mientras lanza la pregunta al aire.

Por muchas cosas, y a veces incluso con nostalgia, el Real Valladolid recuerda a ese hombre, Marcos Fernández Fernández, su presidente, el presidente innovador que nos dejó hace 18 años.