Real Valladolid

a banda cambiada

La ovación

De niño me gustaba observar en qué mitad del campo se colocaban los reporteros gráficos cuando cubrían los partidos que el Real Valladolid disputaba en Zorrilla. Si posicionados en aquella banda en la que iba a atacar el equipo, o bien, más cerca del área que debía guardar el arquero que por entonces defendiera la meta blanquivioleta. Ver a los fotógrafos apostados como francotiradores, dispuestos a retratar el instante exacto en el que el Pucela lograba descerrajar la portería rival llevaba implícito un voto de confianza, o quién sabe si de fe, en el buen hacer del equipo: era la manera de transmitir que si allí estaban era porque tenían el convencimiento de que antes o después el gol caería de nuestro lado.

El domingo pasado, tras la exhibición que ofreció el equipo en la primera parte, la prensa gráfica cargó con sus cámaras, trípodes y enseres y se situó cerca de la portería del Fondo Norte. Fue una declaración de intenciones, una forma de decir que la fiesta continuaba, un modo de anunciar que el Real Valladolid estaba de vuelta y ellos querían tener sitio preferente en la banda para inmortalizar el regreso, de ser los notarios que firmaran el certificado de nacimiento. Levantó la niebla, salió el sol y el Real Valladolid volvía a estar allí, podían haber dicho.

Para entonces el equipo ya se había congraciado con la grada, que despidió al Pucela camino de los vestuarios con una de las ovaciones más atronadoras que se recuerdan. Habría dado la vuelta al ruedo de no ser porque se trataba de un partido de fútbol al que aún le restaba media parte por lidiar. Por fin la afición acertó a ver una silueta reconocible de entre la espesura de la niebla, como si a través de la bruma fuera a aparecer lentamente la ‘Perla Negra’ con el Capitán Jack Sparrow al frente, y la alegría por el reencuentro se pudo comparar a la del padre que vuelve a tener bajo su techo al hijo pródigo. Un once cada vez más reconocible, una idea de juego tan vistosa que, por momentos, podría colgarse de las paredes de un museo, y confianza suficiente en que el fútbol conceda una nueva oportunidad de poder decir la última palabra. Sí, da la sensación de que el Real Valladolid ha vuelto, ahora solo hace falta que no se marche de nuevo.