Real Valladolid

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La cuesta del Promesas

Si la semana pasada tras el partido del primer equipo ante el Córdoba dábamos por confirmadas las buenas sensaciones y la recuperación de la ilusión por parte de la afición blanquivioleta para con el equipo, en esta última jornada, el que ha confirmado su recuperación ha sido el segundo equipo del Real Valladolid.

El filial estaba dando síntomas de mejora en este comienzo del 2016 y la victoria ante el Cacereño, rival directo, ha situado la distancia con el descenso a seis puntos. Tras el cambio de cromos entre Rubén Albes y Borja Jiménez el equipo cayó en una crisis de resultados que les llevó a cosechar siete derrotas en los primeros nueve partidos post-cambio.

En este caso, sí se cumplió el año nuevo, vida nueva. El Promesas no conoce la derrota en 2016 y ha sumado once puntos de quince posibles en la cuesta de enero. La recuperación de efectivos tras lesión más los acertados fichajes de Juliá e Higinio ha ampliado el fondo de armario de Borja Jiménez unido también a la poca aportación de jugadores del filial al primer equipo que les ha permitido contar con todos sus jugadores, a excepción de Ángel por lesión.

No voy a negar que muchas veces pienso que dada la utilidad que damos a los jugadores del B, nos da igual estar en Segunda B que en Tercera. El filial se ha convertido en un apéndice del primer equipo y la distancia entre las dos plantillas es más grande que el pasillo que separa ambos vestuarios. Empero, el famoso salto entre categorías se produce hacia atrás cuando no se apuesta por la gente cuando está preparada.

La cuesta de enero la hemos saldado con nota y ahora llega el verdadero reto de prolongar la dinámica lo máximo posible porque el fútbol es un estado de ánimo. Y así, conseguir mantener al Promesas una temporada más en la categoría de bronce que permita mejorar la formación de nuestros canteranos cada vez más cercanos a la profesionalidad. Si se consigue este objetivo, solo queda asentar a Toni, Ángel o Caye Quintana en el primer equipo.