Real Valladolid

desde la banda

Fútbol y vino

Hay un episodio en El Quijote que cuenta las andanzas del caballero de la triste figura y su escudero Sancho Panza donde se narra el encuentro con el Caballero del Bosque (no confundir con el seleccionador nacional). Mientras los dos caballeros charlan sobre sus aventuras, los dos escuderos en otra mesa se cuentan su vida. A la hora de probar un vino, Sancho cuenta al otro escudero con una anécdota por qué era tan entendido en vino y sabía que lo que estaban bebiendo era un vino de Ciudad Real. Cuenta Sancho que un día su padre dio a probar a él y a su hermano un vino. Sancho casi no lo hubo probado ya dijo que sabía a cuero. Su hermano solo con olerlo dijo que no, que tenía un sabor metálico. Su padre decía que ambas cosas eran una tontería ya que recientemente había limpiado el tonel y no había nada que diese sabor. Vendió la tinaja entera y cuando la volvió a limpiar descubrió con sorpresa que había una llave metálica atada a un llavero de cuero.

Os cuento esto porque tenemos dos sabores cuando saboreamos los partidos del Real Valladolid. Uno en casa, alegre y vistoso, aunque poco efectivo, y otro fuera de Zorrilla triste y apagado. Metal o cuero, lo importante es que no dudaban de que era vino. Sin embargo el fútbol tiene muchos enólogos y el vinagre que saboreamos cada quince días fuera de casa no nos deja saborear el roble del crianza con que nos deleitan en Zorrilla.

Los que ven imposible el ascenso por la irregularidad del equipo quizá tengan la misma razón que los que pensamos que es posible porque incluso jugando mal hemos sacado cuatro de los últimos nueve puntos fuera de casa. Lo que es innegable es que desde la llegada de Miguel Ángel Portugal el equipo es más competitivo. Defendemos mucho mejor, creamos más ocasiones en ataque, somos más intensos, nos sacan menos tarjetas... pero seguimos necesitando siete ocasiones para meter una.

No sé vosotros, pero yo me alegro más de un triunfo como el del Córdoba que de la Victoria en Mallorca. Quizá porque el primero nos enseña el camino y la segunda solo fueron tres puntos. El caso es que ya no hay marcha atrás. Ya estamos todos y, como dice Suárez, con estos bueyes hay que arar de aquí hasta el final. Esperemos que a partir de ahora probemos un vino que todos sepamos a qué sabe. Y que sea bueno, por favor.