Real Valladolid
Carretera y manta
/ ILUSTRACIÓN DE SANTIAGO BELLIDO BLANCO

ANTONIO ÁLVAREZ

Carretera y manta

  • Antonio Álvarez lleva más de 32 años desplazando a varios equipos por la región y por toda España: Medinense, Betis, Victoria, Tordesillas, Laguna, Navarrés… «He tenido buena relación con todos los entrenadores y he sido seguidor de cada equipo, pero sin entrometerme»

l autocar es, se mire por donde se mire, parte esencial del fútbol. Un entrenador afamado como Helenio Herrera decía que ganarían un encuentro sin bajarse del mismo; otro como Maguregui se refería figurativamente a que lo pondría delante de la portería para evitar así los goles del contrario. Y es que este medio de transporte ha respirado balones, equipos y desplazamientos. Algunos guardan incluso el olor a linimento. Otros tuvieron malos recuerdos. Un 29 de agosto de 1949 cuando el Real Valladolid regresaba de disputar un amistoso con el Osasuna, el autobús de la expedición fue arrollado por un tren en Villafría (Burgos). No hubo que lamentar lesiones de importancia, más allá de las contusiones del masajista, el conductor y el encargado de material. Esta misma semana, el incidente del Huracán en Argentina…

La historia de Antonio es la de un emprendedor que se instaló en Alaejos tras hacer el servicio militar en Cáceres. En el pueblo vallisoletano, a mitad de camino de Salamanca, decidió dedicarse a trasladar a sus paisanos que trabajaban en la construcción del ferrocarril. Más tarde utilizó ese mismo microbús para acercar a los obreros en la incipiente construcción que poblaba Valladolid. En ocasiones, incluso era él el que les buscaba el empleo. Allí en Alaejos echó raíces. Entonces era transportes ‘El andaluz’ hasta que Antonio, el hijo, se puso al frente del negocio y le cambió el nombre para ser Autocares Álvarez. Compró un autobús más grande en 1982 y a partir de ahí se instaló en la ciudad y comenzó a crecer.

Con 24 años, Antonio ya empieza a dedicarse a trasladar equipos de fútbol por la provincia. El primero fue la Gimnástica Medinense con el que permanece 18 temporadas. «Muchos de los jugadores eran de mi edad o mayores que yo», relata. En el primer viaje y el primer equipo aparece José Antonio Tejedor de técnico de la Gimnástica en Tercera división. Luego Damián Recio, el entrenador que llevó al equipo hasta la Segunda B. Una heroicidad no exenta de picardías. «Esa campaña, en un partido jugado en Briviesca, la Medinense ganaba por un gol y el árbitro se confundió y pitó el final diez minutos antes de que se cumpliera el tiempo. Cuando estaban intentando aclarar el error, Damián se acercó y me dijo: «Abre el autocar y que cuatro jugadores se metan allí escondidos sin ducharse». Luego le diría al árbitro que varios futbolistas ya se habían ido en coche. Que tenían exámenes. «Y así no se jugó más del partido”, señala Antonio.

En el último encuentro, la Gimnástica fue capaz de doblegar al Valladolid Promesas en el Zorrilla por 0-1 con gol de Ricardo, privando a los blanquivioleta de un ascenso por ellos conquistado. Ya en Segunda B, los desplazamientos para jugar contra los filiales de Betas y Sevilla, Córdoba, Badajoz fueron una constante: «Se viajaba mucho incluso en el día. Salíamos a las cinco de la mañana para llegar a comer, jugar y de vuelta». Antonio, de jefe y de conductor, era uno más del plantel: «Comía con ellos y si nos quedábamos a dormir, también. He tenido siempre buena relación con todos los entrenadores y he sido seguidor de cada equipo, pero sin entrometerme». No solo compartió carretera, por lo tanto; también manta, que les arropara un poco. Hasta el punto que en una ocasión en el Vicente Calderón y contra el Atlético Madrileño, el míster Damián le preguntó en bromas si quería debutar en un campo de Primera. Y es que Antonio jugó al fútbol de central en el juvenil de la Sagrada Familia enfrentándose al Asklepios de Ramón Martínez, al Racing Valladolid de los ‘Soletes’, al Cristo Rey de Miguel Hernández o al Zorrilla de Santi Llorente.

Con el autocar su vinculación al fútbol federativo llegó desde la Federación Oeste y luego la delegación provincial de Valladolid. La confianza generada de prestar servicios y esperar pacientemente ha propiciado que Antonio sea desde hace mucho tiempo ‘su’ conductor. Para muestra, el botón de ser ya un fijo en las 22 ediciones del Trofeo Diputación Provincial. Igual sucede con los clubes: «No les aprieto mucho con los cobros», dice paciente. Tras la Medinense trabajó con el Laguna, y ahora lo hace con Tordesillas, Victoria, Navarrés, y desde hace dos décadas con el Betis, al que guarda un especial cariño a base de años y de su relación con Ardoy, con ‘El Peque’... Ha vivido sus ascensos a División de Honor y de allí ha visto salir a dos jugadores que ahora militan en Primera como Sergio Escudero (Sevilla) y Héctor -Litri- (Real Sociedad) este también del Victoria. Y sobre todo ha visto mucho, muchísimo fútbol… «En las buenas épocas me conocía a casi todos los jugadores».

Entre el transporte de colegios, institutos, Fasa, viajes discrecionales y de equipos, Antonio ha superado con creces los 2 millones de kilómetros. Para una sola cosa no tiene especial interés ni recorrido: para personalizar con los colores de un club uno de los cuatro autobuses de su propiedad. «¡Y sí que me lo piden, eh!».