Real Valladolid

A BANDA CAMBIADA

Trescientas veces Rubio

Toda una vida me estaría contigo, no me importa en qué forma, ni dónde, ni cómo, pero junto a ti. Trescientos partidos lleva Álvaro Rubio, toda una vida como canta el bolero, en primera división y en segunda, lesionado y a pleno rendimiento, como fiel infantería y ascendido a capitán del escuadrón. Y siempre junto al Real Valladolid.

Hace unos meses comentaba en estas mismas páginas que Álvaro Rubio es de esos jugadores a los que se les echa de menos cuando todavía no se han ido, porque obliga a extrapolar a la retirada definitiva, la dificultad que entraña llenar su hueco en el campo cuando su ausencia es todavía temporal. Y no deja de ser preocupante que toda la estructura del equipo, y casi del club mismo, se sujete sobre una persona que, para esto del fútbol, ya no es joven pero es audaz, que cantarían Los Rodríguez, y baila siempre al compás… Bien, quizá no sea exacto, en realidad es él quien hace que todos se muevan al ritmo que propone.

El domingo pasado, cuando el centro del campo comenzó a zozobrar como el barco antes de salir al encuentro de una tormenta, la presencia del hombre callado, como ausente, de labor oscura, que se ha convertido en el eje gravitacional sobre el que giran todos sus compañeros, consiguió que el equipo recuperara el equilibrio necesario para salvar un punto, que pudieron ser los tres si, como a la Gran Armada de Felipe II, se hubiera enviado al Real Valladolid a disputar un partido y no, además, a luchar contra los elementos.

A estas alturas, cuando por la megafonía de todos los campos de España se ha nombrado trescientas veces a Álvaro Rubio con la blanquivioleta, se hace necesario preguntarse si alguien desde dentro de la dirección deportiva del club ha mirado más allá de la propia supervivencia diaria de la entidad y está trabajando en un verdadero plan B que poner en marcha, desde las categorías inferiores o trayéndolo de fuera, para el día en el que Rubio dé un paso al costado porque sus pulmones ya no pueden insuflar aire a sus compañeros y sus piernas no ejecutan tan rápido como piensa su cabeza. Alguien que, sin hacer olvidar, no traiga a la memoria los recuerdos de una ausencia. Hasta entonces -entre la utopía y su leyenda- deseo que cumpla muchos más.