Real Valladolid

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Génesis del ‘cowboy’ Roger

Roger Martí, de niño, disfrazado de vaquero.
Roger Martí, de niño, disfrazado de vaquero. / El Norte
  • El delantero recuerda a su familia en cada gol que marca y su pasión infantil por los vaqueros

Los sueños infantiles de Roger Martí (Torrente, Valencia, 1991) laten en cada gol que anota: sus manos se convierten en improvisados revólveres que disparan al aire para celebrar el acierto ante los porteros rivales. La simulada balacera posee un origen muy determinado:la pasión que sentía de niño por las películas del Oeste y una foto suya disfrazado de ‘cowboy’ que aportó su familia a un documental-entrevista elaborado por el departamento de prensa del Levante cuando Roger marcó su primer tanto en la élite. «Entonces, tras ver la foto, dije que celebraría cada gol como un vaquero para dedicárselo a ellos», explica el actual delantero del Real Valladolid.

Roger (o ‘Roge’, como le llaman sus allegados) destacó desde muy pequeño como un voraz goleador. Sus primeros recuerdos datan del club social donde se reunía con sus amigos en la urbanización donde creció. Luego, en el Serranos, el club situado junto a su casa de Torrente, en el que militó hasta categoría juvenil. Cada año, Roger brilló más intensamente hasta que marcó ¡80 goles! en una sola campaña y fue captado de inmediato por la estructura del Valencia. «A partir de ahí, se cumplió un sueño. De estar en el equipo de tu barrio, y llegar a casa con la ropa llena de arena, a jugar en una cantera como la del Valencia a otro nivel, con campos diferentes, utilleros, la ropa preparada... Veía a la gente jugar allí y decía: ‘madre mía, no sé si voy a poder llegar a ese nivel’».

Roger recuerda que le «costó un poquito» hacerse un hueco, pero pronto alcanzó la titularidad y siguió rompiendo récords. «No sé si habrá habido algún jugador en la cantera del Valencia que haya metido tantos goles como yo. Logré más de 25 por temporada en los tres años que estuve en el Juvenil. En el último año, en División de Honor, ganamos la Liga y perdimos ante el Real Madrid en la final de la Copa que disputan todos los primeros de grupo. Fue un año inolvidable en un equipo increíble en el que militaban Carles Gil, ahora en el Aston Villa, Isco (Real Madrid), Paco Alcácer (Valencia) o Portu (Albacete)».

El apoyo de la familia

El delantero valenciano tiene siempre muy presente a su familia: su padre, Rogelio, director en España de la empresa HZPC, una multinacional dedicada a las semillas de las patatas en la que también trabaja su tío y que anteriormente dirigió su abuelo;su madre, Julia, una abogada que dejó de trabajar cuando nació su tercer hijo,y sus hermanos menores Berta (22 años) y Bruno (a punto de cumplir 14 y prometedor tenista). «Siempre me han apoyado muchísimo», relata.

De carácter afable, Roger Martí hace amigos en todos los equipos en los que ha militado. «En el Zaragoza, por ejemplo, Álvaro González, que ahora está en el Espanyol, o Sergio Cidoncha, que juega en el Albacete. En el Levante, Toño y Rubén son como hermanos para mí. Ahora, en el Real Valladolid, están Mojica o Borja». En el caso de ‘Moji’, aparece una conexión generacional que permitió una rápida sintonía. «El año pasado, prácticamente todo el equipo estaba compuesto por gente mayor. Mojica y yo éramos los pequeños, por decirlo de alguna manera. Hacíamos mucha vida fuera del equipo y eso nos unió mucho».

La complicidad entre ambos llevó a la celebración con máscaras cuando Roger marcó hace dos jornadas en San Mamés ante el Bilbao Athletic. «Fue un despiste no haber preguntado si eso suponía tarjeta amarilla. De haberlo sabido, no lo habríamos hecho, pero nos dejamos llevar por la emoción. Es verdad que pudo ser negativo para el equipo, pero después de ganar 0-1 en un campo tan difícil nos extrañó que se hablase casi más de eso que de los tres puntos que logramos».

Hip-hop y música negra

Roger Martí es un futbolista que mantiene un ritual definido cada fin de semana. El día anterior a los choques se queda en casa viendo algún encuentro en televisión, cena y se va pronto a la cama. «Antes de los partidos me gusta visualizar las jugadas que pueden darse y verme metiendo goles. En el trayecto del hotel al estadio, escucho música, especialmente hip-hop y música negra. Me gustan artistas como Chris Brown».

Roger, tras marcar ante el Numancia el pasado domingo

Roger, tras marcar ante el Numancia el pasado domingo / Gabriel Villamil

Pero si algo motiva a este jugador hipercompetitivo es la afición del Real Valladolid, con la que mantiene un idilio. «Desde que vine aquí la pasada campaña, la gente me apoyó mucho. Apenas llevaba tres o cuatro partidos como titular y un par de goles cuando llegó el palo de mi lesión. Ahí fue cuando más sentí a la gente. Me sorprendía que me apoyaran tanto, recibía un montón de mensajes cada día, seguían mi recuperación y eso me dio una fuerza increíble. ¡Ycómo se volcaron luego cuando volví a jugar! Yo lo valoro un montón. Si estoy otra vez en Zorrilla se debe, en una gran parte, a ellos. Yo normalmente salgo al campo al cien por cien, pero aquí lo hago al doscientos por cien. Los aficionados del Real Valladolid se merecen que lo deje todo en el césped».

En el capítulo de las decepciones recientes aparece Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’. «No nos vamos a engañar: me sorprende que el técnico que el año pasado me lo dio todo y apostó por mí tras la lesión, dejara de contar conmigo en el Levante, cuando me encontraba en un gran momento y era titular. No estaba teniendo fortuna ante el gol, pero hacía bien las cosas. Sin embargo, ahora estoy aquí y no le doy más vueltas».

Roger solo tiene un objetivo: «Dejar al Real Valladolid en Primera. Luego, ya veremos qué pasa con mi contrato, porque depende del Levante». Tenaz y enfocado en sus metas, este vaquero de gatillo infalible suma tres goles en los dos partidos que ha disputado como titular tras su retorno a Zorrilla. «Estoy con una confianza enorme», dispara. «En el Levante jugaba muy bien y tenía dos o tres ocasiones por partido, pero pegaba en el palo o me la sacaban en la línea. Aquí, con menos, estoy logrando mucho más. ¡Esperemos que siga la racha!».