Real Valladolid

a banda cambiada

Investidura

España echa humo estos días a cuenta de los pactos, los acuerdos y la aritmética parlamentaria. Un país de dos orillas, partido en cuatro, que trata de renacer de las cenizas que dejó la crisis y los reproches mutuos. Una lucha por el poder que deja a los actores políticos representando una obra de tinte ‘shakesperiano’ donde no faltan las intrigas palaciegas y las puñaladas por hacerse con el Trono de Hierro a este lado del Mar Angosto; cuando la sociedad, quizá, lo que querría desde el patio de butacas es verlos encarnar la suavidad y elegancia con la que partidos de todo signo y color llegan a acuerdos en la serie danesa Borgen.

El Real Valladolid se encuentra en una tesitura similar. La recuperación no termina de traducirse en puntos y, llegados a este momento de la temporada, no sabe si lo que precisa es profundizar en la senda emprendida desde la llegada de Miguel Ángel Portugal, un cambio de contenido reformista o una revolución completa en todo lo que hasta ahora se ha hecho.

Como le ocurre al encargado de intentar formar gobierno, a día de hoy al equipo le faltan puntos para coronar con éxito su investidura, ya sea en primera vuelta con un ascenso directo, como en una segunda ronda en el que una mayoría simple permitiría hacerlo vía ‘play-off’. El equipo ha sumado demasiados empates que, cuando vienen fuera de su estadio, suelen contener el regusto del triunfo por aquella concepción clásica del fútbol según la cual el dueño del campo tiene un plus de motivación y ánimo por jugar rodeado de los fieles a los que se debe; pero que, sin embargo, cuando ese punto conseguido lo es tras un partido en Zorrilla diera la sensación, y usando la terminología reinante estos días, de que el equipo no obtuvo los apoyos suficientes ni siquiera entre su propia bancada. Por ahí viene la sangría de puntos que se ha ido dejando por el camino hasta aparecer, el Real Valladolid, en mitad de la tabla perdido, despistado como Vincent Vega buscando el interfono de la casa de Mia Wallace.

El Real Valladolid tiene que hacer de su estadio un fortín y seguir sumando fuera para convencerse a sí mismo y al resto de candidatos de que su investidura es posible. Si no lo hace, no quedará más remedio que someterse a nuevos comicios la temporada que viene algo que, como en España, nadie desea. Creo.