Real Valladolid

desde la banda

Cata, la primera piedra

La semana pasada leímos que Cata iba a renovar por el Real Valladolid. A mí, que no le conozco de nada y que nunca le he visto trabajar me hizo más ilusión que si hubieran renovado la cesión de Kepa. Resulta que le he oído en alguna entrevista y me gusta su método de trabajo. Es realista en cuanto a los medios de los que dispone y los resultados y sobre todo no vende humo.

«Con captación, formación, progresión y competitividad cualquier cantera debería poder plantarlos en el primer equipo. Un modelo ideal necesita de unos cinco años. El objetivo pasa por disponer en ese tiempo de un par de jugadores en cada categoría con opciones reales de llegar arriba», podíamos leer en la noticia que firmaba Arturo Posada donde se hablaba de su renovación. Creo que he escrito en estas líneas tantas veces que el futuro de este equipo pasa por la cantera que puedo resultar aburrido con el tema. Cantera, ojeadores en la comunidad y la Segunda B deben ser el vivero del Real Valladolid si queremos seguir teniendo equipo dentro de diez años.

Ya dije en estas líneas hace un par de años que recordaba la época en que dos personas se encargaban de la dirección deportiva del club. Ramón Martínez y Santi Llorente tenían una buena red de ojeadores y con ellos, en el primer equipo había tantos jugadores locales que podíamos traer a futbolistas como Yáñez o Da Silva.

Ya sé que el fútbol ha cambiado y que eso hoy es imposible. Sería como pensar que jugando con canteranos se podría fichar a un jugador del nivel de Robben a los 23 años. Cata es esa primera piedra que se pone cuando se inicia una obra. Sobre esa piedra hay que poner los cimientos del futuro de un equipo con más de 80 años de vida. Pero la labor de Cata y de todos los entrenadores de las categorías inferiores será en vano si luego priman otros intereses que relegan las oportunidades a solo un partido de Copa y veinte minutos de algún partido sin trascendencia.

Cincuenta jugadores fichados entre el primer y segundo equipo en año y medio es un error que no nos podemos permitir. Es algo así como dejarse el grifo de la cocina abierto para llenar un pantano. No lo vas a llenar y lo único que vas a hacer es derrochar agua. Y si no se derrochase el agua en llenar pantanos, quizá no haría falta construirlos. Pues eso.