Real Valladolid

A banda cambiada

El traje nuevo del emperador

El partido del domingo provocó que al Real Valladolid se le aparecieran de golpe todos los fantasmas de antes y de ahora con los que viene conviviendo. Una suerte de enemigos íntimos que de unos años a esta parte han echado raíces en el hecho diferencial de la entidad. Un equipo temeroso, inseguro, sin juego y sin alma. Da igual que cambien las plantillas y los entrenadores, da igual si es en Primera o en Segunda división, los espectros se aparecen como a Scrooge se le aparecía el espíritu de Marley, hasta el punto de que cualquiera podría pensar que club está maldito porque alguien construyó el estadio sobre un antiguo cementerio indio.

Cuando el equipo tuvo en su mano engancharse a una pelea que quizá nunca ha hecho suya, cuando se vio en la necesidad de dar un paso hacia delante, cuando le llegó el momento de salir de la mediocridad que marca la clasificación, quedó despojado. O quizá ya lo estaba antes, venía así de serie, desde la pretemporada y, como en el cuento de Hans Christian Andersen fue el Huesca el encargado de gritar a los cuatro vientos que el Real Valladolid estaba paseándose por la categoría completamente desnudo. Con la intensidad como único traje con lo que tapar las vergüenzas, cuando aquella se esfumó aparecieron todas las carencias de golpe. Sin fútbol y sin orgullo. Triste, desdibujado, en blanco y negro, deambulando por el campo como un fantasma porque el domingo dio la sensación de que, como al protagonista de El Sexto Sentido, aun sin saberlo todavía, el muerto era él.

Lo que realmente amarga de lo visto el último día es la sensación que deja el partido de dar por cerrada la temporada antes de que llegue la primavera por más que desde dentro el vestuario se hagan conjuras y llamamientos al sí se puede que, por manoseado, han dejado de sonar creíbles para todos menos para los seguidores. Como el que acude a ver a su hermano, la afición se volverá a desplazar en masa a Oviedo movidos por la fe y el apoyo al que menos lo merece porque, sin embargo, es cuando más lo necesita. Ya no se pide que el Real Valladolid luzca sus mejores galas ese día, simplemente se anhela que, al menos, salga vestido a recibirlos.