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Los héroes no cantados

Tres empleados del Real Valladolid, ayer, en tareas de mantenimiento del césped de Zorrilla tras la final de la Copa de rugby
Tres empleados del Real Valladolid, ayer, en tareas de mantenimiento del césped de Zorrilla tras la final de la Copa de rugby / A. P.
  • El club blanquivioleta se volcó con la Copa del Rey de rugby y los empleados de la entidad trabajaron a destajo en las últimas horas para que nada fallase

Los empleados del Real Valladolid volvieron a dar un ejemplo de trabajo lejos de los focos. Su papel fue decisivo para que la organización de la Copa del Rey de rugby resultase un éxito y se esforzaron para que la gran final se desarrollase sin problemas. Los encargados del mantenimiento del césped, por ejemplo, llegaron al estadio José Zorrilla a las cuatro de la tarde del sábado 16 de abril para el partido entre el Real Valladolid y el Real Zaragoza. Se marcharon a las cinco y media de la madrugada del domingo y volvieron a las diez de la mañana para otra larga jornada que culminó a las 16:30 horas. Fue casi un día de trabajo ininterrumpido, con apenas tres horas para dormir. Jorge Santiago, director general del Real Valladolid, y Jesús Navarro, jefe de instalaciones blanquivioleta, ni siquiera contemplaron el sueño como una opción:los dos aguantaron despiertos en Zorrilla durante toda la madrugada hasta la tarde del domingo.

El estadio vivió un frenesí desde el mismo momento en que finalizó el partido entre el Real Valladolid y el Real Zaragoza. Las porterías se retiraron y los trabajadores comenzaron a quitar la huella del césped. Una empresa externa (Eulen) inició los trabajos de limpieza en las gradas. La Fundación Municipal de Deportes (también artífice del éxito y que, como el concejal de Deportes, Alberto Bustos, ha trabajado con mucha efectividad en la sombra) se encargó de transportar y colocar los palos de rugby. Los empleados del club blanquivioleta cubrieron con pintura verde las líneas futbolísticas y trazaron las marcas del rugby. La humedad de la noche complicó la operación: hubo que dar tres pasadas en lugar de una.

A las 7:30 de la mañana del domingo, todo estaba preparado. Miembros de la Casa Real llegaron dos horas más tarde para someter las instalaciones a intensas medidas de seguridad. Se utilizaron perros para detectar posibles explosivos y se peinó hasta el más mínimo recoveco de Zorrilla. Personal de la Casa Real se ubicó en los accesos para controlar la entrada de las personas acreditadas. Las puertas se abrieron a las 10:25, cinco minutos antes de lo previsto.

El trabajo también resultó intenso para Mariano Mancebo, director de comunicación, y Mario Miguel, jefe de prensa, encargados de echar una mano a sus colegas de VRAC y El Salvador. La coordinación fue perfecta porque el evento estuvo muy bien organizado por todas las partes.

Durantes las semanas previas, la actividad para emitir las más de 25.000 entradas fue considerable. Cristina Rodríguez, encargada de la elaboración de las localidades con las maquinas del Real Valladolid, solventó con el personal del club los inconvenientes que se presentaron ante la avalancha de peticiones y la anulación y reimpresión de algunas entradas erróneas.

El césped aguantó bien

El césped de Zorrilla no sufrió tanto como se temió en un principio. Ayer, solo eran visibles algunas zonas especialmente levantadas, principalmente en el centro. Los tacos que emplean los jugadores del rugby en la actualidad son muy similares a los de los futbolistas. Además, durante las últimas semanas, los males del terreno de juego se han corregido. «Ha mejorado ostensiblemente y no solo por el aspecto. Hay más hierba y, sobre todo, han mejorado las raíces que aumentan la capilaridad del suelo y hacen que drene mejor», explica Jorge Santiago. Un técnico valorará ahora si conviene o no retirar de forma inminente los bloques de hormigón instalados bajo el césped para la colocación de los palos de rugby. Aún no se ha decidido.

Las dos invitaciones reservadas para que el Real Valladolid estuviese representado en el palco de autoridades no se emplearon. La organización invitó al presidente blanquivioleta, Carlos Suárez y al director general Jorge Santiago, pero ambos declinaron. Suárez, que no ha acudido por motivos de salud a los últimos partidos del Real Valladolid, tampoco se encontraba en disposición de asistir a este evento. Santiago optó por seguir trabajando a la hora de la final de rugby en otras zonas del estadio. «Había que estar pendiente de muchas cosas. Cuando empezó a llover fue un momento crítico: no sabíamos si los espectadores querrían ir a las zonas cubiertas y había que prever cómo organizar a la gente y a los vigilantes», apuntó el director general.

Los trabajadores del Real Valladolid volvieron ayer a la rutina, algo cansados, pero con la satisfacción del deber cumplido. Acostumbrados al esfuerzo, el intenso fin de semana ha puesto a prueba su resistencia física. Pero, como dice su jefe, Jorge Santiago, «han sido días absorbentes, pero divertidos». «Nos ha gustado ayudar en un evento así».

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