Real Valladolid

desde la banda

Referéndum

Veinticinco de junio de 1991. Martes. Pabellón Huerta del Rey. Allí, un idolatrado Gonzalo Gonzalo elegido por aclamación popular presidente del Real Valladolid por sus «éxitos» en el baloncesto, había convocado a los socios a una asamblea. Javier González titulaba ese día en las páginas de este periódico: «Los socios del Real Valladolid decidirán hoy el futuro inmediato del club». Las alternativas eran dos. La primera consistía en un proyecto deportivo con la continuidad de Maturana, Caminero y Valderrama, y la segunda, un proyecto basado en la cantera con los jugadores que dos días antes habían logrado el ascenso en Burela a Segunda B. La primera llevaba consigo un aumento del precio de los abonos entre un veinte y un treinta por ciento.

Merece la pena leer la crónica al día siguiente de Javier González. El titular era «Los socios del Real Valladolid aprobaron el ‘Proyecto Maturana’». Y en el interior de la noticia cuenta: «No hubo color a la hora de la votación. Los resignados se abstuvieron. La gran mayoría levantó la papeleta blanca. Rojas con el NO, apenas si aparecieron una o dos».

Comienza la temporada con un descenso notable en el número de abonados y la campaña acaba con el equipo en Segunda, Gonzalo Gonzalo fuera del Real Valladolid y con el club al borde de la desaparición en dos ocasiones (todo ello en una temporada).

Algo parecido pasó en la temporada 2009-2010 aunque sin referéndum. Fue el año en que el récord de abonados del club respaldó la labor deportiva de Suárez y Olabe y que nos llevó a segunda con la plantilla más dividida de la historia.

El Real Valladolid hoy no es de los socios como lo era en junio de 1991. No tenemos derecho a decidir porque nosotros no arriesgamos nuestro patrimonio. Además he puesto un ejemplo en el que al preguntar al aficionado se tomó la decisión incorrecta y otro en que sin preguntarnos dimos el visto bueno. Los aficionados somos muy cobardes. Preferimos cartera a cantera y cuando sale mal la culpa solo es de quien manda. Incluso el 30 de enero estábamos dando palmas con las orejas por los fichajes de Roger y Renella en vez de dar oportunidades a Toni o Caye.

Pero el Real Valladolid nos pertenece aunque ya no sea nuestro. Sigue siendo un club deportivo aunque sea una sociedad anónima. Y como dije la semana pasada, necesitado de una planificación deportiva. Creo que este sería un buen año para que nos pregunten a los que quedamos de masa social que futuro queremos. Y a final de año repartir culpas... o alegrías.