Real Valladolid

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El gran impulso futbolístico de Anuar

Anuar Mohamed, ayer en las inmediaciones del estadio José Zorrilla
Anuar Mohamed, ayer en las inmediaciones del estadio José Zorrilla / Ricardo Otazo
  • El canterano ceutí repasa su trayectoria tras debutar en Segunda y anhela renovar para dar el salto al primer equipo

«De pequeño, yo era un goleador nato», relata Anuar Mohamed Tuhami (Ceuta, 1995), el último canterano del Real Valladolid en debutar en Liga con el primer equipo blanquivioleta. «Me fijaba mucho en Ronaldo [Nazário de Lima]. ¡Hasta me cortaba el pelo como él! Me rapaba la cabeza y me dejaba el flequillo por delante. Era moreno y tenía la cara redonda, así que hasta me parecía un poco», ríe divertido.

En aquellos tiempos de ‘ronalditis’, Anuar vivía en su ciudad natal y allí llamó pronto la atención con la pelota. Sus primeros recuerdos futbolísticos se remontan al colegio San Agustín de Ceuta, donde entró con tres años. «Me acuerdo de una sala pequeña, de un balón de plástico y de los cañonazos que dábamos a una puerta frágil que retumbaba mucho cuando estaba en párvulos. En primero de Primaria ya me federaron».

Anuar se convirtió entonces en «un pulmón» que no escatimaba esfuerzos para correr de arriba abajo. «Al principio chupaba muchísimo. Cogía el balón e intentaba llegar a la portería contraria. Si lo perdíamos, ya estaba como un tiro abajo para defender. Mi padre me empezó a echar la bronca para que jugase más con mis compañeros. Seguía llegando arriba, pero ya me hacía más ilusión dar el pase de gol que marcar».

Los ojeadores del Fútbol Club Barcelona tomaron nota de las habilidades del eléctrico Anuar durante un campeonato de España, cuando aún era alevín de primer año. Le citaron para una semana de pruebas en La Masía que incluyó la disputa de un torneo con el Alevín B del Barça. «Allí vi que era algo serio y que llamaba la atención». Finalmente, no se quedó y volvió a Ceuta con su familia.

Adaptación a los Anexos

Entonces, apareció el Real Valladolid en su camino. Anuar tenía 13 años y descollaba en Ceuta. En las categorías inferiores del club blanquivioleta militaba el portero ceutí Pablo Antón. «Él fue quien me recomendó», desvela Anuar. «Llamaron a mi padre, me dio la noticia y acabé encantado. Vinimos a Valladolid, probé una semana y me propusieron quedarme. Estaba muy contento».

La adaptación no le costó mucho porque Anuar se encontró un ambiente muy acogedor en la Residencia de Jugadores del Real Valladolid. «Yo era infantil y allí había juveniles con 18 o 19 años... Por mi edad, 13 años, me veían como al pequeño de la Residencia. Me cuidaban muy bien y no recuerdo que estuviera triste. Bajar a los Campos Anexos a entrenar por las tardes me parecía un sueño. En Ceuta no teníamos ese nivel de instalaciones. Allí nos ejercitábamos un par de días... si había campo. Aquí me entrenaba con chicos de mucho nivel, con buenos campos de entrenamiento, técnicos muy capacitados que me hacían mejorar muchísimo. Ese primer año acabé encantado».

En Valladolid, Anuar se forjó definitivamente como mediocentro. Si de niño se miraba en el espejo del atacante brasileño Ronaldo, con los años empezó a fijarse en el talento de centrocampistas de la talla de Sergio Busquets o Xavi Hernández. Y en Pucela encontró otro referente. «Cuando bajaba al campo, me fijaba en Álvaro Rubio, un futbolista que siempre ha tenido una claridad de juego impresionante, con buena salida de balón, bien posicionado y dando ventajas a los compañeros. Miraba a los grandes jugadores internacionales, pero también a los de la casa. Álvaro Rubio ha sido un grandísimo jugador y lo sigue siendo. ¡Y ahora estoy entrenando con él!».

Durante las últimas dos temporadas, Anuar ha contemplado la llegada de muchos mediocentros al primer equipo del Real Valladolid: André Leão, Pedro Tiba, David Timor, Borja Fernández... «Es lógico, se trata de una posición muy importante. Contar con buenos jugadores ahí da muchas ventajas. En este tiempo, yo decía ‘uf, me va a costar porque son unos cuantos y son muy buenos’, pero nunca perdí la esperanza. Yo me veo capacitado para jugar en cualquier momento y no me siento inferior».

La pasada campaña, Anuar debutó en Copa con la plantilla profesional de la mano de Joan Francesc Ferrer ‘Rubi’ ante el Girona. El pasado domingo, Alberto López le dio la oportunidad de hacerlo en Liga frente al Lugo. «Me pidió que aguantara el centro del campo porque el partido estaba un poco roto, alocado, y encima íbamos perdiendo. Mi misión era mantener la posición y jugar de manera fácil. Fue bonito debutar en la Copa del Rey, pero la Liga siempre es algo más especial».

Su familia

Anuar Mohamed es el quinto de siete hermanos, cuatro chicos y tres chicas, con edades que abarcan desde los 31 años de la primogénita Fátima a los 12 del más pequeño. Su padre, Ahmed, posee varios negocios de hostelería en Ceuta (restaurante, cafetería, bar de copas) y su madre, Yamila, ayuda a su marido con las cuentas del negocio al tiempo que cuida de los hijos más pequeños del matrimonio. «Mis abuelos son de Marruecos. Entraron a España para buscar un futuro mejor y encontrar trabajo. Mis padres ya nacieron en Ceuta».

«A mi padre le gusta mucho el fútbol», relata Anuar. «Cuando yo estaba en Ceuta, nunca faltó a un partido en el que yo participase. Mi hermano mayor, Mohamed, también jugaba. Era bastante rápido y buen futbolista. También se había formado en el colegio San Agustín de Ceuta, pero quiso irse a jugar al Goyu-Ryu. Mi padre le recomendó que no lo hiciera porque en el San Agustín tenía a sus amigos y pensaba que se aburriría pronto. Fue lo que sucedió: al poco tiempo se cansó y dejó el fútbol. Mi padre dice que, si hubiera tenido la cabeza puesta en su sitio, habría llegado lejos. En mí, en cambio, veía a un chico más aplicado, que sabía lo que quería. Me acompañaba siempre. Ahora sigue haciéndolo y viaja a verme cuando me convoca la selección de Castilla y León».

Religión

La fe cobra un papel muy importante en la vida de Anuar, que creció en un ambiente multicultural de tolerancia. «Nosotros somos musulmanes, una religión que en Ceuta tiene un porcentaje muy alto. Allí convivimos unas cuantas culturas:cristianos, musulmanes, judíos, hindúes... Nos tratamos muy bien todos. Cada uno respeta las otras creencias y se puede vivir perfectamente».

Como buen musulmán, Anuar rechaza el fanatismo yihadista. «Los propios musulmanes no perdonamos a estos extremistas que están derrochando el caos en la Tierra. Ensucian nuestra religión. No son verdaderos musulmanes porque un musulmán nunca haría daño a otra persona. La religión es paz. Hay que evitar los extremos. Yo no quiero saber nada de eso».

Anuar suele acudir los viernes a la mezquita vallisoletana de Delicias, donde hace unos meses había mucha representación blanquivioleta. «El año pasado iba con Ayub, mi compañero del Promesas que ahora está en el Guijuelo. Allí nos encontrábamos con Bergdich».

El contrato de Anuar en Zorrilla finaliza el próximo 30 de junio. Él se mantiene expectante. «No sé lo que pasará. El club está hablando con mi representante. Irme de aquí sería difícil. Me gustaría seguir en el primer equipo, pero es un asunto entre el club y mi agente. Uno quiere triunfar donde ha crecido. Llegué con 13 años y el Real Valladolid se me ha metido en el corazón».