Real Valladolid

A banda cambiada

El futuro es hoy

No hace tantos años, el Real Valladolid solía llegar a un acuerdo de mínimos no escrito con sus aficionados, según el cual fijaba la permanencia como objetivo a conseguir de oficio, como línea roja intraspasable, sin mayor gloria, casi como una suerte de obligación libremente adquirida entre la institución para con sus seguidores. Los abonados se mostraban satisfechos pero no había celebraciones, más allá de sonrisas de complicidad, una vez alcanzada la suma de puntos suficientes que confirmaban, la presencia del equipo una temporada más en la máxima categoría. Y la plantilla no salía a los micrófonos a solicitar reconocimiento y pregonar como gesta la consecución de una permanencia más o menos holgada pues, entonces, el hábitat natural del Real Valladolid era ese, la Primera División. Eran otros tiempos, viejos tiempos, buenos tiempos.

Hoy no queda casi nada de lo de antes, cantarían Celtas Cortos, y lo que hay, ha cambiado. El domingo pasado, el Real Valladolid consumó su permanencia, o casi, degradando el cumplimiento de aquel acuerdo de objetivos mínimos a la segunda división y acentuando, más todavía, la sensación de no haber llegado aún al fondo del pozo.

La caída libre en la que se encuentra la institución va a provocar que se acometa una renovación profunda, una revolución forzosa llevada a cabo por unas circunstancias tan desoladoras que ni los propios abonados acuden al estado a contemplarlas.

No creo, a diferencia de lo que se dice en los más elementales manuales de motivación y autoayuda, que en cada crisis subyazca una oportunidad salvo para trileros, embaucadores y demás tahúres que se aprovechan de la desesperación general para aplicar fórmulas mágicas, a caballo entre la ficción y la demagogia, con las que la única depresión que se abandona es la del bolsillo del propio vendedor de humo.

Estar en Segunda División no es oportunidad de nada, salvo de acrecentar las heridas que llevan a una entidad a desangrarse. Estamos hablando del Real Valladolid, y sin perder de vista quién es, debe planificar dónde está, dónde quiere llegar y el camino que va a seguir para conseguirlo. Sin experimentos pero poniendo los medios al alcance de la idea que se quiera tener de club. Decía Albert Einstein que él nunca pensaba en el futuro porque llegaba muy pronto. Tan pronto le ha llegado al Real Valladolid, que comenzó cuando el árbitro pitó el final del partido. El futuro nació el domingo, el futuro es ahora.