Real Valladolid

La final de la vergüenza

Este fin de semana muchos hemos estado pendientes de una verdadera final entre dos equipos españoles. El partido, que acabó en empate, fue dramático especialmente para una de las aficiones, acostumbrada a sufrir por los altibajos que su club ha vivido a lo largo de la historia. Por supuesto, no hablo de la Champions, me refiero al encuentro que se disputó el domingo en Elche, en el que el Real Valladolid consiguió un punto con el que aseguró la permanencia… En Segunda División. Lo escribo y sigo sin asimilar que nuestro Pucela, una entidad que debe aspirar a ser un conjunto histórico de Primera, haya podido llegar a esta situación.

El domingo, los hartos y fieles pucelanos (no solo los del Atleti son ‘pupas’) volvieron a estar pendientes de los transistores, bien porque no encontraban en la tele el partido, bien porque confiaban en que algún rival por la salvación pinchase. Haber pasado por este calvario y acumular ya varios años en los que no vemos a un equipo conjuntado y ganador, son razones evidentes para que muchas cosas cambien este verano. Lo primordial será recuperar al aficionado; a ese que antes no se perdía un partido y ahora se lo piensa dos veces antes de subir a Zorrilla o poner la tele y sobre todo al que, pese a la nefasta temporada, sigue ocupando su preciado tiempo libre en seguir las evoluciones de jugadores que no han honrado a la camiseta y al escudo más bonitos del mundo.

Pasará el verano y, seguramente, sigan en la entidad algunos de los que muchos señalan como culpables. Confiemos en que la limpieza sea todo lo concienzuda que se pueda y se forme un bloque que pueda volver a ilusionar. Imagino que la economía no permitirá nombres de postín, así que toca confiar en traer a jugadores con hambre y en propiedad y combinarlos con algún chaval del filial, pues supongo que alguno válido habrá. Difícil papeleta tiene la entidad y complicado reto asume Paco Herrera, pues la peor temporada que yo recuerdo como seguidor blanquivioleta no va a ser fácil de olvidar.

Han provocado que acabemos la temporada de uñas, reñidos con una sombra de lo que debería ser uno de los equipos bandera de Valladolid, al que han sobrepasado en actitud muchos otros conjuntos de la ciudad. Urge ver savia nueva, coraje y victorias por Zorrilla para devolver algo a la afición, esa que sí ha demostrado, un año más, tener una paciencia de Primera.