Real Valladolid

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Herrera proscribe la saudade en el infierno de Melgaço

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Los jugadores del Real Valladolid en su primera sesión de entrenamiento en el centro Stagios, en Melgaço. / ANTONIO VIDAL

  • El entenador blanquivioleta pone las pilas a la expedición, con una jornada de intenso trabajo a 33 grados tras un desplazamiento de 400 kilómetros

«Tenemos un día de p... m...;tenemos un entorno cojonudo y además tenemos a un portugués en el equipo. ¡Vamos!» Lo vendía el entrenador catalán del Pucela como si, con esas premisas, lo de ascender a Primera no fuera más que un trámite. Pero se trataba únicamente de poner en marcha el primer entrenamiento de la expedición pucelana en la localidad portuguesa fronteriza de Melgaço, donde durante diez días intentará corregir los primeros desajustes de una plantilla totalmente renovada, detectados en los primeros encuentros amistosos disputados la semana pasada en Laguna de Duero, frente al Toledo, y en Zamora, frente al Guijuelo y el equipo anfitrión.

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  • Primer entrenamiento del Real Valladolid en tierras portuguesas

En ambos casos, el Real Valladolid demostró su superioridad con victorias, pero Paco Herrera reconoció al finalizar los encuentros que había mucho trabajo por hacer y que buena parte de la responsabilidad era suya. De modo que admitió ante los periodistas que la concentración de veranos servirá para empezar a enmendar los desajustes. Y, aunque quedan nueves jornadas por delante y tres encuentros amistosos –Celta de Vigo, Pontevedra y Paços de Ferreira–, el entrenador blanquivioleta parece que tiene prisa. Al menos esa fue la impresión que dio por el ritmo que impone a sus entrenamientos y el desgaste físico al que somete a sus jugadores. Sin concesiones al calor sofocante que ayer aplastó a los integrantes de la expedición pucelana desde las 18:30 (hora local, una más en la España peninsular). Una hora y cuarto después, el preparador físico exigía «¡un minuto más»! a los jugadores que seguían trotando por el césped del Centro de Stagios de Melgaço. Fran Albert lo justificaba:«¿Hay que quitar el carboncillo que se queda después de un día de descanso!». Y los jugadores seguían corriendo, sudando y comprobando que siempre era más que un minuto. Terminaron haciendo el cangrejo, una práctica que propicia colegueo y algunas risas, además de ejercicio. En la primera jornada no permitió Herrera que la saudade –la nostalgia, morriña– tuviera lugar en el ánimo de la expedición. El trabajo hizo olvidar cualquier tentación de echar de menos otra cosa que no fuera la necesidad de colocarse entre los aspirantes a volver a Primera.

Antes de que la expedición pucelana iniciara su trabajo en el centro deportivo, jugadores del Braga portugués habían ensayado algunos test sobre el césped del complejo.

En el primer día de concentración, el central Guitián siguió su trabajo de recuperación, al margen del resto de los jugadores, que a las 21:00, hora local, hacían los últimos estiramientos.

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