Real Valladolid

Contaré que te vi jugar

Querido y admirado Álvaro:

Entiendo tu decisión. Me parece lógica, pero no por ello me fastidia menos. El implacable mundo del fútbol te ha llevado por delante. Injustamente. Que tu tengas que dejarlo y ver como Fernando sigue jugando con más de 40 años en el Atlético Valladolid no deja de resaltar esa injusticia que en ocasiones es el deporte de élite.

Pero no era esto lo que quería decirte.

Todavía recuerdo el día en que se anunció tu fichaje. Recuerdo que me pregunté quién eras. Llega del Albacete, decía el club. Fue internacional juvenil. Aquello no me decía mucho. Hasta que llegó Javier Yepes y me apuntó: «Eloy, era el escudero de Xavi en el equipo que ganó el Mundial de Nigeria». El escudero de Xavi. ¿Y que hace aquí? Y hablé con los compañeros de la edición de La Verdad en la capital manchega: «Es buenísimo -me dijeron-, pero llevaba un par de años a menos nivel. Os lleváis un grandísimo jugador y una extraordinaria persona». Proféticos los compañeros.

Recordar el año de Mendilibar, esa primera temporada tuya, no viene a cuento: todos nos acordamos. De tu gol en El Ejido, de la fluidez que le dabas al juego, de tu entrega, de tu generosidad, de tu profesionalidad. Fuiste una de las piedras angulares de aquel mágico año. Pero tu, como siempre, fuiste tan humilde que jamás te oí hablar de esa temporada. Y cuando lo hiciste fue para destacar a los demás.

Luego, es cierto, hubo algunas sombras. Sombras que no provocaste. De pronto, ignoro la razón, te silbaban sin entender que si no eras el mismo es porque tu generosidad te llevó a jugar sin estar en las mejores condiciones. Otro se hubiera borrado o se habría apartado. Y los aficionados lo hubieran entendido. Tu no. Tu eres profesional y honrado hasta el infinito y más allá. El aficionado al fútbol, desgraciadamente, no distingue muchas veces los detalles.

Pero, con todo, al final la justicia ha triunfado. Porque ha de ser así. De los pitos aquel día ante el Almería en que la espalda no te dejaba vivir, a un estadio en pie aplaudiendo el día del Córdoba la pasada campaña. Y entre medias el regate a Pedro y a Messi con el que frenaste una contra con esa clase que solo tu tienes. Y tantos detalles. E, incluso, tu silencio y trabajo cuando un entrenador decidió que debías quedarte en la grada partido tras partido.

Gracias Álvaro.

Gracias por estos años en los que, muchas veces, se me erizó la piel al verte jugar. Gracias por ser un vallisoletano más. Gracias por defender esa camiseta y ese escudo como lo has hecho. En el fútbol no se estila retirar el número, pero quizá ha llegado el momento de empezar.

Gracias Álvaro. Fue un placer. Inmenso.