Real Valladolid

Reacción insuficiente en Lugo y tercera derrota del Real Valladolid

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Un momento del partido. / R. GÓMEZ

  • Una pésima primera parte condena al equipo de Paco Herrera, que mejoró tras el descanso con varias ocasiones de gol

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El Real Valladolid jugó dos partidos en Lugo. Uno, en la primera parte, lamentable, patético, donde no funcionó como equipo y en el que vivió a expensas de su rival. En estos primeros 45 minutos, pudo salir goleado, pero solo encajó el tanto de penalti de Joselu que acabaría siendo decisivo. Otro encuentro diferente se desarrolló en la segunda mitad, con el Lugo más retrasado y donde el Real Valladolid logró disponer de ocasiones muy claras de gol, que, sin embargo, no cuajaron. En cualquier caso, la dinámica de resultados es devastadora: con tres derrotas en los últimos tres partidos, la crisis sobrevuela Zorrilla.

Porque el equipo blanquivioleta necesitaba lavar su imagen, pero salió al césped del Anxo Carro hecho un flan. ¿Cómo explicar, si no, que Iriome ejecutase un disparo a los 34 segundos, libre de marca en el segundo palo de Becerra? El Lugo detectó todos los problemas que aquejan al Real Valladolid, agravados en este desplazamiento. La seguridad defensiva estalló por los aires, el equipo perdió cualquier atisbo de solidez y se convirtió en un ejército de pollos sin cabeza. Con su fútbol de toque vertical, los gallegos tomaron la bandera y acosaron sin descanso a un Pucela barrido del césped. Seoane y Pita se adueñaron del control en el centro del campo, mientras Iriome, Campillo, Pedraza y Joselu no pararon de crear quebraderos de cabeza.

No funcionaba el Real Valladolid, romo en ataque, donde Raúl de Tomás solo aparecía a chispazos y con Jose y Mata desaparecidos. Álex López encontró a Mata, pero tardó en mandarle el balón y el extremo marcó en fuera de juego en el primero de los dos goles anulados por esta circunstancia. El Lugo siguió a lo suyo, agradeció la versión desteñida del Pucela y encontró en Becerra y Balbi dos aliados. El portero falló gravemente al no atajar un balón que parecía suyo. El rebote le llegó a Iriome, de espaldas a portería, al que zancadilleó el lateral izquierdo del Real Valladolid. Cordero Vega no pasó por alto el penalti y Joselu descerrajó su quinto gol de la temporada desde los once metros.

En lugar de sacar el coraje que reclama Paco Herrera, el equipo blanquivioleta se precipitó por el abismo durante toda la primera parte. Los saques de esquina empezaron a resultar una tortura. Primero, con un cabezazo de Iriome que desvió Lichnovsky. Luego, con un córner que remató Joselu y que tocó en Balbi. Y, sin solución de continuidad, otro saque de esquina en el que Becerra hizo el don Tancredo debajo del larguero y Joselu, ¡solo en el área pequeña!, remató mal, como si no esperase el tremendo regalo.

El Lugo pudo matar al Real Valladolid en la primera parte. Pedraza, por ejemplo, pecó de dadivoso en un mano a mano con Becerra. Y el propio extremo remató fuera un mal despeje de Rafa tras un centro de Iriome y el inevitable disparo de Joselu.

En medio del castigo, al Pucela se le apareció la única ocasión real de la primera mitad, un centro de Moyano al área que remató De Tomás, pero que atajó el atento José Juan.

Herrera ejecutó dos cambios en el descanso. Pagaron los platos rotos Igor Lichnovsky y Mata, sustituidos por Guitián y Ángel. El Real Valladolid se ordenó, logró hacerse con la posesión y el Lugo reculó. La imagen del Pucela fue muy diferente. Las llegadas al área de José Juan empezaron a sucederse y el conjunto de Paco Herrera buscó con ahínco el empate. Jose marcó a centro de Moyano, pero en un ajustado fuera de juego. El propio Moyano cayó en el área en otra acción, trabado ante la salida de José Juan, pero el árbitro no señaló un penalti que parecía evidente, para desesperación de los pucelanos. De Tomás falló el balón suelto en la continuación de esa jugada.

El mejor Álex López apareció en el tramo final, con diagonales precisas que sirvieron para generar ocasiones muy claras. Pudo aprovecharse Raúl de Tomás y también Jose, con una bella chilena. El gol rondó la portería del Lugo, pero no llegó. Una falta directa de Raúl de Tomás se estrelló en el larguero. Otro disparo del delantero rozó la madera. Y, en el último aliento, el propio De Tomás obligó a José Juan a estirar los dedos antes de un último córner que hasta Isaac Becerra subió a rematar. De Tomás estuvo inmenso en estos minutos, pero sin puntería. El 1-0 en Lugo supone el tercer mazazo seguido, pero la imagen de la segunda parte permite albergar esperanzas de una reacción próxima. Es, ahora mismo, el clavo al que agarrarse. Porque lo de la primera parte fue un horror que no puede repetirse.