Real Valladolid

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Raúl de Tomás, resiliencia y talento

Raúl de Tomás celebra su primer gol como blanquivioleta el pasado sábado ante el Huesca.
Raúl de Tomás celebra su primer gol como blanquivioleta el pasado sábado ante el Huesca. / Gabriel Villamil
  • El delantero madrileño del Real Valladolid prosperó en la cantera blanca a base de sacrificios y su reciente paso por el Córdoba como cedido le hizo ver la realidad del fútbol profesional

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Raúl de Tomás rompe algunos estereotipos que suelen acompañarle: no, no es dominicano; ni se cree una estrella surgida de la cantera del Real Madrid; tampoco tiene ademanes de tipo engreído. El delantero del Real Valladolid aparece más bien como un futbolista joven que empieza a desentrañar las claves que rigen el fútbol profesional.

Raúl de Tomás Gómez (Madrid, 1994) superó durante 14 temporadas las cribas que el Real Madrid ejecuta cada verano en su cantera. Vio llegar y marcharse a decenas de compañeros. Se sacrificó, supo elegir el camino correcto en el momento adecuado y se asomó al vestuario del primer equipo. Ahora, solo piensa en una eclosión profesional con la camiseta del Real Valladolid. El pasado sábado, ante el Huesca, marcó su primer tanto como blanquivioleta. «Como mínimo quiero hacer 15 goles aquí, pero espero que sean muchísimos más», apunta.

La historia de Raúl de Tomás se inicia a finales de la década de los noventa. Con cinco años, solía jugar con sus amigos en un parque de Parla, al sur de Madrid. La familia se trasladó a vivir a Algete y, como sus padres trabajaban en Barajas (poseen una autoescuela), Raúl de Tomás fue inscrito en el San Roque, un club del barrio.

«Allí fue donde apareció un ojeador», rememora. «Disputábamos un Alameda-San Roque y un emisario del Real Madrid se acercó a mi padre y le dijo que querían hacerme unas pruebas. Yo tenía siete años. Mi padre llegó de dar clases y me llamó: ‘hijo, ven aquí que tengo que contarte algo’. Me había llamado el Real Madrid para disputar el Torneo Social. Luego, llegó una carta para decirme que empezaba la pretemporada. Entonces era alevín B».

Raúl de Tomás había comenzado su carrera en el San Roque como mediocentro. Básicamente, surtía de balones a un compañero rapidísimo que corría la banda como un gamo. «Me hacía bueno, porque cogía la pelota y la metía. Luego, en el Real Madrid, empecé como delantero. Y hasta hoy».

Los entrenamientos con el club blanco se desarrollaban en la ciudad deportiva de San Sebastián de los Reyes. Todo resultaba diferente al día a día en el San Roque. A Raúl de Tomás le impactó, por ejemplo, ver en la primera sesión toda la ropa de entrenamiento perfectamente colocada. Aquí no había que preocuparse por hacer la colada en casa. Además, cumplía un sueño: desde pequeño era seguidor del club blanco, aunque solía asistir como socio junto a su padre a los partidos del Rayo Vallecano. Tras uno de los descensos del Rayo, no renovaron el carné y obtuvieron el abono para el Santiago Bernabéu.

De Tomás comprobó muy pronto que las categorías inferiores del Real Madrid no paraban de deglutir jóvenes futbolistas. «Veía que cada año salían diez jugadores y llegaban diez nuevos. Yo me mantenía, pero también pensaba que me podría tocar a mí. Intentaba aprender todo lo que podía. Por mi cabeza siempre pasaba una frase ‘¿y si no llego a nada?’. Pero también quería ser positivo y, cuando me veía en los últimos peldaños y las cosas iban bien, ya pensaba en el Castilla. Sí que es verdad que entonces tu cabeza cambia».

Español, no dominicano

Raúl de Tomás es hijo de padre español (que se llama como él y que jugó como delantero en equipos de Segunda B a finales de los años 80 y principios de los 90) y de madre dominicana (Mila). Esa ascendencia materna ha creado algunas confusiones: «A veces veía algún resumen y escuchaba lo que decían de mí: ‘ha marcado el dominicano’. No es que me sentara mal, pero no es así. Porque no soy dominicano:yo he nacido en Madrid. He sido convocado con todas las categorías de la selección española hasta la sub 21. Mi madre sí es dominicana, vino a España y conoció a mi padre. Luego, empezaron a trabajar juntos en la autoescuela».

Cuando Raúl de Tomás ya formaba parte de la cantera del Real Madrid, en el Cadete A, sus padres recibieron una propuesta del entrenador Miguel González ‘Míchel’ para que su hijo entrara como interno en el colegio SEK, en Villanueva de la Cañada. «Para mí era una oportunidad muy buena. Iba a estudiar y madurar. Yo entonces frecuentaba amistades un poco problemáticas. No tenía amigos futbolistas. Si hubiera seguido allí, no estaría donde estoy ahora».

Cuatro años como interno forjaron su carácter resiliente. «Muchos niños deberían vivir esa experiencia. Estaba solo, solo de verdad, y no hay mejor entrenamiento que ese». Su madre lo pasó especialmente mal, aunque muchos fines de semana, Raúl de Tomás veía a su familia. Ahora, su hermano Rubén también prueba la experiencia: forma parte de la plantilla del Juvenil B del Real Valladolid y vive con Raúl. «Le va a venir bien porque siempre ha estado con mi madre».

Llegada al Castilla

De Tomás llegó al Real Madrid Castilla en el verano de 2012. Una lesión en el hombro lastró su primera campaña. El curso siguiente demostró sus dotes de goleador:«Estábamos en Segunda División y descendimos, aunque una parte de la Liga sí que jugamos bien. Yo empecé a marcar goles, pero cometí un error, me sacaron una amarilla y cumplí ciclo de amonestaciones. Llegó otro delantero [el brasileño Willian José] y marcó un ‘hat-trick’ el fin de semana que yo estaba sancionado. A partir de ahí, todo se torció un poco para mí».

De Tomás fue convocado por el primer equipo del Madrid en choques de Liga ante Celta y Real Sociedad. «Sabía que no iba a jugar, pero solo entrar al vestuario y ver a esos jugadores... cualquier persona querría estar ahí». En Copa, sí que llegó a debutar, ante el Cornellá, en diciembre de 2014. «Fue una sensación increíble».

Raúl de Tomás pensó en salir cedido en la campaña 2014-2015, pero la llegada de Zinedine Zidane al banquillo del Castilla lo cambió todo. Zidane era el gran ídolo de De Tomás. «Pensé que sería un gran año y más con Zidane. Hablaba muchas veces con él y me dio una confianza extrema que no le supe devolver. Las cosas no me salieron».

Su cesión al Córdoba tampoco fue exitosa, aunque le sirvió para confrontar otra realidad. «Allí supe lo que era el fútbol profesional de verdad. En el Castilla no había presión: simplemente era un escaparate para salir o alcanzar el primer equipo. En Córdoba exigían ascender. Viví situaciones diferentes y me vino muy bien para afrontar este año en el Real Valladolid».

Preparación personal

Entre sus aficiones destaca el trabajo en el gimnasio y cuenta incluso con un entrenador personal, Pablo Arias, al que conoció en el Real Madrid y con el que se esfuerza por mejorar día a día. «Cuando me fui a Córdoba, le dije si quería venir a trabajar conmigo para que me llevara la alimentación y entrenar con él por las tardes. Además, también ejerce un poco como psicólogo y me motiva diariamente. En Valladolid vivo con él. Pablo me ayuda en todo y es una persona muy importante en mi carrera profesional».

La etapa en el Madrid le enseñó a soportar la presión(«son muchos años y hay que aguantar mucho») y ha aprendido a ignorar a los ‘haters’ de las redes sociales. «Es cierto que he recibido muchos insultos, que si soy un chulo, que si el peinado, pero hay que acostumbrarse.La gente tiene voz para decir lo que quiera y yo no puedo encararme o contestar a todo el mundo». Es otro ejemplo de la resiliencia y madurez de Raúl de Tomás, un delantero con talento que acaba con los estereotipos.