Real Valladolid

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El inesperado éxito de Jaime Mata

Jaime Mata encara a Tekio durante el Real Valladolid-UCAM Murcia disputado el pasado 17 de septiembre.
Jaime Mata encara a Tekio durante el Real Valladolid-UCAM Murcia disputado el pasado 17 de septiembre. / Ricardo Ordónez
  • El delantero pensó en dedicarse al comercio internacional antes de despuntar en el fútbol

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Aestas alturas de su vida, Jaime Mata Arnaiz (Madrid, 1988) podría estar ejerciendo como inspector de aduanas. O haber encauzado sus pasos profesionales hacia el mundo del transporte internacional, un ámbito que le apasiona. De niño y adolescente, Mata jamás pensó que podría ganarse la vida como futbolista por una simple cuestión estadística: solo una minoría reducidísima de jugadores alcanza las categorías profesionales y a él se le antojaba muy improbable. «Yo nunca tuve esa perspectiva de ‘voy a llegar’. Me apasionaba el fútbol porque estaba con mis amigos y, simplemente, jugaba y jugaba».

Sin embargo, todo fue rodado: optó por enrolarse en el equipo de fútbol 7 de Tres Cantos a los seis años y escaló categorías. Siempre como delantero. Siempre marcando goles. Pasó por la Liga Autonómica como juvenil, ascendió a Nacional, jugó en Primera Regional, en Preferente, en Tercera...

Del Tres Cantos, su equipo de siempre, llegó al Rayo Vallecano B. Tenía 20 años y se le abrió un horizonte que pronto se oscureció. «Estaba [José Ramón] Sandoval en el equipo de Tercera y fue el año que subieron a Segunda B. Me firmaron en diciembre porque Diamanka, que ahora juega en el Almería, sufrió una lesión de larga duración. Sin embargo, la Federación no permitió mi inscripción y me marché cedido al Socuéllamos, en Tercera. Al año siguiente, hice la pretemporada con [José Manuel] Jimeno, pero no me quiso, me dijo que nada. Me despedí de todos los compañeros, en medio de una charla, llorando...».

Jaime Mata afrontó una nueva cesión, esta vez en el Móstoles, de nuevo en Tercera. Marcó 26 goles y, el verano siguiente, Jimeno ya le dio la oportunidad de quedarse en el Rayo B. Era la campaña 2011-2012 y Mata marcó nueve tantos en la categoría de bronce del fútbol español. «Disfruté mucho. Mucho. Estaba en la cantera de un equipo profesional y no tenía que ver con lo que había visto antes».

Jaime Mata no había abandonado los estudios. Sacó el bachillerato, aprobó la selectividad y se matriculó en la facultad de Derecho. No le convenció y se pasó a la Formación Profesional. «Hice un grado superior de Administración y Finanzas, y otro de Comercio Internacional, de dos años cada uno. Entonces me llegó la oferta del Lleida».

Mata rumiaba la posibilidad de preparar la oposición como inspector de aduanas, pero por aquella época (año 2012) «todo el tema de opositar estaba bastante parado en España», según recuerda el futbolista. Las prácticas que hizo en el ámbito del transporte internacional de mercancías también le llevaron a plantearse la posibilidad de ligarse al mundo de los ‘containers’, los barcos y el papeleo de los contratos. «Era muy interesante». Sin embargo, Mata se dijo: «‘Puede ser el momento de irme a disfrutar del fútbol, a ver qué tal sale’». Y aceptó la oferta del Lleida.

El salto al Lleida

Pasar de la previsible rutina de su entorno madrileño a un nuevo ambiente en Cataluña le sirvió para oxigenarse completamente. «Fue lo mejor que hice en mi vida, a nivel profesional y personal. Una experiencia increíble».

El Lleida también militaba en Segunda B y Mata amplió sus registros goleadores. Si en el Rayo B había marcado nueve tantos, en el equipo ‘blau’ logró 14 dianas la primera campaña y 15 la segunda. Resultado: el Girona le fichó para jugar en Segunda. «Aquello fue una locura. Llegué allí y el primer año casi subimos a Primera. Yel segundo, lo mismo. Pensé: ‘al final voy a estar unos años disfrutando del fútbol, antes de ponerme a trabajar, como yo tenía pensado’. Me había imaginado que, tras el Girona, me tocaría volver a Segunda B y resulta que tenía ofertas para elegir de casi todos los equipos de Segunda...».

La propuesta del Real Valladolid le sedujo sobre todas las demás. «Fue como un ‘boom’. Dije:¡joder, chaval! El Valladolid, con toda la solera que tiene, y al lado de casa. Era todo superidílico y con unas expectativas personales tremendas».

Pero el fútbol profesional no resulta fácil y Mata se ha encontrado con algunos obstáculos en Zorrilla. Aquí le cuesta encontrar el camino hacia el gol. «Hombre, es más complicado porque estoy jugando en banda, una posición a la que no estoy tan habituado. Dentro de lo que juego, en casi todos los partidos logro tener alguna ocasión clara. Yo te prometo que lo intento todo y lo doy todo para que entren los goles, pero es lo que hay. Pasa como en Soria: la empujas, crees que está hecho, roza en la rodilla del portero da en el larguero y se va fuera... El sábado pasé un día de mierda porque soy consciente de que habría cambiado el partido y habríamos logrado los tres puntos. Atravieso una dinámica que debo cambiar: llegará el momento en el que la pelota entrará con solo tocarla».

Mata considera que al Real Valladolid le condenan «los pequeños detalles». «El equipo da la cara y no nos ganan por falta de actitud o de compromiso. Tampoco es que los rivales sean superiores a nosotros y no podamos hacer nada. El fútbol se mueve a veces por esos pequeños detalles y, ahora, muchos partidos se nos vuelven en contra. Pero esto dura 42 jornadas y los detalles pueden volverse a nuestro favor. Es lo que decía antes:lograremos goles a la mínima y los rivales, por mucho que hagan, no conseguirán marcar».

Su demarcación, más cerca de la banda que del centro del área, le obliga a un esfuerzo constante sobre el césped. «Se me pide jugar ahí porque puedo ofrecer trabajo al equipo. Yo me adapto. Es verdad que, como sucedió en Soria, te metes una carrera para defender, luego vuelves, llegas al final, estás delante del portero y hay que ser consciente de que no resulta sencillo, con todo el esfuerzo anterior. Si estás más fresco, todo se ve diferente, pero esta es la exigencia. Yo siempre he sido un delantero de referencia, un ‘nueve’, pero aquí el sistema es diferente y se quiere hacer otro tipo de fútbol. O te adaptas o mueres. No queda otra que asumirlo».

Mata sonríe cuando se le pregunta por sus futbolistas favoritos. Ronaldo Nazário de Lima era el astro que más admiraba en su niñez y en los últimos tiempos analiza el juego de atacantes como Diego Costa, Forlán o Cavani. «Delanteros con mucha movilidad y aguerridos. Me fijo en los mejores a ver si se me pega algo», dice entre risas.

Vetusta Morla y Pérez-Reverte

Más allá del fútbol, el delantero del Real Valladolid es un apasionado de la música y la lectura. Vetusta Morla es su grupo de cabecera y Mata ha vivido de cerca su éxito. «Sus integrantes también son de Tres Cantos. Jorge [González], el percusionista, fue entrenador mío cuando yo era pequeño. Guille [Galván] jugaba con mi hermano mayor. Nos invitaban a sus conciertos cuando no les conocía nadie. Los he visto crecer».

Jaime Mata, con Arturo Pérez-Reverte, su escritor favorito.

Jaime Mata, con Arturo Pérez-Reverte, su escritor favorito. / Twitter

«Mi escritor favorito es Arturo Pérez-Reverte», añade. «He leído recientemente ‘Hombres buenos’ y ‘El Pintor de Batallas’». Mata acudió al estreno de la versión teatral de esta última obra en Valladolid y allí se encontró con el autor, con el que se fotografió entusiasmado. «Mario [Miguel], el jefe de prensa, me ha dicho que le gusta más el Pérez-Reverte antiguo así que ya tengo preparado ‘El club Dumas’. Ahora, y por no centrarme solo en la novela, estoy enfrascado en ‘Open’, la autobiografía de André Agassi. Aprovecho los viajes. En casa me cuesta más, pero en los desplazamientos me siento en mi sitio, me pongo a leer y estoy tan a gusto».