Real Valladolid
Rubén Albés, en los Anexos, donde entrena y juega el equipo filial.
Rubén Albés, en los Anexos, donde entrena y juega el equipo filial. / RICARDO OTAZO

Rubén Albés, entrenador del Valladolid B

«Un jugador que quiera triunfar no tiene que llamar, tiene que derribar
la puerta»

  • No ha perdido el oremus, aunque la trayectoria del filial apunta a un ascenso condicionado por el del primer equipo; le basta, dice, con buscar su límite

«¿Quiénes estarían más satisfechos al final de la pasada temporada, los jugadores del Leganés por subir a Primera, o los del Barça, por ganar otra Liga?».

Rubén Albés (Vigo, 1985) lo tiene tan claro que utiliza la pregunta como argumento para disipar cualquier duda sobre su convicción de que no hay necesidad de estímulos complementarios para que un jugador se ‘deje la vida’ en el campo si tiene posibilidad de ascender a la máxima categoría del fútbol profesional. La reflexión de Albés viene a cuento de la trayectoria de un filial que, con seis victorias y un empate en los últimos siete encuentros de Liga en la Segunda B, se ha colocado a dos puntos de los puestos de ascenso, cuando su objetivo era mantener la categoría. Una trayectoria en la que podrían mirarse los jugadores del primer equipo.

–¿Puede ser el éxito del Promesas un estímulo para el Primer equipo, aunque solo sea porque pueden pensar que peligra su puesto?

–No lo creo. Un futbolista profesional que tiene la posibilidad de luchar por el ascenso a Primera no necesita más estímulos. No hay nada como alcanzar la máxima categoría. Un ascenso a Primera es más bonito, más trascendente para el jugador, para el club y para la ciudad a la que representa que un campeonato de Liga.

–¿Pensó en algún momento que podrían estar a dos puntos de los puestos de ascenso?

–Tengo que reconocer que los cálculos que hice han fallado. Era impensable. El objetivo era mantenernos en la categoría y, ahora, encontrar el límite al que puede llegar el equipo.

–Entrenó once semanas al filial la pasada temporada, antes de convertirse en segundo entrenador de Portugal y, luego de Alberto López. Terminada la temporada volvió al filial. ¿Ve su futuro en Valladolid?

–Renové por un año y no sé dónde estará mi futuro. Seguro que no depende solo de mí. Donde esté aprenderé. Voy ‘robando ideas’. Confío en que dentro de dos o tres años sea mejor entrenador.

–¿Qué condiciones necesita para entrenar a un equipo?

–Tener pasión para afrontar el reto, sentirme valorado y tener proyección profesional. Creo que, con 31 años, es momento de arriesgar.

–¿Tiene alguna capacidad de decisión sobre la plantilla o trabaja con lo que le dan?

–Tengo la suerte de trabajar con Cata (José Antonio Prieto), coordinador de las categorías inferiores y responsable de la selección de jugadores. Me entiendo bien con él, que es quien toma las decisiones, aunque hablamos y confío en el ojo que tiene para los jugadores.

–¿En su equipo hay jugadores con proyección para jugar en Segunda o llegar a Primera?

–Creo que los hay para jugar en la liga profesional. Pero ellos saben que no se regala nada y que no basta con asomar la cabeza. El que pretenda ser profesional tiene que mostrar el cuerpo entero. No es suficiente con llamar a la puerta. Hay que derribarla.

–¿Cómo es su relación con los jugadores?

–Ellos son los que hacen que un entrenador triunfe y en esta plantilla siento que me escuchan, que hay comunicación. Pero también es cierto que una plantilla que no crea en su entrenador hace que el equipo esté muerto.

–No puede negar que están viviendo un momento muy dulce.

–Todos sabemos que el elogio debilita. Tenemos los pies en el suelo y seguimos persiguiendo como objetivos la permanencia, buscar el límite sin renunciar a nada y hacer futbolistas que puedan jugar en la liga profesional.

–Un pronóstico para el Valladolid B-Ponferradina del domingo

–Una victoria del Real Valladolid.