Real Valladolid

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Un Promesas supersónico

Iván Martín golpea la pelota rodeado de compañeros del Real Valladolid B y futbolistas de la Ponferradina, el pasado domingo en los Campos Anexos
Iván Martín golpea la pelota rodeado de compañeros del Real Valladolid B y futbolistas de la Ponferradina, el pasado domingo en los Campos Anexos / Ricardo Otazo
  • El proceso formativo del filial se acelera con la gran racha de siete triunfos en ocho partidos

El gran milagro blanquivioleta se llama Real Valladolid B. El filial que entrena Rubén Albés rompe moldes en el Grupo I de la Segunda División B con unos números de infarto: siete victorias y un empate en los últimos ocho partidos. Las cifras le coronan como uno de los equipos más en forma de todas las categorías nacionales del fútbol español, junto con el Real Madrid en Primera, el Girona en Segunda, o el Albacete, Gernika y Cultural en Segunda B. El Promesas se ha convertido en una realidad competitiva que asombra cada fin de semana con una racha de resultados que parece no tener fin y que le ha situado en la quinta posición de su grupo, a solo dos puntos del ‘play-off’. El supersónico Real Valladolid B se supera cada jornada y sus futbolistas, gozosos, juegan con la precisión de un reloj suizo.

«Somos una familia donde todo el mundo tiene un sentido de pertenencia muy fuerte», explica Rubén Albés (Vigo, 1985), el técnico que ha logrado la alquimia perfecta del vestuario. «Todos los futbolistas saben que son necesarios y, por otro lado, el equipo ha encontrado la pureza y juega de manera muy natural. El modelo permite potenciar virtudes y disminuir defectos. Además, nacen interacciones entre los jugadores que les hacen ser mejores de lo que son», añade el entrenador del Promesas.

Rubén Albés es el nombre que pronuncian los futbolistas cuando se les pregunta por las claves del éxito. «Sabe muy bien cómo manejar el vestuario, nos motiva y prepara muy bien los partidos», señala David Mayoral, uno de los jugadores más destacados de la plantilla. «El último partido ante la Ponferradina salió todo como lo habíamos previsto en los entrenamientos. Cuando vemos que sucede esto, salimos con mucha confianza», agrega el extremo abulense.

«Planifica los partidos brutalmente, los trabaja mucho. Hacemos lo que él quiere y le seguimos en todo momento. Nos hemos convertido en una familia que se lleva bien dentro y fuera del campo», observa Higinio Marín, el máximo goleador del equipo con ocho tantos, ahora lesionado con una fractura de peroné.

Fiel a la filosofía del club

Albés es el director de orquesta de un cuerpo técnico que asume perfectamente la idea que transmite la dirección deportiva. Jose Antonio Prieto ‘Cata’, responsable de las categorías inferiores, considera que el Real Valladolid B «responde fielmente a la filosofía que debe tener un filial». «Los resultados son importantes, pero no absolutos. Hay que conjugar el nivel competitivo con la mejora individual de los chicos. En ese sentido, Rubén, juto con todo su cuerpo técnico, está haciendo una labor increíble. Tiene un talento brutal y conjuga capacidad, trabajo y pasión por el fútbol. Aparte de su capacidad táctica, que es grandísima, es inmenso en los pequeños detalles que necesita un filial. La idea siempre pasa por que los futbolistas puedan llegar arriba formados de la mejor manera posible. Rubén Albés, además de ganar, mejora a los chicos», subraya Cata.

La planificación en los despachos también fructifica. La dirección deportiva ha conformado un equipo donde el sentimiento blanquivioleta está muy arraigado. «Más del 60% de la plantilla, 12 jugadores de 18, han pasado en algún momento por la estructura de los Campos Anexos», resalta Cata. Y, por eso, el responsable de la cantera del Real Valladolid destaca el perfecto equilibrio que logra Albés, al aunar la prioridad de formar jugadores con las posibilidades de hacerlo a través de las victorias en la competición. En Zorrilla, no se valora ganar a toda costa, sino lograr que los futbolistas del filial crezcan y se acerquen lo más posible al primer equipo.

«Prácticamente todos los jugadores son mejores ahora de lo que eran en agosto», dice Rubén Albés. «El crecimiento ha sido mayor y más rápido de lo que esperábamos. Había determinados límites que ellos mismos han ido rompiendo», agrega el entrenador.

Goleadores

El pichichi Higinio Marín es un ejemplo. El delantero llegó el pasado mes de enero procedente del UCAM Murcia y marcó cinco goles en el último tramo de la temporada. Esta campaña, le costó nueve partidos encontrar el camino de la portería contraria, pero en las últimas siete jornadas ha marcado ocho goles gracias a un simple retoque táctico sobre el césped.

«Me costó empezar. Los dos primeros goles llegaron de penalti ante el Pontevedra y, a raíz de ahí, parece que todos nos hemos soltado. Yo juego ahora en una posición más retrasada. Ya no estoy como punta-punta, sino como ‘diez’. Todos nos entendemos perfectamente, Mayoral, Samanes, Vega, Iván Martín...», dijo Higinio antes de conocer que tendría que permanecer dos meses de baja por lesión.

David Mayoral (Ávila, 1997), autor de seis goles, mira al preparador físico del equipo, Toni Madrigal, al que también considera clave en su explosión. «Este es mi mejor temporada y ya estamos hablando de una categoría semiprofesional. Agradezco el trabajo de Toni y creo que también me ha venido muy bien vivir con mi compañero Manel [Royo]. Me siento valorado por mis compañeros y por el entrenador. Arriba, me entiendo muy bien con Higinio».

Por muy colectivo que sea, el éxito siempre deja algún damnificado y el Real Valladolid B no supone una excepción. El club anunció ayer que el central sevillano Mario Gómez rescindió su contrato tras acumular únicamente 50 minutos de juego repartidos en dos encuentros. Mario Gómez llegó el pasado verano, pero no ha logrado convencer a Rubén Albés.

El Promesas destaca por su juventud, una circunstancia que suele pagarse en una categoría de tanto colmillo como la Segunda B, pero que en este caso no parece afectar a la plantilla del filial blanquivioleta. Rai Marchán e Higinio Marín, nacidos en 1993, son los jugadores más veteranos y sirven como el contrapunto buscado a la progresión del resto. Los futbolistas nacidos en 1997 son los más numerosos del equipo y garantizan el futuro del proyecto.

La ascensión de muchos de ellos por los escalafones de las categorías inferiores permite disponer de una plantilla de ADN blanquivioleta que se extiende a los recién llegados.

«Un futbolista que siente el club al que pertenece rinde un 20% más», desliza Rubén Albés. «Y esos propios jugadores han sido capaces de transmitir al resto lo que es el Real Valladolid. Se sienten a gusto y quieren estar aquí. Eso es tremendamente importante. Cualquier futbolista feliz y con sentido de pertenencia rinde mucho más».

Las victorias se acumulan en el casillero del Promesas y surge una pregunta inevitable:¿acaso no están listos muchos de estos jugadores para dar ya el salto al primer equipo? «Creo que debemos huir de las demagogias y marcar objetivos reales con los plazos necesarios», responde Cata. «En el fútbol base y en los filiales se trata de ir dando pasitos para que los jugadores estén preparados cuando toque. Puedo decir que trabajar con Paco Herrera es increíble. Garantizo que conoce del primer al último chico del filial y sabe en qué estado de maduración se encuentran por si los necesita para el primer equipo. Hay gente que madura con 21 años, como Jose [Arnaiz] y otros que lo hacen con 23, como Ángel [García]. Lo importante es que estén bien formados y con bagaje en la mochila. Son los propios jugadores los que, con su rendimiento y su mejora, demuestran que están preparados para pegar el salto al fútbol profesional».

«Nosotros estamos a expensas de lo que diga el club», declara Higinio Marín. «Siempre es más fácil subir cuando las cosas salen bien en el B, pero nos centramos en lo nuestro y nos preparamos por si nos llaman».

«Yo tuve la oportunidad de debutar en la primera jornada y cumplí un sueño», dice David Mayoral. «Ojalá pueda repetirlo, pero estoy tranquilo y muy centrado en el filial».

Sin límites

De momento, los jugadores del Real Valladolid B exploran sus propios límites como equipo. «Ya hemos roto diferentes techos», recuerda Albés. «Y veremos si los podemos seguir rompiendo. No podemos caer en la decepción si de repente nos topamos con un obstáculo que nos cuesta superar», avisa el técnico.

El domingo, el Promesas visita a la Cultural Leonesa, el hercúleo equipo entrenado por Rubén de la Barrera que lidera el grupo I con 13 victorias, cuatro empates y ninguna derrota. «Jugaremos sin presión», anuncia Mayoral. «No tenemos nada que perder ante el mejor equipo de toda la categoría y queremos ser el primer rival que les venza».

«El equipo va a ir a por los tres puntos», desliza Higinio. «Saldremos a ganar y a dar lo mejor de nosotros. La Cultural es la reina del grupo y el rival a batir por presupuesto, estadio y entorno. Buscamos dar la campanada en León».

«A nivel circense, es el más difícil todavía», finaliza Rubén Albés. «Pero esto es fútbol y...».