Real Valladolid
José Manuel Santisteban, a la derecha, con Dani Hernández y Pau Torres, de rodillas. A. Mingueza
José Manuel Santisteban, a la derecha, con Dani Hernández y Pau Torres, de rodillas. A. Mingueza

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El soporte de la portería

  • José Manuel Santisteban, que vive su segunda campaña como preparador de guardametas en Zorrilla, destaca que Isaac Becerra, Pau Torres y Dani Hernández son «bestias del trabajo»

Nadie entiende mejor a un portero que otro portero y, por eso, José Manuel Santisteban (Barakaldo, 1967), preparador de guardametas del Real Valladolid, conoce perfectamente las motivaciones, virtudes y márgenes de mejora que presentan Isaac Becerra, Pau Torres y el canterano Dani Hernández, los tres cancerberos con los que trabaja a diario. Han pasado más de 13 años desde que Santisteban colgó los guantes, pero sigue hablando de «compañeros» cuando se refiere a sus pupilos. Para él, son sus semejantes y nada le ha dolido más últimamente que ver cómo se lesionaba Becerra en el choque ante el Cádiz. «Sí, duele, porque los tres porteros con los que convivo a diario son bestias del trabajo. No son gente que se quite de en medio a las primeras de cambio por cualquier dolorcillo. Cuando Isaac salió del campo, me temí lo peor. Gracias a Dios, no ha sido tanto como parecía y ojalá pueda estar cuanto antes con el grupo, dando guerra y, si lo estima el míster, participando con el equipo».

Santisteban conoce de primera mano cómo una lesión puede truncar el sueño de alcanzar la élite. Empezó como portero profesional en el Sanluqueño, de Segunda B, en 1989 y pasó por Xerez, Recreativo y Barakaldo antes de llegar al Logroñés en la temporada 1995-1996. Su papel resultó clave para que el equipo riojano lograse el ascenso a Primera aquella campaña, pero no llegó a debutar en la máxima categoría. «Sin saberlo, jugué los últimos partidos antes de ascender con la mano rota. Me operaron en pretemporada y fueron siete meses de calvario. Al final, no jugué en Primera. No quise hacerlo porque ya me iba a marchar y solo quedaban dos partidos. Al menos, tuve la suerte de coincidir con grandes compañeros y amigos, como [Jorge] Aizkorreta o Andoni Cedrún, al que ficharon precisamente por mi lesión».

Cartagena y Recreativo

Su retirada como guardameta profesional llegó en el verano de 2003, tras jugar con el Burgos en Segunda División B. Mantuvo cierta vinculación con el fútbol, a través de escuelas de formación para porteros, pero fue el director deportivo Miguel Torrecilla (actualmente en el Real Betis) el que le repescó para formar parte del cuerpo técnico de David Amaral en el Cartagena. Allí conoció al preparador físico Fran Albert, con el que ahora coincide en el Real Valladolid. Dos años en el Cartagena dejaron paso a una larga etapa en el Recreativo de Huelva (siete temporadas), finalizadas abruptamente el pasado verano.

«Fue una salida traumática para los que nos fuimos y también resulta traumática para los que siguen allí. Es una lástima ver lo que ha sido el Recreativo y cómo se encuentra ahora, con la precariedad que existe en todos los sectores. Las personas que han estado dirigiendo aquello no han sido nada agradables para nadie y lo han dejado todo patas arriba. Yo he ganado mi juicio contra ellos y ahora estoy esperando que los nuevos rectores determinen el orden de prioridad para pagarme lo que me deben», apunta.

Santisteban vive ahora su segunda temporada como entrenador de porteros del Real Valladolid. Gaizka Garitano, con el que había jugado, sugirió su fichaje el pasado verano y el club blanquivioleta constató que encajaba en el perfil buscado. «Gaizka y yo habíamos sido compañeros. Me llamó para preguntarme cómo estaba y le dije que estaba mirando la posibilidad de salir de Huelva. Luego, me llamó Braulio [Vázquez] y fue todo muy rápido».

El día a día de los porteros implica mucho trabajo en soledad. «Aunque dependemos del colectivo, se planifica un trabajo específico. Cada semana, cada mes, es diferente en cuanto a la preparación y tratamos de adecuar todo a lo que requiere la competición», señala el entrenador de guardametas del Real Valladolid. También hay que gestionar las motivaciones para mantenerse en el puesto y las decepciones por no jugar. «He tenido la fortuna de encontrarme con una mayoría, por no decir todos, de porteros muy inteligentes que entienden que todo se basa en el trabajo diario, si pretenden estar en las mejores condiciones. Todos quieren jugar, obviamente, pero dada la demarcación es imposible».

José Manuel Santisteban sabe que las críticas y los elogios resultan inevitables, y que la irrupción de las redes sociales puede someter a los porteros a un interminable bombardeo de opiniones. «Si se hiciera caso a todo lo que se dice, no sé si algún futbolista llegaría a jugar... Todos estamos expuestos a las críticas y a las alabanzas, pero es en el día a día donde un portero debe demostrar trabajo, constancia y dedicación. No hace falta subirles la moral porque son profesionales y saben que puede haber errores. Y los hay. Nadie debe olvidar que son seres humanos. Un partido puede salir mal, pero saben que al día siguiente hay que enfundarse de nuevo los guantes, defender tu profesión con la mayor dignidad y, por supuesto, el escudo del club y la ciudad a la que representas».

Hay una frase que Santisteban repite en las charlas que imparte: «Solo hay una persona que no se puede esconder dentro del terreno de juego: el portero». El exguardameta recuerda que «los demás jugadores pueden solapar un mal día corriendo, peleando y luchando». «Pero un portero no puede correr, luchar y pelear. Ha de hacer otro tipo de cosas que quedan muy expuestas a la visión del espectador. Se le ve más que a nadie».

El entrenador de porteros destaca las virtudes de Isaac Becerra, Pau Torres y Dani Hernández. «Ahí están los números de Isaac, su trayectoria y sus premios. Eso no se lo han regalado, aunque los premios en el fútbol se otorguen porque las cosas han salido bien colectivamente. Para mí, su mayor virtud reside en el carácter ganador, la competitividad y ese espíritu que se inculca en primera persona y que transmite al resto de compañeros. Pau, lo mismo. Es un diez como persona y como compañero. Un profesional íntegro que cuenta también con una trayectoria avalada desde abajo. Nadie les ha regalado nada. Dani es un chaval que lleva años en este club y que, gracias a su ilusión y a su tesón, es merecedor de estar con el primer equipo y de participar siempre que puede en los entrenamientos. Es muy joven y tiene mucho camino por delante. Cada día es un aprendizaje para él».

Juego con el pie

José Manuel Santisteban observa la evolución que han sufrido el juego de los guardametas, con el uso de los pies como cambio sísmico. «El portero debe mostrar ahora una participación extremadamente alta, con funciones que nosotros no teníamos. En mi última etapa, ya me tocó jugar con los pies, como un compañero más, algo que antes resultaba impensable. Hasta entonces, el portero se dedicaba a parar y a sacar el balón lo más lejos posible».

Hasta la fecha, José Manuel Santisteban ha tenido «la gran suerte» de encontrarse en su carrera con técnicos que no se inmiscuyen en su labor y que le conceden el necesario margen de autonomía. «Casi todos han respetado mi isla, por expresarlo así. Todo está interrelacionado y no tendría sentido que cada uno hiciera trabajos por su cuenta, pero sí resulta necesario que un entrenador sepa delegar para disponer de un espacio distinto al resto».

Santisteban trabajó la pasada campaña con Gaizka Garitano, Miguel Ángel Portugal y Alberto López como entrenadores del Real Valladolid. Esta campaña, Paco Herrera también quiso que se embarcara en su proyecto, por lo que el club le firmó un nuevo contrato hasta el 30 de junio de 2017. «Me siento realmente contento en el Real Valladolid. Esta ciudad es fantástica, y vivo aquí con mi mujer y una de mis dos hijas. Ya sabemos cómo es el mundo del fútbol: en cualquier momento todo puede cambiar, pero ojalá salga todo bien y podamos hablar de un futuro largo. Este es un club histórico. A todo el mundo le gustaría trabajar aquí».