Real Valladolid

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Días felices para Míchel Herrero

Míchel Herrero saluda durante un entrenamiento con el Real Valladolid el pasado mes de diciembre
Míchel Herrero saluda durante un entrenamiento con el Real Valladolid el pasado mes de diciembre / Ricardo Otazo
  • El centrocampista demuestra su mejor nivel y mantiene un alto grado de autoexigencia

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Hay entornos favorables para un futbolista y el Real Valladolid de Paco Herrera le sienta como un guante a Míchel Herrero Javaloyas (Valencia, 1988). El centrocampista atraviesa una etapa dorada: brilla sobre el césped y se ha convertido en una de las piezas fundamentales en los engranajes del entrenador blanquivioleta. El Míchel Herrero que descuella en Pucela no tiene nada que ver con el recuerdo que dejó el jugador la pasada campaña en Oviedo, donde su rendimiento fue declinante tras llegar cedido en el mercado de invierno.

«La verdad es que estoy muy contento a nivel personal y colectivo. Estoy disfrutando del fútbol, algo que pretendía al volver a España», señala Míchel, desvinculado del Guangzhou chino el pasado verano para comprometerse con el Real Valladolid hasta 2019.

Como sucede con muchos fichajes que se ponen a tiro en Zorrilla, el envite de la dirección deportiva blanquivioleta no estuvo exento de cierto riesgo. Braulio Vázquez apostó por su talento y resultaba indudable que Míchel Herrero atesora mucho fútbol en sus botas, pero quedaba por ver si sería capaz de dar su mejor nivel después de jugar en la poco exigente competición china. Al propio futbolista le asaltaban las dudas, pero, a base de esfuerzo, ha vuelto a ser un jugador determinante.

«Yo pensaba que me iba a costar más porque venía de estar un año y medio casi en blanco. Jugaba todo allí, aunque, obviamente, el nivel era más bajo. Me he preparado muchísimo, tanto con Fran [Albert] como con mi preparador físico personal. No he tenido vacaciones y los compañeros siempre me han ayudado. El míster [Paco Herrera] ha sido el que más ha confiado en mí y ahora se lo tengo que devolver todo en el campo».

De los pies de Míchel Herrero nacieron el pasado sábado las dos asistencias que alimentaron a los goleadores Jose Arnaiz y Juan Villar, y que permitieron al Pucela voltear ante el Rayo un marcador adverso. Míchel lideró una remontada que se le resistía al Real Valladolid desde hacía dos años, pero el centrocampista aún encontró elementos de autocrítica en su juego para no dejarse mecer por el éxito. «Yo soy muy tiquismiquis para estas cosas. He visto varias veces la primera parte del encuentro y está claro que hay que mejorar algunos errores. Ganamos el partido, sí, pero una victoria redonda habría sido mucho mejor».

Míchel no se esconde cuando se le pregunta qué hizo mal: «Bueno, algunos controles no me salieron bien y hubo pases en los que me precipité. Más que nada, movimientos que debo corregir para hacerlo mejor la semana siguiente. Para eso están los vídeos, ¿no?».

Con este nivel de autoexigencia, no es extraño que Míchel Herrero haya ido ganando poso dentro de la arquitectura táctica de Paco Herrera. El futbolista reconoce que el entrenador le dio «mucha confianza» desde el primer momento. «Incluso cuando estuve mal al principio», admite. «Ahora, en cambio, me considero importante para el equipo. Yeso me gusta. Quiero ayudar todo lo posible dentro del campo, ya sea con asistencias, con goles o como sea. Es verdad que me gustaría marcar algún gol más, pero no me importa si lo hacen los delanteros y gana el equipo», apunta. Hasta la fecha, Míchel Herrero ha anotado dos tantos como blanquivioleta, aunque ya ha repartido cuatro asistencias de gol.

La silueta del Girona, segundo clasificado, se recorta en el horizonte como rival de este domingo (20:00 horas). Montilivi no es un campo fácil (nadie ha ganado allí esta temporada) y una victoria blanquivioleta podría disparar los sueños de luchar por el ascenso directo. Míchel, sin embargo, prefiere mantener las botas bien pegadas al suelo. «Lo que tenemos que hacer es trabajar partido a partido, no mirar tanto al rival y no obsesionarnos, porque luego vienen las lamentaciones. Debemos ir poco a poco».

El Girona de Pablo Machín mantiene su reconocible 5-3-2, un patrón que ofrece a los catalanes el mejor ecosistema táctico para volver a luchar por el ascenso a Primera, después de quedarse a las puertas en las dos últimas campañas. El Real Valladolid ha analizado a conciencia la manera de derribar el fortín de Montilivi. «El míster estudia mucho a los rivales, lo trabaja muchísimo, es un profesional en ese aspecto. Ynos enseña. Ya hemos hablado del sistema que emplean y de cómo hacerles daño. Siempre trabajamos en base al rival que tenemos el fin de semana. El Girona cuenta con jugadores muy altos, pero nosotros estamos bien defensivamente y hemos cogido una buena racha para frenar la acciones a balón parado. La clave pasa por estar concentrados», apunta.

Míchel Herrero trata de aprovechar cada instante y quiere seguir reivindicándose como un jugador importante en España tras su etapa asiática. «Tenía muchas ganas de volver a la Liga. Ahora, lo único que quiero es jugar cada domingo con mi equipo. Y disfrutar».