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La nueva vida de Álvaro Rubio

Álvaro Rubio, en el local que inaugurará su esposa el próximo mes.
Álvaro Rubio, en el local que inaugurará su esposa el próximo mes. / Gabriel Villamil
  • El excapitán del Real Valladolid colabora en la ampliación del negocio de moda de su esposa y aspira a seguir vinculado al mundo del fútbol

Álvaro Rubio Robres (Logroño, 1979) ha seguido una rutina invariable durante 20 años como futbolista profesional: levantarse, ir al entrenamiento, preparar el próximo partido. Ahora, sin embargo, la vida le resulta extraña. «Se me está haciendo un poco difícil el día a día. Me levanto antes que cuando jugaba. Mi hijo ha empezado el instituto este año, le despierto a las siete de la mañana y me pongo a hacer cosas. He retomado un curso de inglés que empecé hace tiempo y que quería seguir manteniendo tras volver de la India. Algunos días voy a correr. Y estas semanas estoy más ocupado con el proyecto de mi mujer», apunta el excapitán del Real Valladolid.

Su esposa, la exitosa diseñadora Mónica Sánchez Gallardo, creó en 2010 La Chispa Adecuada, un taller de moda en Valladolid que ha crecido y que ahora se convertirá también en una gran tienda de venta al público en la calle 20 de Febrero. Álvaro Rubio y Mónica Sánchez Gallardo se conocieron en Albacete hace 16 años. La diseñadora lleva la imagen de la cantante Rozalén y ha vestido a famosas como Vicky Larraz, Lara Dibildos, Carla Hidalgo, Mar Saura, Estefanía Luyk o Úrsula Corberó, según explica en su página web. Álvaro Rubio ha sido la gran figura de la última década en la plantilla el Real Valladolid. Ahora, el exfutbolista ayuda a supervisar las obras en el nuevo local y a desarrollar las tareas de gestoría. «Antes estábamos en una entreplanta en la Plaza de Santa Ana. Era más como un taller. Queremos dar el salto», explica el exblanquivioleta.

La venta textil no le resulta ajena a Álvaro Rubio. Sus padres han trabajado siempre en una tienda de ropa en Logroño. Su hermana, Eva, ha seguido el mismo camino y mantiene el nombre del negocio, aunque en otra ubicación. «Lo he vivido desde pequeño y he estado ‘pringadete’ en las tiendas, aunque no es lo que más me gusta. Además, creo que tampoco entiendo mucho. Mi hermana vende la ropa de mi mujer, que distribuye sus productos por toda España. Mis padres y mi hermana trabajaron juntos hasta que ellos se jubilaron. Luego, ella siguió su camino y creó su propia tienda. Todo el mundo en Logroño conoce a mi madre como Chus, la de Viva. Ahora hablan de mi hermana: Eva, la de Viva».

La inauguración del nuevo local de Mónica Sánchez Gallardo, prevista para el próximo mes de marzo, dejará a Álvaro Rubio con más tiempo para meditar sobre su futuro. «En principio, no tengo pensado meterme de lleno en el negocio, aunque seguiré ayudando en todo lo que pueda. Me gustaría continuar ligado al fútbol de alguna manera. Hasta ahora, he estado pendiente para ver si podía seguir jugando. He tenido un problema en la rodilla y todavía no estoy al cien por cien. Me llegó alguna oferta que me gustaba, pero no la acepté. No he podido entrenarme lo que he querido y no quiero engañar a nadie ni ir a ningún sitio lesionado».

A Álvaro Rubio le ha llegado casi de golpe la retirada como futbolista profesional. El pasado verano, el Real Valladolid le comunicó que no entraba en sus planes después de diez años como blanquivioleta. Una corta etapa en el Bengaluru indio sirve como breve epílogo de su carrera. Aunque ya no está en activo, no descarta calzarse de nuevo las botas. «Si me volviese a surgir la oportunidad de jugar en la India la temporada que viene, ya vería, pero no es algo que plantee en estos momentos. Ahora voy a intentar formarme. Quiero sacarme el título de entrenador. Tengo el primer nivel y empezaré con el segundo. Me gusta mucho la formación de chavales pequeños».

La idea de ser entrenador profesional no pasa por la cabeza de Álvaro Rubio a estas alturas de su vida. Él sabe que esa profesión requiere gran preparación y tiempo, además de un título que, por el momento, no posee. En cambio, trabajar con el fútbol base sí le seduce.

Otra posibilidad pasa por incorporarse al organigrama del Real Valladolid. El pasado verano, el presidente Carlos Suárez le propuso formar parte de la estructura del club blanquivioleta. «Le dije que no, porque quería seguir jugando y, de hecho, me fui a la India. Siempre me ha dicho que es mi casa y que en el futuro podré volver de alguna manera. Son cosas que igual se dicen en un momento y luego... Sin forzar nada, ya veremos qué sucede».

En su rueda de prensa de despedida como blanquivioleta, el pasado verano, Álvaro Rubio bromeó con la posibilidad de relevar a Paco Santamaría como delegado del Real Valladolid. «Es una coña que tengo con él desde hace mucho tiempo. Siempre me preguntaba: ‘¿Y tú, cuándo te retiras?’. Y yo le contestaba: ‘Este año acabo y voy a ser el nuevo delegado’. Ojalá Paco esté el máximo tiempo posible porque lo hace muy bien y es una persona muy querida».

Sin las exigencias del día a día profesional, Rubio ve ahora más fútbol por televisión, pero no ha tocado un balón desde que retornó de la India. «Y me apetece, la verdad. Supongo que iré con los veteranos del Real Valladolid cuando me recupere. Sí, me gustaría jugar de vez en cuando con ellos».

Cuando puede, acude a Zorrilla a ver los partidos del Pucela, aunque los fines de semana suele dedicarlos a actividades con su familia. Sus vástagos son poco futboleros. «Mi hijo [Hugo] tiene 12 años y es más artista. Ha salido a su madre. Es más de pensar cosas, de imaginar, toca la guitarra eléctrica... Un bohemio, como digo yo. A mi hija [Martina], de nueve años, le apasiona el ballet. El fútbol solo les gustaba cuando jugaba su padre».

Alberto Marcos

El pasado 2 de agosto de 2016, Álvaro Rubio efectuó la primera de sus dos despedidas como blanquivioleta. Fue en la sala de prensa del estadio José Zorrilla. El momento de más emoción se produjo cuando mencionó a Alberto Marcos, otra figura fundamental en la reciente historia del Real Valladolid. «Desde el primer día me acogió muy bien. Siempre que le necesité, estuvo ahí. Pasé mucho tiempo con él en el vestuario. Cuando llegué, era el capitán. Me fijaba en él y en cómo hacía las cosas. Hay mucha más gente, claro está, pero quizá el más importante de todos haya sido él».

A Álvaro Rubio le tocó lidiar años más tarde con las responsabilidades de la capitanía, una tarea «complicada». «No solo es trabajo de vestuario, sino también con la directiva. No te puedes decantar tanto por un lado o por otro y siempre quedas en el medio. Debes intentar que todo esté lo más calmado posible porque hay veces que lo de arriba no concuerda con lo de abajo y tienes que ejercer de mediador. Dentro del vestuario sucedía lo mismo: éramos 25, cada uno de su padre y de su madre. Hay conflictos que debes resolver para que no vayan a más».

Otro momento importante de la rueda de prensa de despedida del mes de agosto llegó con la mención a José Luis Mendilibar. Álvaro Rubio no se resistió a recordar el apodo de «sobrinillo» que le adjudicó en su momento el periodista José Ignacio Tornadijo, en referencia a su condición de jugador imprescindible para el técnico de Zaldibar pasara lo que pasara. «Aquello no me molestó. Era una gracia de la prensa que mucha gente me ha ido recordando y me pareció bien decirlo allí porque en otros sitios nunca lo había hecho. Pero lo importante era el agradecimiento a Mendi, el entrenador que más tiempo he tenido en mi carrera. Me marcó mucho desde el primer año en el Real Valladolid, en el que todo salió fenomenal».

Álvaro Rubio, en la fachada provisional de la tienda-taller, situada en la calle 20 de febrero.

Álvaro Rubio, en la fachada provisional de la tienda-taller, situada en la calle 20 de febrero. / Gabriel Villamil

Un tercer momento clave en aquella rueda de prensa llegó con la mención a su esposa. Rubio apuntó entonces: «Es la que me ha dicho todas las verdades que no he querido oír. Tener una persona así es muy importante y ha sido fundamental para mí».

«El futbolista está acostumbrado a que le digan lo bueno que es, aunque no siempre lo piensen», explica ahora Rubio. «La gente se acerca y te comenta: ‘Qué pena el otro día, aunque tú estuviste bien’. Mi mujer, aunque no le guste el fútbol, puede decirme ‘vaya ruina de partido’. Eso te hace ver las cosas de otra manera. Además, también le agradezco toda la ayuda en muchas de las decisiones que he tomado».

Insignia de oro

El homenaje sobre el césped del estadio José Zorrilla, con la imposición de la insignia de oro del Real Valladolid el pasado 28 de enero, resultó muy emotivo para la grada y también para el propio Álvaro Rubio, al que siempre le da reparo convertirse en el foco de atención. «Me gustó por lo que pudo vivir mi familia. Sé que a mis hijos les encantó y también a mi mujer, aunque ella no quiso salir. También recibí la sorpresa de los amigos de mi cuadrilla. Yo estaba contento por el hecho de que me dieran la insignia, aunque el acto y las parafernalias no van mucho conmigo. Soy más introvertido y no me gusta ser el centro de atención, pero entendí que no quedaba otro remedio...».

Álvaro Rubio echa la vista atrás y recuerda muchos momentos determinantes en sus diez años como blanquivioleta, entre 2006 y 2016. En el lugar más destacado figura su primera temporada, culminada con el ascenso a Primera en el Real Valladolid de los récords a las órdenes de Mendilibar. «Ha sido la campaña en la que más a gusto he estado en toda mi carrera y en la que mejor salieron las cosas. También me acuerdo de momentos clave en los que salvamos la categoría: el partido en Sevilla ante el Betis [2009] o ante el Recreativo [2008]. Los recuerdo por toda la tensión que había y porque al final acabaron bien. También me quedo con la gente del club: es imposible recibir un trato mejor. Y con la afición. Yo no sé si me merezco tanto halago y tanto cariño por su parte».

Su trayectoria en el Real Valladolid comenzó de manera inmejorable, con el ascenso a Primera, y terminó con la mala temporada colectiva del curso 2015-2016. «Ha sido el año que peor lo he pasado y encima me fui con ese mal sabor de boca. Siendo la última campaña, me habría gustado acabar de otra manera, pero las cosas son así. Me queda el recuerdo de los diez años en su conjunto, de tantos y tantos momentos buenos, aunque el último año no lo fuera».

A la mente de Álvaro Rubio acuden también sus inicios en el Loyola, el club del que salió en Logroño, y su marcha a la cantera del Real Zaragoza, a los 14 años, con la consiguiente separación familiar. «Agradeceré siempre al Zaragoza la formación que me dio, algo que me marcó desde cadete hasta que me convertí en profesional. Luego llegó el paso a Albacete, donde viví una etapa buenísima. Allí conocí a mi mujer y nació mi hijo. Logré mi primer ascenso a Primera División. Fue muy bonito».

Con Paco Herrera

En el Albacete (temporada 2001-2002) tuvo como entrenador a Paco Herrera, del que guarda «muy buen recuerdo». «Era un técnico muy dialogante. Nos marcaba intensidad en los entrenamientos, pero se mostraba muy paciente cuando tenía que hablar con los jugadores. Supongo que seguirá en la misma línea».

Álvaro Rubio entendió la decisión del actual técnico del Real Valladolid de no contar con él para el nuevo proyecto blanquivioleta después de las conversaciones que mantuvieron en verano. «Era lógico todo que se alargase, pero cuando llega el final y te comunican que no vas a continuar dices: ‘¡Me habría gustado que me lo dijesen el primer día!’. Tal vez hubiese tenido la posibilidad de encontrar algo en España, pero estoy contento de cómo transcurrieron las cosas. Tenía ganas de vivir una experiencia fuera y quizá en otro sitio cercano habría sido peor. No me arrepiento de nada. Con 37 años, yo tenía claro que mi etapa en el Real Valladolid podía acabar ahí. De todo mi entorno era el que más concienciado estaba. Mi familia, en cambio, pensaba que continuaría un año más».

Modesto y con un punto de timidez suavizado por la experiencia, Álvaro Rubio se queda pensativo cuando se le confronta con una realidad: por trayectoria e impacto en el club, él es el último gran mito blanquivioleta. «No soy consciente... Ahora que lo dices tú, pero no es algo en lo que piense. De aquí a unos años, habrá otro y yo estaré encantado. He formado parte del Real Valladolid y estoy muy, muy orgulloso. Yo solo he intentado aportar todo lo que he podido. Solo eso».