Real Valladolid

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Cuenta el Nuevo Testamento en el evangelio de Mateo la historia de un hombre que iba a marchar y repartió sus riquezas entre sus siervos. A uno le dio cinco, a otro dos y a otro uno. El que recibió cinco los invirtió y sacó otros cinco, de la misma manera que el segundo invirtió sus dos talentos para sacar otros dos. Por el contrario, el último siervo miedoso de perder el dinero por lo exigente de su amo, lo guardó. Cuando el hombre regresó y pidió cuentas, el primero le mostró los cinco talentos que él le dio y los otros cinco que había ganado. El hombre rico respondió: «Bien, buen siervo y fiel, con poco me fuiste fiel, sobre mucho te pondré». Lo mismo con el segundo, cuando le mostró los dos talentos que le dio y los dos que ganó. El tercero le dijo: «Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo». Entonces el hombre rico se enfadó y dijo: «Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.  Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado».

Este último siervo es el Real Valladolid. El equipo, digo. Los del césped. Los que saben de la urgencia que supone el ascenso para una masa para la que los proyectos a largo plazo duran una vuelta del campeonato. El pasado domingo observamos, al igual que en otras ocasiones, lo que nos supone meter un gol. Con el gol de Jose, el equipo cambió y pasó de ser un equipo ambicioso a ser un equipo con miedo. Unos expertos en nadar y guardar la ropa.

Más allá de que el fútbol practicado no es el del Brasil del setenta, no me pareció justa la tensión que se vivió en la grada antes del descanso con el equipo ganando. Solo el Fondo Norte siguió a lo suyo, que es animar al equipo, mientras que la grada abucheaba cada pase atrás como si cada metro de retroceso fuese un centímetro de puñalada en nuestra espalda. No sé, quizá de la misma forma que le pedimos al entrenador que pruebe a cambiar de lateral derecho, podríamos probar nosotros a cambiar de actitud. A pesar de lo que llevamos encima en los últimos años, quizá este año el cambio pase por cambiar nosotros.