Real Valladolid

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Aún recuerdo el primer partido de Liga que el Real Valladolid de Herrera disputó en el Estadio José Zorrilla. Tuve la suerte de asistir y de presenciar una buena primera parte, en la que intuí que este año podría ser diferente, tras muchas temporadas de sinsabores. Vi presión, ganas de agradar al público y una victoria, aunque no me gustase que en la segunda mitad se dejara de pisar el acelerador. Iluso de mí, las buenas intenciones, la garra y el espíritu de equipo de esos primeros minutos se fueron diluyendo a lo largo de la temporada. Por el camino, alguna victoria (no se han logrado tres seguidas este año) y muchas decepciones maquilladas con perdones y promesas de mejora que no han llegado. De hecho, cada vez que el Pucela ha tenido un partido vital para acercarse a la zona privilegiada, las piernas se le han encogido y nos ha brindado esperpentos que recuerdan a otras épocas recientes.

La gota que debe colmar el vaso ha llegado en Sevilla, en plena Semana Santa y ante un filial. Que el Real Valladolid reciba seis goles de un segundo equipo plagado de jóvenes, por muchas ganas que pongan, es una vergüenza y una deshonra a casi cien años de historia. Los aficionados (incluso algunos se desplazaron a tierras andaluzas) estamos ya hartos de ver en lo que se ha convertido un club otrora histórico de la Primera División. ¿Cómo explicar a un niño de Valladolid que tiene que querer a un conjunto de mitad de tabla de una categoría que no sale ni en los cromos?

Los primeros culpables de la situación son los jugadores, pues son ellos los responsables directos de encajar la goleada sobre el campo. Lógicamente el cuerpo técnico comandado por Herrera tampoco ha conseguido encontrar el sistema esta temporada, aunque hay quien dice que demasiado hacen con lo que tienen. Muchos apuntan también a Braulio, a quien achacan que no ha sabido crear un bloque de nivel, comprometido con Valladolid. El último responsable, a quien cada vez más muchos apuntan, es Carlos Suárez. El presidente es el primero que quiere que gane el Real Valladolid, pues seguramente lo sienta como suyo, a nivel económico y sentimental, pero lo cierto es que no ha construido un proyecto deportivo estable en Primera en todos estos años. El Pucela se desangra; se buscan valientes (¿alguna empresa de la ciudad?) que quieran enderezar el rumbo de la entidad.