Real Valladolid

Triste epílogo

En las vísperas, tras la humillación de Sevilla, Paco Herrera en su descargo apelaba al «famoso proyecto que se vendía de futuro» como quien se acoge al derecho a la última palabra. Fue lo último que se le escuchó antes de que fuera llamado a consultas al estadio José Zorrilla. Acudió pensativo, con el gesto serio y tenso, como si en vez de subir las escaleras que llevan a las oficinas del club, estuviera recorriendo la milla verde que termina en un patíbulo. Es probable que pensara, incluso, que el desenlace iba a ser similar: quien realiza ese trayecto a estas alturas de la temporada, no lo hace, aun en sentido figurado, para regresar vivo de él. Solo le faltó rezar un Ave María, como hacía Fredo Corleone cuando acudía a pescar, para mimetizarse precisamente con el personaje de Mario Puzo momentos antes de que su propia familia ajustara cuentas con él.

Fue el triste epílogo al plan más ilusionante de los últimos años. Aquel llamado a asentar unas bases, a sustituir los pies de barro por columnas de hormigón, aquel que perduraría por encima del resultado y la clasificación. Un proyecto terminado casi antes de nacer, cerrado por derribo, enterrado bajo los escombros del terremoto del Sánchez-Pizjuán sevillano. Carlos Suárez no ha sabido defenderlo, quizá porque no cree en ello. Solo la fe en lo que se hace permite mantener la confianza en que el camino es correcto por más que los golpes se acumulen en el cuerpo. Quizá porque no ha sido capaz de aislarse de una crítica que empieza a ser tan feroz que la consecuencia natural de la misma es que los pañuelos terminen girando hacia el palco. El miedo es libre, al fin y al cabo, y siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.

Antes de ayer, el técnico del Real Valladolid regresó del trance aún con vida. Sonriente, relajado. Se diría que había vivido una experiencia extrasensorial similar a la de aquellos que dicen volver de las tinieblas. Caminar hacia esa luz que se ve al final del túnel para, finalmente, retornar al mundo de los vivos. No, todavía no había llegado la hora para Paco Herrera. Permanecerá con respiración asistida enganchado al banquillo del equipo quién sabe durante cuánto tiempo más. El Real Valladolid del proyecto, del medio plazo, el cocinado a fuego lento, el Real Valladolid que iba a ser más blanquivioleta que nunca, no ha tenido tanta suerte.