Real Valladolid

desde la banda

Cómplices del sainete

No es políticamente correcto decir que me cae bien Carlos Suárez. Y menos aún si digo que su gestión no es tan mala como nos empeñamos (mayestático) en decir. Ha cometido muchos fallos y personalmente creo que su gestión de la cantera era muy mejorable hasta la llegada de Cata, que es el mejor fichaje que ha hecho el Valladolid en los tres últimos lustros.

Parece absurdo decir que el Real Valladolid es un club de fútbol y que los resultados deportivos condicionan sobremanera los económicos. Y es obvio decir que los resultados deportivos vienen determinados en primer lugar por una buena confección de la plantilla, pero también por la suerte. Las lesiones, la adaptación de un futbolista a un grupo o a la ciudad, un mal arbitraje o un tiro al palo hacen que cumplas los objetivos previstos a principios de temporada o no los cumplas. Y luego está cuando las cosas salen mal simplemente porque las haces mal. Yo sigo creyendo que este año tenemos un plantillón. De esos a los que solo puede hacer fracasar un mal entrenador. Pero también creo que tenemos un gran entrenador. El ideal para llevar a cabo este proyecto. Así que el trabajo entre junio y septiembre fue bueno en la dirección deportiva. Esta última frase asumida por una gran mayoría de la masa social menguante y de la prensa.

Pero las cosas no tardan en torcerse y, pese a salir indemnes y de una forma solvente de una minicrisis de cinco partidos, se abre una herida que se ha ido infectando.

En esta vida lo peor que te puede ocurrir es equivocarte con las ideas de otro. Y eso es lo que ha ido pasando desde enero a hoy viernes y que ha provocado el sainete que hemos vivido esta semana a partir del domingo a las dos de la tarde. Herrera empezó a dar tumbos y a no tener un equipo o esquema fijo atendiendo a las críticas de la prensa. Esa espiral de cambios y desconfianza en tu propio criterio solo podía acabar con una goleada en contra.

Pero el sainete no acaba el domingo a las dos de la tarde en el Pizjuán. La parte noble tampoco sabe qué hacer y después de escuchar a la afición, prensa y jugadores se va a casa a hacer el típico cuadrante de pros y contras que te enseñan en los cursos de ‘coaching’. El resultado final es un despido en diferido. Ya que tiene pagado el piso este mes de abril, que aguante esta semana.

Quizá nos riamos y hagamos chistes con la afición del Valencia, pero en un sentido nosotros somos iguales. Sin necesidad de tirar piedras a los coches de los jugadores, creamos el caldo de cultivo para obligar a que la gente se equivoque con las ideas de otros.

Abro el paraguas.