Real Valladolid

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El balón cruzó el cielo de Miranda, casi sin tensión, como el globo de un niño empujado por el aire. Pasó de largo frente a los intentos de despeje del central primero, y del portero después, y acabó en la red tras golpear en el dorsal de Balbi. El Real Valladolid volvió a encajar el gol del abandono, a causa de fuego amigo e impulsado con la esplada, como esas que practicaba Ronaldinho cuando aparecía, burlón, a convertir el fútbol en un show de malabares. Un nuevo tanto surrealista, más inverosímil aún que el anterior, el más difícil todavía en el circo de los errores, sirvió para transformar la victoria en empate y la ilusión por sentir al equipo renacido, en decepción porque las tablas cosechadas solo se podían explicar como un más de lo mismo. Tan cogida con alfileres está la confianza en el equipo que cada nueva sacudida en forma de gol en contra es interpretada como una réplica del terremoto que asoló el día de Sevilla.

El Real Valladolid volvió a dilapidar el mismo margen de error que, según se dijo, ya estaba agotado desde hacía ocho meses cuando, por entonces, tuvo la desdicha de perder cinco partidos seguidos. El fútbol, la categoría o el deseo de un éxito rotundo, rápido y a ser posible indoloro, ha convertido todo análisis pretendidamente crítico en un galimatías de contradicciones y agitación. El equipo no juega a nada, no transmite, está mal pero, al mismo tiempo, su clasificación es mejor que la de la mayoría de los rivales, tiene más puntos que en la primera vuelta, anota más goles y tiene el objetivo marcado por el entrenador más cerca que hace siete días. Al final, cuando se silencia el ruido de los reproches y se disipa la humareda de énfasis, lo que permanece es que el Real Valladolid ha recuperado puesto de play off quince jornadas después.

Entiendo el enfado, la frustración y el inconformismo. Pero, en frío, la decepción por ver volar un resultado que se creía seguro, no puede traer una nueva oleada de desilusión, tristeza y abandono justo en la semana en la que el equipo vuelve a ocupar una de las posiciones marcadas en rojo en la clasificación. El Real Valladolid ya no tiene que esperar a que otros le den la oportunidad de llegar, ya lo ha hecho. Y es responsabilidad de todos defender esa situación de privilegio.